13 Enero 2003 Seguir en 
BUENOS AIRES.- A las semanas de euforia de diciembre de 2002, cuando tanto el Presidente como su jefe de gabinete y el ministro de Economía anunciaron reiterada y oficialmente que la recesión había quedado atrás, sucedió durante los primeros días de 2003 una sensación de cautela que más obedece a un achatamiento de estados de ánimo que a un colapso de los datos reales. Como si el exceso de champán durante las Fiestas hubiera dejado paso a una resaca.
Uno de los factores desconcertantes fue ver que, a pesar de la mejora de los indicadores económicos, la crisis social empeora día a día, con las batallas campales entre vendedores ambulantes y la Policía por ocupar y desalojar la calle Florida, y la amenaza de los comerciantes establecidos de instalarse en una rebelión fiscal, no pagando más impuestos y servicios.Pero el principal exhibidor de desasosiego fue el comportamiento del dólar: la posibilidad de que liquidaciones masivas de los exportadores y una falta de demanda de divisas de los importadores y de los pagadores de deuda hubieran precipitado la caída por debajo del piso de 3,30 motivó enérgicas retromedidas de flexibilización del mercado cambiario. Era como una invitación abierta a usar y sacar dólares del país, en un país que entró en crisis supuestamente por falta de dólares, desde mediados de 2001 en adelante.
Debe enfatizarse que el presupuesto público está en un equilibrio inestable y depende de las retenciones agropecuarias para su financiamiento. Y las retenciones dependen, a su vez, del valor del dólar, con lo que se acentúa el malhumor de los productores agropecuarios, quienes creen con fundamento que todo su esfuerzo sirve para nutrir la burocracia estatal y que no les queda nada para ellos.
En lo que respecta a la paridad cambiaria, en un primer momento esas contramedidas surtieron el efecto esperado. El dólar rebotó hasta 3,37, y se observa el mal disimulado propósito de Lavagna de clavarlo en 3,50. De todas formas, hay inquietudes cada vez que sube y que baja.
Muchos pensaron que quien había quedado mal parado era el presidente del Banco Central, Alfonso Prat Gay, una de cuyas primeras declaraciones cuando asumió fue que le gustaría un dólar de 2,80. Los episodios demostraron que el Gobierno tenía cierto control sobre el precio del dólar. Cuando quiere hacerlo subir lo sube, y viceversa. Pero aquí interviene un poco imprevistamente otro factor: el fortalecimiento del euro frente al dólar, que se apreció en un 5%. Es decir que ahora el cambio es U$S 1,05 dólares por euro, y amenaza llegar a U$S 1,10.
Como en todo mes de enero, se paralizó la actividad tribunalicia pero en este se observó la renuencia de la Corte Suprema a levantar la feria para tratar los amparos del corralón bancario, todo lo cual hace presumir una inmensa presión, a comienzos de febrero, para que se logre la resolución de este problema.
En fin, la economía acumula, en este comienzo de 2003, incertidumbres laborales, cambiarias y financieras de variado pelaje, lo cual no quita que se nota cierto optimismo; es que, en realidad, las cosas están mucho mejor que hace exactamente 12 meses. Se ha vuelto a una situación que era clásica en Argentina: ahora la población veranea dentro del país. Habrá que esperar hasta marzo a ver qué sucede con la tan mentada reactivación y si se conserva la estabilidad que dio lugar a un sorpresivo 0,2 por ciento de inflación en diciembre de 2002. (DyN)
Uno de los factores desconcertantes fue ver que, a pesar de la mejora de los indicadores económicos, la crisis social empeora día a día, con las batallas campales entre vendedores ambulantes y la Policía por ocupar y desalojar la calle Florida, y la amenaza de los comerciantes establecidos de instalarse en una rebelión fiscal, no pagando más impuestos y servicios.Pero el principal exhibidor de desasosiego fue el comportamiento del dólar: la posibilidad de que liquidaciones masivas de los exportadores y una falta de demanda de divisas de los importadores y de los pagadores de deuda hubieran precipitado la caída por debajo del piso de 3,30 motivó enérgicas retromedidas de flexibilización del mercado cambiario. Era como una invitación abierta a usar y sacar dólares del país, en un país que entró en crisis supuestamente por falta de dólares, desde mediados de 2001 en adelante.
Debe enfatizarse que el presupuesto público está en un equilibrio inestable y depende de las retenciones agropecuarias para su financiamiento. Y las retenciones dependen, a su vez, del valor del dólar, con lo que se acentúa el malhumor de los productores agropecuarios, quienes creen con fundamento que todo su esfuerzo sirve para nutrir la burocracia estatal y que no les queda nada para ellos.
En lo que respecta a la paridad cambiaria, en un primer momento esas contramedidas surtieron el efecto esperado. El dólar rebotó hasta 3,37, y se observa el mal disimulado propósito de Lavagna de clavarlo en 3,50. De todas formas, hay inquietudes cada vez que sube y que baja.
Muchos pensaron que quien había quedado mal parado era el presidente del Banco Central, Alfonso Prat Gay, una de cuyas primeras declaraciones cuando asumió fue que le gustaría un dólar de 2,80. Los episodios demostraron que el Gobierno tenía cierto control sobre el precio del dólar. Cuando quiere hacerlo subir lo sube, y viceversa. Pero aquí interviene un poco imprevistamente otro factor: el fortalecimiento del euro frente al dólar, que se apreció en un 5%. Es decir que ahora el cambio es U$S 1,05 dólares por euro, y amenaza llegar a U$S 1,10.
Como en todo mes de enero, se paralizó la actividad tribunalicia pero en este se observó la renuencia de la Corte Suprema a levantar la feria para tratar los amparos del corralón bancario, todo lo cual hace presumir una inmensa presión, a comienzos de febrero, para que se logre la resolución de este problema.
En fin, la economía acumula, en este comienzo de 2003, incertidumbres laborales, cambiarias y financieras de variado pelaje, lo cual no quita que se nota cierto optimismo; es que, en realidad, las cosas están mucho mejor que hace exactamente 12 meses. Se ha vuelto a una situación que era clásica en Argentina: ahora la población veranea dentro del país. Habrá que esperar hasta marzo a ver qué sucede con la tan mentada reactivación y si se conserva la estabilidad que dio lugar a un sorpresivo 0,2 por ciento de inflación en diciembre de 2002. (DyN)







