12 Enero 2003 Seguir en 
Dirigir significa guiar, mostrando o dando las señas de un camino. Encaminar la intención y las operaciones a determinado fin. Gobernar, regir, dar reglas para el manejo de una dependencia, empresa o pretensión. Aconsejar y gobernar la conciencia de una persona. En varios países del mundo e incluso en algunas provincias argentinas estos conceptos básicos fueron llevados por la clase dirigente a la acción y se cristalizaron en realidades. Los que llegaron a convertir en hechos las palabras trabajaron seguramente con un espíritu de servicio notable, con transparencia y en equipo. Una sociedad puede tener destacadas individualidades, pero si estas no se unen y trabajan coordinadamente en pos de un objetivo común y se asocian con otros sectores que persiguen la misma finalidad, una comunidad no progresará.
La realidad del Tucumán actual es un espejo de una clase dirigente (políticos, sindicalistas, empresarios, economistas, directivos) que en los últimos lustros no supo, no quiso o no pudo -tal vez por su ineptitud- devolverle a la provincia el protagonismo cultural, económico, deportivo, que tuvo históricamente en el Noroeste.
Tucumán fue, por ejemplo, un pionero en materia deportiva, en especial en el fútbol. Instituciones como San Martín y Atlético Tucumán marcaron un rumbo en esta pasión popular que está arraigada en el alma de los argentinos. Ambos equipos llegaron a jugar en los principales campeonatos nacionales. Por la asistencia masiva del público a las canchas y la calidad de su fútbol, Tucumán se convirtió rápidamente en una plaza ineludible en el concierto nacional, a la hora de realizar amistosos o cuadrangulares.
La realidad actual es penosa. La provincia prácticamente no existe a nivel nacional en el terreno futbolístico. Los clubes locales están apabullados por deudas financieras que los acercan a la quiebra, como consecuencia de las malas administraciones, de la corrupción y de las mafias; las campañas deportivas han sido pésimas -excepto el pujante Ñuñorco- y el público es cada vez más reacio a asistir a los estadios, no sólo por el bajo nivel de sus equipos, sino también por los episodios de violencia constantes, en los que hasta el mismo gobernador se vio involucrado.
Tucumán ha sido superada en los últimos años en forma notable por la vecina Salta. Durante este verano, los salteños podrán ver en sus canchas jugar a Independiente -reciente campeón-, Racing, Boca Juniors, River Plate y San Lorenzo. En Tucumán, los hinchas ya están armando viajes para poder presenciar los cotejos de los clubes de sus amores.
Cabe señalar que Salta fue recientemente sede de dos mundiales -el Sub 20 de fútbol y en voley- y en ambas oportunidades, estrenaron estadios.No existen demasiados secretos para explicar el porqué del avance salteño. En primer lugar, la organización no sólo de los directivos, sino también del Estado. Se debe partir de la idea de que un hecho deportivo debe convertirse en un hecho turístico y cultural porque, de ser así, mayores serán los ingresos para la provincia. Eso significa que las reparticiones gubernamentales deben trabajar coordinadamente y deben contar con presupuestos dignos y desde luego, con funcionarios capaces.
Mientras el Gobierno salteño le proporciona a su área de Turismo un presupuesto anual de $ 850.000 -que no es demasiado dinero-, la de Tucumán sólo dispone de $ 180.000. Durante las gestiones de Eduardo Angeloz, el área de Cultura en Córdoba, por ejemplo, disponía de 10 millones de dólares, mientras que en nuestra provincia nunca superó los 300.000 pesos y actualmente apenas si llega a $ 100.000.
Los responsables tucumanos de esta realidad decadente no son sólo los malos dirigentes, sino también la falta de visión de futuro y de proyectos de la clase política, así como de parte del sector empresario, siempre reacio a invertir en proyectos de largo aliento, que no son los que brindan réditos inmediatos, pero sí los que contribuyen al progreso de una comunidad. En caso contrario, Tucumán seguirá descendiendo de categoría no sólo en el deporte, sino también en el progreso.
La realidad del Tucumán actual es un espejo de una clase dirigente (políticos, sindicalistas, empresarios, economistas, directivos) que en los últimos lustros no supo, no quiso o no pudo -tal vez por su ineptitud- devolverle a la provincia el protagonismo cultural, económico, deportivo, que tuvo históricamente en el Noroeste.
Tucumán fue, por ejemplo, un pionero en materia deportiva, en especial en el fútbol. Instituciones como San Martín y Atlético Tucumán marcaron un rumbo en esta pasión popular que está arraigada en el alma de los argentinos. Ambos equipos llegaron a jugar en los principales campeonatos nacionales. Por la asistencia masiva del público a las canchas y la calidad de su fútbol, Tucumán se convirtió rápidamente en una plaza ineludible en el concierto nacional, a la hora de realizar amistosos o cuadrangulares.
La realidad actual es penosa. La provincia prácticamente no existe a nivel nacional en el terreno futbolístico. Los clubes locales están apabullados por deudas financieras que los acercan a la quiebra, como consecuencia de las malas administraciones, de la corrupción y de las mafias; las campañas deportivas han sido pésimas -excepto el pujante Ñuñorco- y el público es cada vez más reacio a asistir a los estadios, no sólo por el bajo nivel de sus equipos, sino también por los episodios de violencia constantes, en los que hasta el mismo gobernador se vio involucrado.
Tucumán ha sido superada en los últimos años en forma notable por la vecina Salta. Durante este verano, los salteños podrán ver en sus canchas jugar a Independiente -reciente campeón-, Racing, Boca Juniors, River Plate y San Lorenzo. En Tucumán, los hinchas ya están armando viajes para poder presenciar los cotejos de los clubes de sus amores.
Cabe señalar que Salta fue recientemente sede de dos mundiales -el Sub 20 de fútbol y en voley- y en ambas oportunidades, estrenaron estadios.No existen demasiados secretos para explicar el porqué del avance salteño. En primer lugar, la organización no sólo de los directivos, sino también del Estado. Se debe partir de la idea de que un hecho deportivo debe convertirse en un hecho turístico y cultural porque, de ser así, mayores serán los ingresos para la provincia. Eso significa que las reparticiones gubernamentales deben trabajar coordinadamente y deben contar con presupuestos dignos y desde luego, con funcionarios capaces.
Mientras el Gobierno salteño le proporciona a su área de Turismo un presupuesto anual de $ 850.000 -que no es demasiado dinero-, la de Tucumán sólo dispone de $ 180.000. Durante las gestiones de Eduardo Angeloz, el área de Cultura en Córdoba, por ejemplo, disponía de 10 millones de dólares, mientras que en nuestra provincia nunca superó los 300.000 pesos y actualmente apenas si llega a $ 100.000.
Los responsables tucumanos de esta realidad decadente no son sólo los malos dirigentes, sino también la falta de visión de futuro y de proyectos de la clase política, así como de parte del sector empresario, siempre reacio a invertir en proyectos de largo aliento, que no son los que brindan réditos inmediatos, pero sí los que contribuyen al progreso de una comunidad. En caso contrario, Tucumán seguirá descendiendo de categoría no sólo en el deporte, sino también en el progreso.







