Piano y violín para rescatar el espíritu romántico de Brahms

08 Septiembre 2008
Música argentina y clásicos románticos es lo que propone el pianista Alan Kwiek y la violinista Cecilia Isas, en el concierto de cámara que realizarán esta noche, a las 22, en el teatro San Martín (avenida Sarmiento 601), en el marco del Setiembre Musical.
La presentación, incluye la Sonata N°3 de Johannes Brahms, una pieza extremadamente difícil y de gran virtuosismo. Según Kwiek, el clasicismo de Brahms fue un fenómeno único en sus días, ya que no seguía las tendencias marcadas por la moda musical de su época, representada por el compositor alemán Richard Wagner. "A pesar de que Brahms hizo revivir una tradición musical como ningún otro compositor había conseguido desde Ludwig van Beethoven, no estuvo completamente aislado, y la riqueza emocional del espíritu romántico impregna su música", declaró. Por desgracia, es poco lo que se sabe sobre el método de trabajo de Brahms. Era tan autocrítico que quemó todo lo que compuso antes de los diecinueve años, al igual que los borradores de obras más tardías. Es sabido que solía reelaborar una misma pieza pasados incluso 10 o 12 años de una creación, y que antes de dar a la obra su forma final, la transcribía para distintas combinaciones de instrumentos.
Las tres sonatas para violín y piano de Brahms ocupan un lugar de especial interés en su catálogo, puesto que reflejan un claro desarrollo conceptual y estructural del compositor en lo tocante al tratamiento de la forma sonata.
"La cronología de las tres Sonatas para violín y piano de Brahms, que las sitúa respectivamente en los años de 1879, 1886 y 1888, señala con claridad que se trata cabalmente de obras de madurez indiscutible", sentenció el pianista.

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