Debilidades que despiertan fortalezas

El gobierno, pese a sus errores, impuso condiciones propias en la política económica.

20 Enero 2003
Por Pablo Kandel

BUENOS AIRES.- Poca duda cabe, a esta altura, que la debilidad de la economía y de la moneda argentina en el último año ha significado no pocas dificultades al Gobierno, pero que al cabo de un tiempo ha sido fuente de su inesperada fortaleza.
Cuando se derrumbaba el valor del peso, desde enero hasta julio -alcanzó picos de 3,80-, nadie daba un centavo por el futuro económico del país. Los dolarizadores y adoradores de la convertibilidad clamaban para que se volviera a un cambio fijo. El FMI rechazaba todos y cada uno de los planteos del Gobierno, con el argumento de que faltaba un ancla monetaria y un programa sustentable.
Ahora, los parámetros básicos han cambiado. El dólar después de aumentar todo lo que tenía que aumentar -aunque menos de lo que vaticinaban los pronosticadores de catástrofes-, retrocedió. En parte porque se había sobrevaluado; pero además porque la sede del dólar, la economía norteamericana, conducida vacilantemente por George Bush, también muestra déficits crecientes robustecidos por una keynesiana rebaja de impuestos impulsada por los que, para otros países, propagandizan una disciplina fiscal estricta basada en altos impuestos y tijeretazos a los gastos sociales.

Aprendiendo
Después del proceso ensayo y error, en el Gobierno argentino se impuso un enfoque intermedio, propiamente lavagnista; es decir, fincado en la producción, pero sin desdeñar las fuertes ligazones financieras del modelo y la necesidad, en algún momento, de reanudar pagos y normalizar las relaciones entre deudores y acreedores.
Eso llevó a desechar los planteos de quienes veían el juego de pinzas: dólar caro-Argentina barata, como panacea o solución.
La convocatoria del ortodoxo, pero también pragmático, Prat Gay a la presidencia del Banco Central dio la pauta, cuando se pronunció públicamente por un dólar de 2,80. Mientras, el ministro Lavagna lo hacía por otro de 3,50. En los hechos, la cotización se estableció en torno de 3,25/3,30, algo intermedio entre las dos posturas.
Todo lo que había implicado un dólar caro eran factores imposibles de desdeñar así nomás, como un efecto tonificador y dinamizador sobre la industria, largamente paralizada, por sustitución de importaciones y retoma de corrientes exportadoras, como también explosión del turismo interno, disminución de viajes de argentinos al exterior y auge del turismo internacional hacia el país.
Pero también paralelamente se fue levantando el fantasma de todos los efectos negativos que eso podía entrañar, como una espiral inflacionaria descontrolada, la reanudación de la carrera de precios y salarios, el desagio, la especulación y el desabastecimiento, terminando en una hiperinflación.
Eso ha venido asomando, de manera muy atenuada, pero sólo porque el aumento de precios de los bienes básicos de la canasta familiar -incluidos alimentos y combustibles-, no se vio acompañado por el aumento de los servicios públicos esenciales, los cuales están pendientes y en un momento muy próximo se van a producir. De tal manera que ninguno de los extremos del modelo cerraba y se impuso una línea intermedia, dentro de cuyos parámetros, el FMI se avino finalmente a negociar y a buscar una solución que patee los vencimientos de los organismos internacionales, por lo menos en los próximos meses. (DyN)

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