Tucumán presenta dos caras contrapuestas muy bien definidas, aunque una opaca casi totalmente a la otra. Una, la que más se impone, es la de una provincia gobernada por políticos que se ocuparon de poner a Tucumán en ridículo, con acciones vergonzantes que se conocieron en todo el país e inclusive fronteras afuera. La otra es la de una provincia productiva, con actividades privadas que compiten entre sí para ver cuál logra mejores niveles de producción.
Entre ellas, se destaca el sector sojero, por ejemplo, que supo aprovechar el mejor momento de los últimos años para ganar dinero. Los productores de esta oleaginosa lograron un récord de cosecha en Tucumán, pero también triplicaron sus ingresos en términos de pesos y saldaron sus deudas -pesificadas- con los bancos. Con los impuestos que pagan vía retenciones a las exportaciones, son los sostenedores de la principal fuente de ingresos del país. Ahora están listos para otro año bueno.
Otra actividad ponderable es la citricultura, orgullo de Tucumán. El año que pasó no fue bueno para el citrus local, por varios motivos. Se cerró el mercado norteamericano a la fruta y hubo una sobreoferta de limones que impactó en los precios externos y también en los valores que pagó la industria. Los exportadores ganaron algo, pero los productores que venden a las grandes empresas perdieron porque cobraron cifras similares, en pesos, a las de 2001. Además, el Senasa dio a conocer la aparición de focos de cancrosis en la provincia, una enfermedad que afecta a esta fruta y que se creía erradicada. Pese a estas dificultades, el sector se mueve para adelante: los citricultores siguen buscando nuevos mercados (esperan definiciones de China y de Japón, e insistirán en Estados Unidos); impulsan un ordenamiento del mercado y colaboran con los organismos sanitarios nacionales para combatir la cancrosis. Una buena noticia es que la actividad tiene asegurada la venta de su fruta este año a la Unión Europea. O sea, hay dificultades, pero se trabaja para superarlas.
Otro sector para resaltar es el azucarero, que en el último año operó con inteligencia. Sin créditos para la zafra, los factores demostraron gran habilidad para propiciar una fuerte exportación al inicio de la molienda, que les permitió financiar el proceso y descomprimir la oferta en el mercado interno. Así, el precio en el país subió hasta un punto en que se consideró adecuado y no más, para evitar problemas con el Gobierno nacional. Cerca de fin de año, a instancias de senadores nacionales de la región, los azucareros lograron que el Congreso sancione una ley, luego vetada por el presidente Eduardo Duhalde, que fijaría para siempre la protección arancelaria al azúcar.
Oportunidad única
La insistencia de la ley azucarera permitiría la automática promulgación de esta norma. Y que se cumpla este objetivo es tarea de los parlamentarios nacionales que, mediante su arte -la política-, deben convencer a sus pares de todo el país de votar de nuevo en favor de la ley. Si lo logran, será esta una excelente oportunidad para que los políticos de la provincia intenten congraciarse con los tucumanos que los ungieron en sus cargos. Y, de paso, para que hagan un verdadero favor a la provincia.







