"Creo que la historia
recordará la época de los Kirchner como un despilfarro permanente deoportunidades"
Entrevista a Joaquín Morales Solá. Por Daniel Alberto Dessein.

- El Prólogo en primera persona de Los Kirchner. La política de la desmesura, su último libro, es una incursión apasionante al detrás de escena del periodismo político. ¿Cómo se logra mantener la distancia necesaria para juzgar imparcialmente una gestión, cuando se tiene un contacto periódico con un presidente?
- No es sencillo, pero es posible. Nunca he sido yo el que llamó a un presidente, pero todos, desde Raúl Alfonsín, buscaron un diálogo. Mi posición es que un periodista debe acceder a esos encuentros. Sirven para conocer a la persona, sus ideas y hasta sus reacciones. Incluso, para conocer hechos ignorados de su vida política. Pero el mensaje de independencia debe quedar claro desde el primer momento. Esto es: podemos conversar de vez en cuando, pero eso no modifica mi opinión y la información queda sujeta al necesario chequeo. ¿Cómo se expresa ese mensaje? Simplemente cumpliendo la función del periodista. Y el periodismo pierde su razón de ser cuando deja de ser crítico del poder.
- ¿Cuáles son las principales diferencias de los "Kirchner públicos" (Néstor y Cristina) respecto de los "Kirchner en privado"?
- En Néstor Kirchner hay diferencias. En la intimidad nunca es un hombre agresivo ni malhablado. Por el contrario, siempre que estuve con él me encontré con una persona cordial y muy formal. Luego, eso sí, descubrí que le habla al oído a quien lo escucha. Busca agradar, evidentemente. Cristina Kirchner es, en cambio, igual en la intimidad que en el escenario público. Siempre hay en ella ciertos gestos de arrogancia. Como buena parlamentaria que fue, es capaz de hablar 15 minutos de un tema y no decir nada. Néstor Kirchner es más concreto cuando habla, pero Cristina Kirchner es, a pesar de todo, más sincera.

- Usted destaca la contradicción y la falta de compromiso con la verdad, tanto en el discurso como en la acción, como dos marcas distintivas del kirchnerismo. ¿Hay algo inmutable en su concepción de la política?
- Son contradictorios. Les da lo mismo anunciar el pago total de la deuda en default con el Club de París (al que no era necesario saldarle toda la deuda con un solo cheque) que estatizar los fondos de pensión. No les importa mucho la verdad histórica. Néstor Kirchner les pidió disculpas a las organizaciones de derechos humanos porque el Estado no había hecho nunca nada por la revisión del pasado. Se olvidó de los juicios a las juntas militares en tiempos de Raúl Alfonsín. Dudo de que se haya tratado de un simple olvido, porque en ese caso estaríamos ante un hombre que acaba de descubrir el valor de los derechos humanos. ¿Cambiarán? No lo creo. Néstor Kirchner está más cerca de los 60 años que de los 50 y Cristina Kirchner está cerca de los 55 años. A esa edad la gente ya no suele cambiar.
- Como usted bien señala, los Kirchner nunca han gobernado sin fortaleza política y en un contexto económico desfavorable y turbulento. ¿Cómo cree que lo harán a partir de ahora?
- Los pronósticos son difíciles cuando no hay experiencia previa. En los últimos tiempos se radicalizaron cada vez que debieron enfrentar una contrariedad. Esa es la verdad. Ellos imaginan una sociedad más volcada hacia la izquierda que lo que realmente está la sociedad argentina. Se mueven con esos parámetros. No los imagino tratando de serenar las cosas, de analizar los hechos con profundidad, de consultar antes de tomar decisiones o de promover un diálogo democrático. No están acostumbrados a eso. No es la forma de gobernar de los que se formaron en la escuela de los caudillos provinciales. Nos darán sorpresas, por lo tanto. Esa es la única certeza.

- ¿Qué lugar piensa que se están labrando los Kirchner en nuestra historia?
- La historia se escribe día a día. Y veo que han perdido caudales enormes de capital político y de confianza pública. Veo que son capaces de cometer muchos y grandes errores políticos. La batalla con el campo, por ejemplo, estaba perdida mucho antes de que sucediera la derrota. Las causas perdidas son conmovedoras, pero no ayudan a los gobernantes a quedar bien ante la historia. Creo, en fin, que la historia recordará la época de los Kirchner como un despilfarro permanente de oportunidades para el país de los argentinos.
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