Electricidad y PJ

La corriente mirandista induce el movimiento opositor.

22 Enero 2003
Por Juan Manuel Asis

La inducción gobierna la interna del justicialismo. Cuando en física se estudia la electricidad, se dice -siendo flexible en la definición- que la inducción es el fenómeno que genera un cuerpo electrizado en otros situados a cierta distancia. En el PJ pasa algo similar. De un lado se ubica la corriente mirandista, con todo el poder que significa estar en el gobierno -manejando la estructura estatal- y hegemonizar los cuerpos orgánicos del partido. Por el otro, están, dispersas -y debilitados por eso frente al oficialismo- las corrientes internas opositoras.
El mirandismo, con el fin de favorecer a José Alperovich, puso en marcha su maquinaria estatal y partidaria para imponer un cronograma apretado -cuyos plazos se están modificando sobre la marcha- y para alterar la carta orgánica con su mayoría numérica. La oposición, especialmente menemista, eligió el ámbito de la Justicia para protestar. No podía hacer menos. Ni aparecer llevada de las narices ni sorprendida por el hecho consumado.
El paso de uno instiga a los otros. Así, por ejemplo, si el mirandismo parece más preocupado por los cargos electivos que por los partidarios, los opositores se detendrán más en los puestos del partido que en los electivos. No puede ser de otra manera. ¿Por qué?
Los movimientos del oficialismo desnudaron que se privilegió la cobertura del cargo para gobernador. Se trabajó para Alperovich. Cuando se logró ese objetivo se pensó en el segundo puesto para un peronista (Fernando Juri), para atrapar el voto justicialista que garantice que se consigan las candidaturas para gobernador y vicegobernador, y diputados y senadores nacionales.
Es lo que al pequeño círculo mirandista le inquieta: consensuar una lista. Pero hasta en un mismo entorno hay diferencias tácticas que provocan chispas. Mientras unos piensan en asociar a algunos opositores (para ampliar la base de adherentes), otros entienden que no se puede armar una lista de diferentes (una manera fina de decir que el círculo se tiene que estrechar e incluir sólo a quienes están en ese polo). Unos creen que no tienen todo el poder, otros, más confiados, piensan que sí.
Así, frente al mirandismo, los opositores están condenados a obrar por inducción. Tienen que privilegiar la bandera partidaria frente al que consideran un extrapartidario y exponer una lista peronista, tanto para los cargos electivos como para la de los cuerpos orgánicos. Deben demostrar -por ahora- que les interesa más el partido que las candidaturas. Es el mensaje hacia el PJ. Tienen que diferenciarse de lo que para muchos representa el mirandismo: la lucha por el poder para asegurar el futuro político de unos pocos.
La estrategia de uno obliga a la del otro. Así se desarrolla la interna justicialista. Si uno no la quiere nacionalizar -el mirandismo-, el otro sí -los menemistas-; si uno acelera los plazos, el otro trata de frenarlos. Lo real es que el PJ está muy próximo a la ruptura. Las heridas que quedarán van a ser muy grandes, tanto como para hacer peligrar un eventual triunfo en la elección provincial.
Por ello, tal vez al mirandismo le convendría recordar una lúcida frase de Foucault. "El poder ya no es monolítico; es una continua aglomeración y disgregación de consensos", decía el filósofo francés.

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