BUENOS AIRES.- El sonajero político, de la mano del presidente Eduardo Duhalde, les puso ruido a los primeros días de las vacaciones de verano. Presionado por el Fondo Monetario Internacional, por parte de su tropa bonaerense y los tiempos políticos, Duhalde resolvió -por el momento- desmantelar los operativos que, desde lo más alto del poder, se desplegaban en un intento por garantizar cuotas de poder en su favor.
Así, el jefe del Estado no sólo reiteró por enésima vez que no será candidato a presidente en los próximos comicios, sino que fue más allá, al ponerle nombre y apellido a quien pretende imponer como su delfín político.
"Voy a apoyar a Kirchner", afirmó públicamente luego de idas, vueltas, coqueteos y reuniones con su tropa para tratar de dilucidar cuál sería el camino menos tortuoso para el duhaldismo hacia el próximo turno electoral.
Abortados los operativos en favor de Carlos Reutemann, fracasado el experimento José de la Sota, muerta la chance de una fórmula Felipe Solá-Ramón Puerta y censurada desde adentro y desde afuera su eventual postulación, Duhalde metió violín en bolsa, miró las encuestas, evaluó el mal menor y se lanzó a la búsqueda de una red de contención que le permita sobrevivir en la salvaje interna partidaria.
Así, el gobernador de Santa Cruz se convertirá en el ariete con que el jefe del Estado pretenderá mandar, definitivamente, a su casa al ex presidente Carlos Menem.
La figura de Kirchner no encandila a Duhalde. El patagónico es, sin embargo, la última alternativa que le queda al Presidente para poder tallar en la disputa interna. De allí, los intentos por comprometer los esfuerzos de dirigentes y gobernadores peronistas tras su nueva aventura.En el riñón duhaldista hay cierto desconcierto. A punto tal que, en una reunión en Olivos, Duhalde debió apelar a una frase dura: "yo soy el conductor; nunca los he llevado a mal puerto; confíen en mi conducción", les rezó a varios de los suyos.
Algunos no confían en Kirchner y se muestran remisos a dar apoyo con ligereza. Otros creen ver en la movida de su jefe una cortina de humo tendiente a descomprimir las presiones sobre su candidatura y darle al Fondo supuestas certezas electorales con tal de llegar a un módico acuerdo hasta agosto.
Mientras la interna absorbe casi todos los esfuerzos del Presidente, la desconfianza se consolida en los adversarios internos y externos. Las presentaciones hechas ante la Justicia sobre la posible inconstitucionalidad de la Ley de Acefalía sirven para enrarecer más aún el clima político local.
Los visitantes
Con este escenario llegó a Buenos Aires una misión del FMI que sigue pidiendo consenso político, certeza de elecciones y parte del rosario elevado a Duhalde hace ya un año, más allá de que se pague con las reservas un par de vencimientos por 1.800 millones de dólares que operan entre este mes y febrero. Todo hace presumir que la administración Duhalde, gracias al trabajo del ministro Roberto Lavagna y a la presión internacional -del G7 y países de la región-, conseguirá finalmente un acuerdo consuelo.Esa alternativa le daría oxígeno no sólo a Duhalde para transitar los últimos meses de su gobierno, sino también a quien lo suceda después del 25 de mayo.
No son pocos quienes se preguntan cuál será la posición del Fondo si, finalmente, la Justicia suspende el proceso electoral, los comicios pasan a octubre y un nuevo presidente debe cumplir la parte de mandato que va entre la renuncia de Duhalde, en mayo, y el 10 de diciembre de 2003.
Más allá del veranito que algunos dicen ver y la mayoría de la gente niega, lo cierto es que, hacia afuera, la Argentina sigue generando aún temores mayúsculos a nivel internacional, dada su imprevisibilidad.
Ayudan, pero sólo un poco, los datos vinculados al supuestamente controlado nivel del dólar, los todavía no disparados guarismos de inflación, la reactivación de pequeños sectores y las recaudaciones fiscales por retención a las exportaciones.
No es suficiente, claro, como para tentar a inversores foráneos o para que quienes tienen dinero en el mercado local lo pongan sobre la mesa. Falta mucho por hacer para volver a la normalidad a un país con temas riesgosos y aún no resueltos. (DyN)







