14 Enero 2003 Seguir en 
Todo apunta a una bestia. Más allá del nombre o la edad, sólo alguien a quien pueda caberle ese apelativo puede haber hecho algo tan brutal con el pequeño José María Avila en Aguilares. El nene, de 4 años, fue sepultado ayer a la tarde. El domingo se descubrió su cuerpito, semienterrado en una montaña de arena, junto a una casa en construcción. Lo estaban buscando desde el jueves a la noche, cuando desapareció. Si bien hasta el momento hay cuatro aprehendidos por la causa, se cree que ninguno de ellos sería el homicida. Toda la Policía del sur está tras los pasos del asesino; familiares, amigos y vecinos claman por justicia, y advierten que, si ellos encuentran al culpable antes que los investigadores, no dudarán en lincharlo.
El domingo a la tarde, Aguilares se vistió de luto. Toda la ciudad se vio conmocionada por el tremendo caso. "Habíamos estado buscando todos. No se puede entender que alguien haya hecho algo así. No puede tener perdón", aseguró Antonio Raúl Acosta, quien encontró muerto a José María. Los vecinos del barrio Independencia estaban en alerta desde el jueves a la noche.
José María vivía en Belgrano 1.357, junto a su padre, Julio Roberto; a su madre, Roxana, y a sus dos hermanitos. La última vez que lo vieron estaba con un amiguito, a la vuelta de su casa, sentado en un banco. Ya era de noche. La criatura desapareció y todos comenzaron a buscarla.
"Los vecinos fuimos los únicos que rastrillamos todo. La Policía apareció dos días después. Y ahora vienen, cuando ya no hay nada que hacer", afirmó la vecina Marta Fernández.
Lo encontró una perra
José María apareció a cuatro cuadras de su casa, en una obra en construcción ubicada en lo que se conoce como Loteo Bufo. Allí había dos montañas de arena. El domingo a la tarde Angela Abregú vio que su perra, Pancha, estaba en esa casa y la llamó. Como el animal no le hacía caso fue a buscarlo, y vio el cadáver. "Empezó a gritar. Yo corrí y ahí estaba el chiquito", relató su esposo, Antonio Acosta.
El pequeño estaba casi desnudo. Tenía puestas las zapatillas, y el pantaloncito a la altura de los tobillos. Lo habían violado. Pero el horror no terminó allí. Las pericias posteriores permitieron descubrir que la criatura había sido atada en el cuello y en las manos. El asesino le había quebrado el cráneo a golpes y tenía varias escoriaciones en la cabeza. El comisario general Luis Pablo Carrizo, jefe de la Regional Sur, confirmó que el homicida le había llenado la garganta de arena, y además le había metido por la fuerza una piedra. Bestialidad pura.
Los análisis que realizó la bioquímica Lilia Moyano de Colombres también permitieron descubrir que el crimen se había cometido por lo menos 72 horas antes de encontrar el cuerpo. O sea poco después del secuestro. Una de las dudas de los investigadores reside en saber si el asesino mantuvo oculto el cuerpo durante ese tiempo, o si lo enterró la misma madrugada del viernes. Esa zona había sido rastrillada por los vecinos, que no habían encontrado nada.
Julio y Roxana Avila están destrozados. Confiaban en encontrar con vida al segundo de sus hijos, y la noticia de su muerte fue como un mazazo terrible. Hasta el momento nadie afirmó haber visto al asesino cuando este se llevó a José María. Tampoco nadie lo vio enterrarlo. La Policía asegura que el homicida es de la zona, y hacia allí se dirige la búsqueda. Pero por el momento, la bestia sigue suelta.
Afirman que la familia de la víctima no tenía problemas con nadie y piden justicia
El crimen del pequeño José María Avila provocó indignación en Aguilares. Espontáneamente, los vecinos se autoconvocaron y marcharon hasta la comisaría para exigir que se hiciera justicia rápidamente. También fueron muy críticos con el poder político, con la Policía y hasta con los medios de prensa ya que, aseguran, no colaboraron en la búsqueda.
"Ahora aparecieron todos, cuando ya está muerto. Esperemos que la detención del asesino no demore tanto como demoró la colaboración cuando tuvimos que rastrillar toda la ciudad", se quejó Mirta González.
Julio Roberto Avila y su esposa Roxana estaban totalmente quebrados. No pudieron decir nada. Mientras esperaban a que les entregasen el cuerpo, lloraban desconsoladamente. Sus amigos y familiares intentaban apoyarlos, pero era imposible.
A la zona en que se encontró el cuerpo habían llegado el secretario de Gobierno, Jorge García Mena; el jefe de Policía, comisario general Luis Valdiviezo; la fiscal de Feria Eva Frías de Ruiz y jefes de las principales dependencias policiales de la Provincia. Los días anteriores habían estado participando de la búsqueda efectivos del grupo CERO, del Departamento Informaciones y de la sección Raptos y Secuestros de Investigaciones. Ninguno podía ocultar el dolor que les causaba el terrible caso. Nadie podía entender que haya pasado una cosa así.
Humildes
Julio Avila trabaja como mozo en un bar de Aguilares, y su esposa es ama de casa. "Son personas humildes y excelentes. No se les puede reprochar nada. El que hizo esto es un sádico", aseguró Fabiana Acevedo. Todos coincidieron en que la familia nunca había tenido problemas con nadie, ya que en un primer momento se especuló con la posibilidad de una venganza. "¿Quién querría vengarse de ellos? Lo único que hacen los padres es trabajar y cuidar a sus hijos", dijo Marcos Ortega. Algunos aventuraron que el asesino podía haber estado ebrio en el momento del ataque. "Por aquí hay un montón de borrachos que se juntan en las esquinas. A veces son peligrosos. Ojalá que se encuentre pronto al asesino y que se pudra en la cárcel", pidió Pablo Miranda, otro vecino de la zona.
Decenas de personas se agolparon frente a la humilde vivienda de la familia para acompañar a los Avila.
Durante el velatorio, lo único que se escuchaba eran los lamentos de Roxana. "¿Quién le hizo esto a mi chiquito?. Me lo dejaron tirado como a un perro. ¿Por qué lo mataron así?", decía sin pausa. Pero nadie podía contestarle.
La lista negra
EN LA VILLA OBRERA.- La pequeña Tatiana Ayelén Quinteros tenía 4 años. El 17 de abril de 1999 fue secuestrada a pocos metros de su casa, en la Villa Obrera de Tafí Viejo, por un hombre que la violó y luego la asesinó cortándole el cuello. Por el terrible caso, el 11 de diciembre pasado fue condenado a reclusión perpetua Gregorio Cuevas, un hombre de 66 años, vecino de la víctima.
EN VILLA MARIANO MORENO.- Rita Juárez tenía 7 años. Fue violada y asesinada el 31 de marzo de 1997, en un descampado del barrio Congreso, en Villa Mariano Moreno, zona en la que vivía junto a su familia. El caso todavía está impune. Tres hombres fueron acusados en su momento por el brutal hecho, incluido su propio padre, Luis. Pero todos recuperaron su libertad y hasta el momento nadie fue condenado por el caso.
El domingo a la tarde, Aguilares se vistió de luto. Toda la ciudad se vio conmocionada por el tremendo caso. "Habíamos estado buscando todos. No se puede entender que alguien haya hecho algo así. No puede tener perdón", aseguró Antonio Raúl Acosta, quien encontró muerto a José María. Los vecinos del barrio Independencia estaban en alerta desde el jueves a la noche.
José María vivía en Belgrano 1.357, junto a su padre, Julio Roberto; a su madre, Roxana, y a sus dos hermanitos. La última vez que lo vieron estaba con un amiguito, a la vuelta de su casa, sentado en un banco. Ya era de noche. La criatura desapareció y todos comenzaron a buscarla.
"Los vecinos fuimos los únicos que rastrillamos todo. La Policía apareció dos días después. Y ahora vienen, cuando ya no hay nada que hacer", afirmó la vecina Marta Fernández.
Lo encontró una perra
José María apareció a cuatro cuadras de su casa, en una obra en construcción ubicada en lo que se conoce como Loteo Bufo. Allí había dos montañas de arena. El domingo a la tarde Angela Abregú vio que su perra, Pancha, estaba en esa casa y la llamó. Como el animal no le hacía caso fue a buscarlo, y vio el cadáver. "Empezó a gritar. Yo corrí y ahí estaba el chiquito", relató su esposo, Antonio Acosta.
El pequeño estaba casi desnudo. Tenía puestas las zapatillas, y el pantaloncito a la altura de los tobillos. Lo habían violado. Pero el horror no terminó allí. Las pericias posteriores permitieron descubrir que la criatura había sido atada en el cuello y en las manos. El asesino le había quebrado el cráneo a golpes y tenía varias escoriaciones en la cabeza. El comisario general Luis Pablo Carrizo, jefe de la Regional Sur, confirmó que el homicida le había llenado la garganta de arena, y además le había metido por la fuerza una piedra. Bestialidad pura.
Los análisis que realizó la bioquímica Lilia Moyano de Colombres también permitieron descubrir que el crimen se había cometido por lo menos 72 horas antes de encontrar el cuerpo. O sea poco después del secuestro. Una de las dudas de los investigadores reside en saber si el asesino mantuvo oculto el cuerpo durante ese tiempo, o si lo enterró la misma madrugada del viernes. Esa zona había sido rastrillada por los vecinos, que no habían encontrado nada.
Julio y Roxana Avila están destrozados. Confiaban en encontrar con vida al segundo de sus hijos, y la noticia de su muerte fue como un mazazo terrible. Hasta el momento nadie afirmó haber visto al asesino cuando este se llevó a José María. Tampoco nadie lo vio enterrarlo. La Policía asegura que el homicida es de la zona, y hacia allí se dirige la búsqueda. Pero por el momento, la bestia sigue suelta.
El crimen del pequeño José María Avila provocó indignación en Aguilares. Espontáneamente, los vecinos se autoconvocaron y marcharon hasta la comisaría para exigir que se hiciera justicia rápidamente. También fueron muy críticos con el poder político, con la Policía y hasta con los medios de prensa ya que, aseguran, no colaboraron en la búsqueda.
"Ahora aparecieron todos, cuando ya está muerto. Esperemos que la detención del asesino no demore tanto como demoró la colaboración cuando tuvimos que rastrillar toda la ciudad", se quejó Mirta González.
Julio Roberto Avila y su esposa Roxana estaban totalmente quebrados. No pudieron decir nada. Mientras esperaban a que les entregasen el cuerpo, lloraban desconsoladamente. Sus amigos y familiares intentaban apoyarlos, pero era imposible.
A la zona en que se encontró el cuerpo habían llegado el secretario de Gobierno, Jorge García Mena; el jefe de Policía, comisario general Luis Valdiviezo; la fiscal de Feria Eva Frías de Ruiz y jefes de las principales dependencias policiales de la Provincia. Los días anteriores habían estado participando de la búsqueda efectivos del grupo CERO, del Departamento Informaciones y de la sección Raptos y Secuestros de Investigaciones. Ninguno podía ocultar el dolor que les causaba el terrible caso. Nadie podía entender que haya pasado una cosa así.
Humildes
Julio Avila trabaja como mozo en un bar de Aguilares, y su esposa es ama de casa. "Son personas humildes y excelentes. No se les puede reprochar nada. El que hizo esto es un sádico", aseguró Fabiana Acevedo. Todos coincidieron en que la familia nunca había tenido problemas con nadie, ya que en un primer momento se especuló con la posibilidad de una venganza. "¿Quién querría vengarse de ellos? Lo único que hacen los padres es trabajar y cuidar a sus hijos", dijo Marcos Ortega. Algunos aventuraron que el asesino podía haber estado ebrio en el momento del ataque. "Por aquí hay un montón de borrachos que se juntan en las esquinas. A veces son peligrosos. Ojalá que se encuentre pronto al asesino y que se pudra en la cárcel", pidió Pablo Miranda, otro vecino de la zona.
Decenas de personas se agolparon frente a la humilde vivienda de la familia para acompañar a los Avila.
Durante el velatorio, lo único que se escuchaba eran los lamentos de Roxana. "¿Quién le hizo esto a mi chiquito?. Me lo dejaron tirado como a un perro. ¿Por qué lo mataron así?", decía sin pausa. Pero nadie podía contestarle.
EN LA VILLA OBRERA.- La pequeña Tatiana Ayelén Quinteros tenía 4 años. El 17 de abril de 1999 fue secuestrada a pocos metros de su casa, en la Villa Obrera de Tafí Viejo, por un hombre que la violó y luego la asesinó cortándole el cuello. Por el terrible caso, el 11 de diciembre pasado fue condenado a reclusión perpetua Gregorio Cuevas, un hombre de 66 años, vecino de la víctima.
EN VILLA MARIANO MORENO.- Rita Juárez tenía 7 años. Fue violada y asesinada el 31 de marzo de 1997, en un descampado del barrio Congreso, en Villa Mariano Moreno, zona en la que vivía junto a su familia. El caso todavía está impune. Tres hombres fueron acusados en su momento por el brutal hecho, incluido su propio padre, Luis. Pero todos recuperaron su libertad y hasta el momento nadie fue condenado por el caso.
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