La cultura postergada

Los países que inviertan en el capital humano e intelectual serán los propietarios del destino del planeta.

16 Enero 2003
Cierta vez le preguntaron a la extinta cantante mapuche Aimé Painé -vino en un par de ocasiones a Tucumán- qué es la cultura para su pueblo, que también es nuestro. "Es como el agüita fresca, una necesidad", respondió. Siguiendo la imagen del agua, podría decirse que la cultura late en el lecho de un río y sólo arroja a la superficie los desperdicios, las modas, lo intrascendente. El problema se vuelve serio cuando las aguas se contaminan y se destruye la vida en las profundidades. Y un río que muere es sinónimo de un pueblo que pierde su identidad, su historia, su arte, sus tradiciones, sus mejores intelectuales. En una de sus visitas al país, Felipe González, ex presidente del gobierno español, reflexionaba que en este mundo globalizado la cultura se convertirá en el poder por excelencia en el siglo XXI. Los países que inviertan en el capital humano e intelectual serán los propietarios del destino del planeta, dijo.
Pero los argentinos seguimos lejos de esta concepción. Hace poco más de un lustro, el escritor Ernesto Sábato se quejaba de que la cultura y la ciencia, que tanto prestigio le han dado y le dan al país, ocupan el décimo lugar en las prioridades de nuestros gobernantes.
En Tucumán, la cultura se ubica en uno de los rincones más oscuros de los desvelos de nuestra clase dirigente. Hace pocos días, la Secretaría de Cultura de Buenos Aires lanzó un ciclo de verano que consistirá en 800 espectáculos -en su mayoría gratuitos, y el resto, por un peso- en plazas, parques y clubes de barrio. De ese modo, los porteños y los turistas podrán acceder a teatro para chicos y adultos, música de todos los géneros, títeres, circo, danza y murgas, ferias de arte, bailes con orquestas en vivo y observaciones telescópicas, entre otras propuestas.
Desde hace muchos años, los veranos tucumanos en la ciudad son paupérrimos en materia de espectáculos. Las veladas teatrales en el patio de la Secretaría de Turismo o los recitales en los predios de la Casa Municipal de Cultura, ubicada en el parque 9 de Julio, quedaron en el recuerdo.
Parece un contrasentido porque disponemos de elencos estables provinciales (Orquesta, Ballet, Coro, Teatro), orquestas sinfónica y juvenil, coros y artistas locales de muy buen nivel en todos los géneros -algunos de ellos han trascendido las fronteras provinciales- que podrían integrar un ciclo cultural, no sólo durante el verano sino a lo largo del año.
Por ejemplo, todos los viernes o sábados por la noche podrían programarse conciertos o recitales en el parque 9 de Julio, que dispone, además, de un Palacio de los Deportes sumido en el olvido. Podría reflotarse el exitoso ciclo municipal de "Teatro en la calle"; podrían organizarse encuentros interbarriales que incluyan también el deporte; promover espectáculos musicales, recitales de poesía o charlas sobre arte en los museos, de manera que estos se vuelvan más atractivos no sólo para la comunidad, sino para el turismo. Así nuestra ciudad dejaría de ser sólo un paso para quienes nos visiten.
No sólo se trata de disponer de recursos económicos, sino también de imaginación para cambiar y convertir la cultura en un hecho vivo, social, formativo. Sobran los recursos humanos. Es necesario también tener la voluntad de hacer, de construir; no sólo de mostrar.En las últimas gestiones de gobierno, la respuesta que no se les cae de la boca a los funcionarios es "no hay plata"; si no, se apela a maniqueísmos retrógrados, tales como "si no hay para algodón en los hospitales, qué va a haber plata para cultura". Lo grave es que tampoco hay -ni hubo- dinero para pavimentar calles, construir puentes, rutas, caminos, nuevos hospitales y escuelas, generar fuentes de trabajo, etcétera. Cabe preguntarse entonces cómo se administran los recursos, en qué se invirtieron durante estos años los fondos prestados por organismos internacionales si la realidad muestra un retroceso, en lugar de un progreso.
La clase dirigente actual parece ignorar que son los artistas, los científicos, los profesionales y los deportistas quienes han dado prestigio siempre a Tucumán a nivel nacional e internacional, y no precisamente los gobernantes.

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