Si algo quedó demostrado ayer en el congreso del PJ es la vigencia del poder de Julio Miranda, puertas adentro. No es poca cosa esa ostentación de fuerza política a pocos meses de finalizar su mandato. Dejó en claro que sigue hegemonizando los cuerpos orgánicos del PJ y que sigue manejando la situación sobre la base de tener a sus acólitos diseminados en la estructura administrativa e institucional del Estado. Le pese a quien le pese, el mirandismo domina la escena partidaria, para bien o para mal del peronismo.
Con esa exposición de poder habilitó a José Alperovich para que sea candidato a gobernador por el PJ. Es lo que siempre quiso Miranda. La estrategia del grupo, que pergeña el gobernador y que ejecutan unos pocos operadores (Antonio Guerrero, José Alberto Cúneo Vergés, Juan Carlos Ramírez y Enrique Romero), superó una etapa: la de abrirle el camino al senador. La que viene es conseguirle un compañero de fórmula auténticamente peronista, alguien capaz de contener a los militantes que puedan renegar de entregar la gobernación a un hombre que aún no aprendió la marcha peronista.
Ese hombre es Fernando Juri. La tarea de convencerlo la comenzó hace algunos días el propio Miranda y puso al ministro de Gobierno en una verdadera encrucijada. Para Juri las alternativas son quedarse en el mirandismo y aceptar la propuesta de la vicegobernación y hasta la presidencia del PJ, o bien renunciar a todo y encerrarse en su casa hasta 2007.
La posibilidad de presentarse a competir contra el candidato de Miranda en sociedad con los contrincantes políticos del mandatario (principalmente Olijela Rivas y, posiblemente, Alberto Herrera) no termina de convencerlo. A Juri no le resultaría agradable ponerse en la vereda de enfrente de quien que lo hizo secretario de Estado y luego ministro de Gobierno.
Los colaboradores mirandistas saben que la tarea de convencer a Juri es harto difícil. Pero está en el plan diseñado; es indispensable ponerle un compañero peronista a Alperovich. Si no es Juri, ¿quién? Ahí también se anotaron varios. Uno de ellos es el propio Guerrero. Otros mencionan a Cúneo Vergés, aunque este dice que no lo atraen los cuerpos colegiados.
Ahora bien, si el mirandismo convence finalmente a Juri, la tercera fase será tratar de asociar a la diputada nacional Olijela Rivas. Así cerraría el plan de acción, que puede simplificarse en una frase con sonido gastado pero elocuente: Alperovich al gobierno, Miranda (otra vez) al poder.
El mirandismo va superando etapas internas. Demostró que conduce el PJ; sólo le resta poner la fórmula en marcha y arreglar cargos con los adversarios internos para evitar la fuga de votos. Esto último es esencial, ya que una pequeña diferencia en miles de sufragios puede hacer naufragar los sueños de poder del mirandismo. Y Rivas, en sociedad con José Ricardo Falú, le restó miles de votos al oficialismo en 2001.
La historia puede repetirse y ese es el principal temor mirandista. El peronismo conoce estos hechos. Los vivió en 1995, cuando en el peronismo del interior hubo 30.000 boletas cortadas y Rivas no pudo ser gobernadora. Llegó Antonio Bussi. La experiencia puede reiterarse. Miranda procura que eso no suceda.
15 Enero 2003 Seguir en 
Por Juan Manuel Asis







