13 Enero 2003 Seguir en 
En un hecho que puede catalogarse como insólito, un joven que había sido convocado por la Policía para actuar como testigo en un allanamiento en una causa por drogas terminó detenido cuando los acusados, que tenían una planta de marihuana en su casa, afirmaron que el muchacho acababa de encargarles que le prepararan varios "porros".
El viernes a la tarde, una comisión policial de la Unidad Regional Oeste, integrada por el comisario mayor Guillermo del Lugo y los oficiales Segundo Clodomiro Brito y Francisco Benito Castillo, realizó un allanamiento ordenado por el juez Federal Nº 2, Felipe Federico Terán, en una casa de Famaillá. Según denuncias de algunos vecinos, en ese lugar se vendían drogas. Como exige la ley, antes de ingresar llamaron a dos testigos, mayores de edad, que estaban caminando por la zona en la que se realizaría el operativo, para que dieran fe de todo lo que se iba a realizar.
Los policías entraron entonces a la casa, en la que estaban un matrimonio y uno de sus hijos, menor de edad. Allí los oficiales les dijeron lo que estaban investigando y comenzaron a buscar. Cuando llegaron al fondo de la vivienda se dieron con una planta de un metro y medio de marihuana.
En el interior de la vivienda, en tanto, se encontraron varias hojas de la droga a punto de ser procesada para fabricar "porros". También había un pequeño mortero para molerlas. Pero grande fue la sorpresa de los policías cuando la mujer les advirtió que la persona que estaban utilizando como testigo del operativo había estado minutos antes en el domicilio, justamente para que le vendieran marihuana. Y que las hojas que acababan de encontrar arrancadas de la planta estaban destinadas a él. Entonces, el testigo se convirtió en imputado. Los tres -el hijo del matrimonio quedó en libertad por tratarse de un menor de edad- serán presentados el lunes ante el juez Terán. Los investigadores, en tanto, continuarán con las pesquisas, ya que consideran que los sospechosos habrían podido montar una red, de la cual también formarían parte algunos distribuidores; no se descarta que puedan encontrarse nuevas plantaciones.
El viernes a la tarde, una comisión policial de la Unidad Regional Oeste, integrada por el comisario mayor Guillermo del Lugo y los oficiales Segundo Clodomiro Brito y Francisco Benito Castillo, realizó un allanamiento ordenado por el juez Federal Nº 2, Felipe Federico Terán, en una casa de Famaillá. Según denuncias de algunos vecinos, en ese lugar se vendían drogas. Como exige la ley, antes de ingresar llamaron a dos testigos, mayores de edad, que estaban caminando por la zona en la que se realizaría el operativo, para que dieran fe de todo lo que se iba a realizar.
Los policías entraron entonces a la casa, en la que estaban un matrimonio y uno de sus hijos, menor de edad. Allí los oficiales les dijeron lo que estaban investigando y comenzaron a buscar. Cuando llegaron al fondo de la vivienda se dieron con una planta de un metro y medio de marihuana.
En el interior de la vivienda, en tanto, se encontraron varias hojas de la droga a punto de ser procesada para fabricar "porros". También había un pequeño mortero para molerlas. Pero grande fue la sorpresa de los policías cuando la mujer les advirtió que la persona que estaban utilizando como testigo del operativo había estado minutos antes en el domicilio, justamente para que le vendieran marihuana. Y que las hojas que acababan de encontrar arrancadas de la planta estaban destinadas a él. Entonces, el testigo se convirtió en imputado. Los tres -el hijo del matrimonio quedó en libertad por tratarse de un menor de edad- serán presentados el lunes ante el juez Terán. Los investigadores, en tanto, continuarán con las pesquisas, ya que consideran que los sospechosos habrían podido montar una red, de la cual también formarían parte algunos distribuidores; no se descarta que puedan encontrarse nuevas plantaciones.
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