El principio de acción y reacción rige en plenitud en la liza política. A los movimientos de un bando corresponden las réplicas del otro. De ese modo se define el campo de choque de los contendientes.
En el radicalismo, la pelea entre Leopoldo Moreau y Rodolfo Terragno sumió al viejo partido en una crisis de profundidad incalculable.
Los peronistas están fracturados entre los adeptos a Carlos Menem y la pléyade de duhaldistas de la primera y la última hora. Sin Ley de Lemas y con el fantasma del cisma, los sacudones que vive el PJ se transfieren automáticamente a las instituciones republicanas. El país acrecienta así su fama de imprevisible, con el consecuente impacto negativo en la comunidad internacional.
La Casa Rosada, finalmente, parece que optó por el santacruceño Néstor Kirchner. Este gobernador no entusiasma a sus pares, ya que con algunos de ellos fue muy crítico, como con Julio Miranda, por ejemplo.
La apuesta de Eduardo Duhalde, en rigor, tampoco es considerada como definitiva por la tropa propia, que está escaldada por las marchas y las contramarchas de su jefe estratégico. La elección interna para los candidatos presidenciales está a punto de caer, lo que agrava el descontento de los menemistas.
Ese estado de beligerancia política puede trasladarse a Tucumán, aunque con matices propios de la atipicidad del PJ local.
Las líneas de fractura en el peronismo vernáculo pasan por las opciones en la puja nacional y por la cercanía o distancia de la Casa de Gobierno. Esa toma de posiciones no explica totalmente lo que lo ocurre en una provincia conflictiva como es Tucumán.
En el centro del ring
Miranda emprendió una ofensiva para recuperar la iniciativa política, tras varias semanas de pasividad. Al frente del partido colocó otra vez al ex ministro de Gobierno, Antonio Guerrero, quien se encargó de controlar la estructura y de amañar el calendario electoral interno.
La citación a comicios internos para el 16 de febrero -fecha que puede caer muy pronto- polarizó la opinión pública interna del partido.
Pegó el grito en el cielo la diputada Olijela Rivas, que alguna vez fue socia de Miranda, en un pacto de gobernabilidad que se extinguió rápidamente. Desde afuera de ese espacio, Osvaldo Cirnigliaro pronosticó un quiebre inevitable. Ambos coinciden en este diagnóstico: el senador José Alperovich es el candidato que Miranda prefiere para su sucesión.
El gobernador, además, endereza el barco rumbo a junio. Descartó así el hipotético adelanto de los comicios provinciales para el 27 de abril. Por dos días de diferencia se exponía a un cuestionamiento de inconstitucionalidad, que los asesores del Gobierno tozudamente minimizaban con laboriosos argumentos ad hoc. Una mala jugada del almanaque ubicó la fecha tope del anticipo en el martes 29 de abril.
El primer domingo de junio quedó instalado como el día de la elección de cargos provinciales. Aquella certeza está lejos de haber disipado la tormenta interna en el PJ.
La segunda fase del avance mirandista radicó en la homogeneización del aparato gubernamental. La maniobra tendió a eliminar los vestigios de disidencia con la postulación de Alperovich.
El ex ministro de Economía, Osvaldo Jaldo, pretendía erigirse en el competidor de Alperovich, desde el corazón mismo del poder. La aventura no podía prolongarse en demasía. "Preocupaba mi crecimiento político", confesó el ex legislador, cuando prometía seguir dando pelea desde el llano. "Se le salió la cadena", explicó ácidamente un jerarca mirandista, en la mañana del viernes.En realidad, la relación de Jaldo con Miranda se desgastaba gradualmente. El ex ministro no aceptó que se designara a un mirandista de pura cepa -Juan Luis Fernández- al frente de la Secretaría de Actividades Productivas sin consultarlo. Se entiende en medios políticos que se buscó forzar la salida del ex legislador con un ardid.
No obstante, el ex ministro se quejó de que los operadores mirandistas de la hora fundacional - el llamado "gabinete de las sombras"- le complicaban sus acciones. La lista de sospechosos la componían Guerrero, Cúneo Vergés, Enrique Romero y Fernando Juri, según las versiones que circularon en la tormentosa noche del jueves pasado, cuando el disidente se retiró del gabinete.
En el mundo oficialista se decía que Jaldo, con su gesto, había sobrestimado su fuerza política. Algunos de los legisladores que lo habían apoyado cuando era ministro, cambiaron velozmente de opinión. De entre ellos, José "Gallito" Gutiérrez fue uno de los que picaron en punta para congraciarse con el gobernador y sumarse al bloque de Alperovich.
Jaldo puede organizar un polo de poder para negociar posiciones con el mirandismo o bien profundizar su vinculación con Olijela Rivas. Esta reforzó su diferenciación del elenco gobernante cuando no asistió a la jura de Cúneo Vergés, pese a que este la había invitado personalmente.
La diputada prefirió mostrarse el viernes al lado de su par Alberto Herrera, en Simoca. A Rivas, antes que como potencial aliada, se la ve en calidad de adversaria. Julio Díaz Lozano y Alejandro Sangenis tirotean desde afuera.
En la encrucijada
Cúneo Vergés deberá encolumnar a comisionados comunales e intendentes por la ruta oficialista que conduce a Alperovich. Pero además, enfrentará un arduo desafío: conciliar la disciplina fiscal con la satisfacción de las demandas sociales y la presión propia de un año electoral.
Quien reemplazó a Jaldo en Economía se propone mejorar la calidad del gasto a partir del reconocimiento de ese triple condicionamiento. "Es una prueba difícil", acepta Cúneo Vergés, quien confía en sus años de experiencia político-administrativa para domar el potro.
La explosión de las necesidades de los excluidos del sistema es un dato que figura en la agenda del ministro. Cúneo Vergés recogió las observaciones de Hilda de Duhalde acerca de los déficits de los sistemas provinciales. "El Estado debe tender un manto protector sobre los más desprotegidos", adelanta. "Hay que mantener lo bueno que se heredó de la gestión de Jaldo y corregir los errores", concluye.
El ministro ocupa también una función clave: preside el congreso del PJ. Por esos dos cargos soportará una presión erosiva.







