11 Enero 2003 Seguir en 
"Déjame que llore crudamente con el llanto viejo del adiós; en donde el callejón se pierde brotó este yuyo verde del perdón...", escribió Homero Expósito en 1944. Domingo Federico le puso música y "Yuyo verde" se ganó un anaquel relevante en el tango, como un exponente del tiempo que pasó.
Si el poeta Expósito (1918-87) viviese aún, advertiría que aquel yuyo de su nostálgico callejón porteño no sólo ha trascendido las fronteras provinciales e invadido generosamente varios sitios de la capital tucumana, sino que aspira, tal vez, a un lugar en el poder, a juzgar por su elevada altura. Así, por ejemplo, la plazoleta que evoca al ingeniero ferroviario José Télfener, ubicada en Marco Avellaneda, entre 24 de Septiembre y San Martín, está poblada de yuyos de gran calibre. Otro tanto sucede con el más importante paseo público de la ciudad: el sector este del parque 9 de Julio intenta ser una versión modesta del "Impenetrable" brasileño. El pastizal ha alcanzado una elevada estatura y sirve de refugio para todo tipo de alimañas y también de delincuentes.
También don Homero creería que este municipio carece de representantes que lo cuiden y se daría cuenta rápidamente de que en San Miguel de Tucumán, el frondoso yuyo verde brota de la desidia, no del perdón.
Si el poeta Expósito (1918-87) viviese aún, advertiría que aquel yuyo de su nostálgico callejón porteño no sólo ha trascendido las fronteras provinciales e invadido generosamente varios sitios de la capital tucumana, sino que aspira, tal vez, a un lugar en el poder, a juzgar por su elevada altura. Así, por ejemplo, la plazoleta que evoca al ingeniero ferroviario José Télfener, ubicada en Marco Avellaneda, entre 24 de Septiembre y San Martín, está poblada de yuyos de gran calibre. Otro tanto sucede con el más importante paseo público de la ciudad: el sector este del parque 9 de Julio intenta ser una versión modesta del "Impenetrable" brasileño. El pastizal ha alcanzado una elevada estatura y sirve de refugio para todo tipo de alimañas y también de delincuentes.
También don Homero creería que este municipio carece de representantes que lo cuiden y se daría cuenta rápidamente de que en San Miguel de Tucumán, el frondoso yuyo verde brota de la desidia, no del perdón.







