
En un cuento de Historias de cronopios y de famas, Julio Cortázar describe las metamorfosis que sufre un diario. Después de que su comprador lo lee, deja de ser el mismo diario y se convierte en un conjunto de hojas impresas abandonadas en el banco de una plaza; hasta que una anciana lo encuentra, lo lee y así vuelve a convertirse en diario. Cuando termina de leerlo, se lo lleva a su casa y lo usa para empaquetar verduras, que suele ser el destino final de todo diario. Muchas veces es un destino justo para las notas que alberga; ya sea porque han perdido toda vigencia o, en otros casos, porque su calidad no justifica una relectura. Las que Joaquín Morales Solá publica en LA GACETA y en La Nación constituyen una notable excepción a la regla. Preservarlas en un libro es el primer acierto de Los Kirchner. La política de la desmesura, recientemente editado por Sudamericana.
El primer artículo de este extraordinario periodista, que se inició en este diario y es colaborador de este suplemento, fue publicado originalmente en mayo de 2003. El último, a fines de julio de 2008. En el medio hay poco más de 50 notas, con un promedio de separación temporal entre sí de un mes. En la compilación se han seleccionado aquellas columnas que abordan la realidad nacional, particularmente, las que analizan la gestión gubernamental y reflejan las marcas distintivas de los últimos cinco años en el terreno político. A partir de ellas, ese lustro es dividido en cinco etapas y estas originan capítulos, cuyos títulos dan una buena idea de lo que encontraremos dentro de cada uno de ellos y de lo que hemos vivido todos en los últimos tiempos: Milagrosa gestación (2003), La Argentina kirchnerista (2004), Aciertos y errores (2005 y 2006), Turbulencias (2007) y La guerra del campo (2008).
La velocidad de las cosas
La primera sensación que, seguramente, experimentará el lector al recorrer las páginas del libro es la de un vértigo derivado de la aceleración histórica que se ha instalado en nuestro país a partir de la crisis de 2001.
De la relativa estabilidad global y nacional de los 90, cuyo símbolo -más allá de que haya engendrado o no lo que vendría después- podría ser la paridad cambiaria, pasamos a un siglo de sismos aparentemente interminables. En las primeras páginas encontramos a un Menem rescatado del olvido que acaba de ganar la primera vuelta de las elecciones presidenciales y se prepara para el ballotage. Pocas páginas más adelante, el ex presidente ya se ha perdido en las arenas del pasado y el centro de la escena es dominado por un santacruceño poco conocido que, ante las deserciones y los tropiezos de Reutemann, De la Sota y Solá, llega a la presidencia y sorprende a los argentinos, durante sus primeras semanas de gestión, abriendo todos los frentes imaginables al mismo tiempo. Luego se sucederían los 20.000 millones chinos, el canje de la deuda, los conflictos y las alianzas con los piqueteros, la renovación de la Corte, la oportunidad del crecimiento y el superávit, el caso Skanska, la instalación de las papeleras, la salida de Lavagna, el corsi e ricorsi con el peronismo, la amistad con Chávez, los roces con Bush y un turista inverosímil llamado Antonini Wilson. Demasiado para digerir en tan poco tiempo. Una sucesión veloz de cambios que obliga a repensar la realidad con parámetros distintos, que obliga a la memoria a desechar gran parte de lo que ha asimilado para que la mente pueda enfrentarse a un nuevo horizonte. Por eso Los Kirchner..., un libro que leído hoy cabalga entre el ensayo periodístico y el histórico, es un texto necesario para procesar nuestro pasado reciente, comprender el presente y vislumbrar lo que nos espera.
Pero hay algo más relevante que lo que hemos destacado hasta aquí y que es lo que verdaderamente justifica el libro. La prosa de Morales Solá es exquisita. Más allá del enorme valor de sus fuentes, del oficio y la honestidad de un periodista nada común, para todo aquel que aprecie el buen uso del lenguaje cada párrafo será una fiesta. En todos ellos siempre encontramos “las palabras justas” de Flaubert combinadas con una arquitectura lógica contundente y una extraordinaria lucidez. Todo ello se plasma superlativamente en un prólogo antológico. Hay que remarcar, finalmente, la atinada labor de Bartolomé de Vedia, presidente de la Academia Nacional de Periodismo y otro valioso exponente de la profesión, quien estuvo a cargo de la compilación.
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