Es hora de dar el "sí"

Los tucumanos debemos honrar la vida de 19 inocentes y sacar a la provincia adelante.

19 Enero 2003
Por María Ester Veliz

Tucumán tiene ahora en sus manos la oportunidad histórica de empezar a ponerles punto final a la emergencia, a lo coyuntural, a las improvisaciones. La provincia está recibiendo importante ayuda económica, toneladas de medicamentos y de alimentos provenientes de comunidades extranjeras y el trabajo desinteresado de grupos de voluntariado y de instituciones humanitarias internacionales, como jamás ocurrió antes. Claro que el costo que tuvo que pagar para despertar tanta solidaridad mundial está siendo causa de vergüenza ajena, más que de la propia. El hambre mató a 19 niños que vivían excluidos totalmente de la sociedad, justamente en esta privilegiada tierra del azúcar y del citrus; y también de granos, verduras y hortalizas.
Semejante costo -aunque la vida humana no tiene precio- sacó a la luz los errores cometidos por los hombres. Pero el error ya se produjo; la leche ya se derramó y quemó a muchos. El lamento no conduce a nada; las obras, sí. Y como las equivocaciones son fuente de aprendizaje para el hombre, ha llegado la hora de cambiar. Esta empresa exige, como mínimo, tres requisitos básicos: honestidad, vocación de servicio para trabajar por el bien común (no para el propio) y la firme decisión política de actuar para conseguir el cambio.
¿Cómo? Haciendo lo que jamás se hizo en el campo social-asistencial: ordenando necesidades y fijando prioridades -que son muchas- para elaborar programas factibles de concretar de inmediato y a mediano plazo. Pero hay que diseñarlos hoy. En rigor, tendrían que haber estado listos ayer.
Dejarlos para mañana será muy tarde, porque toda la ayuda que está llegando, al no insertarse en un sistema planificado, se escurrirá como el agua entre los dedos. No servirá de nada. Será sólo un parche en una situación coyuntural. Y Tucumán no puede darse el lujo de dilapidar tamaña colaboración. Cuenta con académicos de talla internacional, con expertos en todas las disciplinas, con excelentes profesionales, con hombres y mujeres a quienes aún no los rozó la corrupción y que están dispuestos a poner el hombro, siempre y cuando la tarea esté libre de cualquier otro fin político que no sea el bienestar común. A esa gente se la debe convocar con urgencia, pero para que trabaje con rigor científico.
Este es el momento de empezar a tirar todos juntos hacia adelante. Ya se tocó fondo. Ahora hay que unir en forma ordenada los esfuerzos para salir del pozo. Sí se puede. Sólo hace falta pronunciar al unísono el "sí" a favor del cambio; pero con hechos, con compromiso, no con palabras.

Hartos de dádivas
La gente está harta de la dádiva. Muchos reiteraron públicamente que no creen ni se identifican con los políticos que los defraudaron una y mil veces. En la gente existe el deseo de hacer algo por sí misma, pero no sabe cómo ni por dónde empezar. Entonces, además de planificar las necesidades, a los habitantes de estas tierras hay que darles las herramientas para que comiencen a organizarse ellos mismos en sociedades civiles, sin punteros políticos y por fuera de los partidos. De ese modo se iniciarán en el trabajo comunitario, se sentirán útiles, diseñarán sus proyectos conforme a sus necesidades y recuperarán la dignidad humana.

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