El ataque a Irak sería inminente

Berlín reiteró que no participará de ninguna ofensiva militar. A EE.UU. le preocupa el fortalecimiento de la Unión Europea.

25 Enero 2003
BERLIN (De nuestro enviado especial, Federico Abel).- Aunque se oponen tajantemente a un conflicto bélico, en el Ministerio de Relaciones Exteriores alemán consideran que es inminente un ataque de Estados Unidos, con la colaboración de Inglaterra, a Irak.
"Si bien nunca se puede predecir con certeza qué ocurrirá en el futuro, creemos que existe entre un 90% y un 99% de posibilidades de que se desate una guerra que, lamentablemente, tendría consecuencias nefastas. Podría desestabilizar a los gobiernos de la región", aseguró a LA GACETA un alto funcionario de la dirección encargada de las secciones Medio Oriente y Magreb, que por estas horas trabaja obsesivamente en torno de la crisis de Irak.

El mundo árabe
En Alemania siguieron muy de cerca la reunión que el jueves mantuvieron en Estambul una decena de líderes árabes, entre ellos los representantes de Egipto.
"Aunque no tienen una gran fuerza política, es importante el llamamiento que hicieron para que Saddam Hussein colabore con los inspectores de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Además transmitieron a sus pueblos el mensaje de que harán todo lo posible para evitar la guerra", agregó.
En el Ministerio de Relaciones Exteriores -ubicado en un gigantesco edificio en la zona este de la ciudad, que en la década de 1930 fue un banco-, saben que la próxima semana será decisiva. El lunes se conocerán oficialmente los resultados del informes de los inspectores de la ONU encabezados por Hans Blix sobre las armas de destrucción masiva que posee Irak; y el martes se reunirá el Consejo de Seguridad de la ONU (Alemania es miembro por dos años). También el martes, el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, podría hacer algún anuncio en el tradicional discurso anual sobre el estado de la nación ante el Congreso de su país.

El eje del mal
El año pasado, en la misma ocasión, ubicó a los gobiernos de Irán, de Irak y de Corea del Norte en el denominado eje del mal que promueve el terrorismo mundial. El viernes, en tanto, Bush se reunirá con el premier británico, Tony Blair. Más allá de lo que Estados Unidos y Gran Bretaña hagan, el canciller alemán, Gerhard Schroder, ya adelantó que su país no participará de ninguna ofensiva militar. Esta decisión no cambiará aun cuando la ONU emita una nueva resolución y dé vía libre a los países occidentales. "No participaremos. Somos el segundo país que más contribuye con tropas a las misiones de paz, como ocurrió en los conflictos de Kosovo y de Macedonia. Pretendemos seguir por esa dirección", aseveró el funcionario.
Los alemanes no creen que su postura les genere dificultades con Estados Unidos. "Aunque por estos días las cosas no se vean muy claras, en la ciudadanía alemana hay una fuerte conciencia sobre la importancia de nuestras relaciones con EE.UU. Hoy nos preocupa del mismo modo la lucha internacional contra el terrorismo y sabemos que Osama Bin Laden y sus colaboradores son un peligro, porque fueron los responsables del atentado contra las Torres Gemelas y contra el Pentágono", agregó.

Otras inquietudes
Los germanos están más preocupados por lo que hará su principal socio en la Unión Europea: Francia. Este país también se opone a un ataque contra Irak; sin embargo, aún espera el informe de los inspectores y podría cambiar de opinión si la ONU emite una nueva resolución. "El presidente Jacques Chirac ya dijo que una guerra sería la peor situación imaginable, pero no podemos adelantarnos. Además, más allá de lo de Irak tenemos muchas preocupaciones comunes, como la lucha contra el terrorismo y contra la proliferación de armas de destrucción masiva", señaló con cautela.
Contra lo que podría creerse, la aseveración del secretario de Estado de EE.UU., Donald Rumsfeld, de que Francia y Alemania representaban la visión de la vieja Europa por oponerse a la guerra, lejos de molestar, fue leída como una señal de preocupación por EE.UU. frente al fortalecimiento de la Unión Europea.

Tranquilizar las aguas
"Nuestro ministro de Relaciones Exteriores, Oskar Fischer, dijo que hacía falta tranquilizar las aguas. Pero sabemos que a EE.UU. le afecta que haya una Europa que tenga su propia línea y su propia visión de los criterios e intereses en juego", concluyó. En los círculos académicos también se piensa que, aunque no es decisiva, la crisis de Irak es una oportunidad para saber cómo se reorganizarán los diferentes países en el nuevo contexto internacional. Es un avance de cómo puede ser el futuro de las relaciones internacionales, la pata política de la globalización económica. "Francia demuestra un poco de oportunismo con esto de esperar una nueva resolución de la ONU; pero Alemania apuesta a una posición europea única. Schroder ya dijo que no jugará al juego de Bush.
Si Francia lo hace se perderá una buena oportunidad para funcionar como contrapeso de Estados Unidos. Nosotros queremos un mundo multipolar, con diferentes bloques: EE.UU. y América del Norte, la UE, Japón, China, India, América Latina y Sudáfrica", manifestó el historiador Rudolf von Thadden, coordinador de la cooperación franco-alemana en el Ministerio de Relaciones Exteriores. Más allá de las diferencias concretas, alemanes y franceses viven por estas horas una luna de miel. Más lejos están los británicos. "Es que ellos parecen más preocupados por ser el estado número 51 de Estados Unidos que por integrar la UE", según una ironía del director del Centro de Estudios de Perspectivas Económicas Matemáticas aplicadas a la planificación, el francés Robert Boyer.

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