Sin infraestructura deportiva

Tucumán va perdiendo espacios a pasos agigantados debido a la falta de inversión.

19 Enero 2003
Entre los factores que causaron y potencian la crisis que atraviesa desde hace años el deporte tucumano, las notorias carencias en materia de infraestructura juegan un rol preponderante. A la provincia le faltan estadios, implementos y servicios, y las pocas instalaciones existentes han quedado obsoletas. No ofrecen comodidades indispensables para los atletas, y mucho menos para el público. Así, no se puede pretender una competencia en igualdad de condiciones con Córdoba o con Salta, cuyas inversiones en la última década han sido generosas y lograron efectos netamente positivos.
Pese a las promesas oficiales, que se multiplicaron con cada cambio de gobierno, Tucumán sigue esperando la construcción de un estadio polideportivo moderno y funcional, que sea capaz de adaptar su estructura para albergar diferentes disciplinas: básquet, voley, gimnasia, tenis. A la hora de elegir una sede para certámenes de envergadura a nivel internacional, contar con un escenario de esas características es indispensable.
Dignos de imitar son los ejemplos de Salta -que reformuló el estadio Delmi para el Mundial de Voley- y de Córdoba, que inauguró el estadio Orfeo hace pocos meses. En ambos casos, esas obras fueron pensadas y ejecutadas con visión de futuro. Las inversiones podrán recuperarse, en el mediano plazo, a través del canon que se pagará por alquileres y arrendamientos.
Mientras en Tucumán no se ponga en marcha un proyecto de esas características, dotado con el confort necesario para que al menos 5.000 personas disfruten de los espectáculos cómodamente sentadas, los Mundiales seguirán disputándose lejos de estas tierras.
El fútbol sufre los mismos problemas. El entusiasmo de nuestros hinchas es similar o mayor que el que se observa en otras latitudes, pero no alcanza para atraer a los "grandes" de la AFA. Este año, los torneos de verano se juegan en distintas ciudades -Mar del Plata, Mendoza, Salta, Neuquén- y Tucumán ha quedado nuevamente de lado.
Si en el profesionalismo se notan estas carencias, en la actividad amateur la situación se agrava, y los deportes "madre" (el atletismo y la natación) son ejemplos en ese sentido. Al no contar con una pista sintética, nuestros atletas se ven obligados a entrenarse y a competir en inferioridad de condiciones. Tampoco sobran los implementos -tacos de partida, balas, discos, martillos, garrochas, etc.-, y los que existen fueron conseguidos con enorme esfuerzo.
Al transitar por la avenida Adolfo de la Vega se observa con tristeza la estructura de lo que debió ser un natatorio de primer nivel internacional. Esos trampolines, inútiles y abandonados, son el símbolo de las oportunidades perdidas.
Un repaso por las diferentes disciplinas permite comprobar que en casi todos los casos hay mucho por hacer. Mucho se habló sobre el autódromo, y la coincidencia general es que la pista no puede seguir en el parque 9 de Julio. No está en condiciones de recibir a las categorías más importantes del país; urge la construcción de un nuevo complejo, en otro emplazamiento y con los últimos adelantos tecnológicos.
A Tucumán le falta un velódromo; la única cancha de material sintético de hockey sobre césped se construyó por el solitario impulso de un club; y hasta hay deportes que han desaparecido -la esgrima, la gimnasia masculina, el badmington, la halterofilia, la lucha-, en buena medida porque no existen lugares ni implementos para practicarlos.
Si bien el aporte de inversores privados es valioso, el desarrollo de la infraestructura deportiva debe ser una política de Estado. En las últimas décadas, la Provincia y los municipios han dejado de lado sus obligaciones en esta área y los resultados están a la vista. También son responsables de la crisis los dirigentes deportivos, cuya reacción ha sido tardía y recién hoy reclaman soluciones, luego de mantenerse indiferentes al problema durante largo tiempo.

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