Maltrato a los abuelos

Los jubilados deben fatigar mensualmente inhumanas filas.

14 Enero 2003
Se supone que los niños y los abuelos deben gozar de la máxima atención en cualquier Estado. Los primeros porque están dando los primeros pasos en la vida y los ancianos porque han entregado sus mejores energías para el desarrollo del país y, hacia el final de su camino, tienen el derecho de que se los reconozca socialmente en todo sentido. En los países del Primer Mundo, por ejemplo, los adultos mayores gozan de una jubilación digna y de una cantidad de servicios y beneficios gratuitos.
En San Miguel de Tucumán, para poder percibir sus haberes los jubilados y pensionados deben fatigar mensualmente largas e inhumanas colas sobre Crisóstomo Alvarez al 900 hasta poder ingresar al Centro Unico de Pago. Apostados en doble fila, los vendedores ambulantes obstruyen el paso de los peatones; sólo queda un angosto pasillo por donde transitan los ancianos. Otro tanto sucede con los taxistas. Pero lo más penoso es que los abuelos, que son también víctimas de delincuentes, deben soportar el rigor climático del verano tucumano a la intemperie.
Ninguna autoridad del Gobierno, bancaria o de la Anses parece haberse conmovido hasta ahora con este drama mensual de los abuelos, lo cual refleja no sólo una falta total de respeto por nuestros mayores, sino también una ausencia de sensibilidad social.

Tamaño texto
Comentarios