24 Agosto 2008 Seguir en 
La vida de las tres principales protagonistas de esta historia cambió considerablemente en un año. Las acusadas y Lorena del Valle Alderete, que fue mencionada en la causa junto a su hermana, tuvieron que cambiar de hábitos desde que se conoció el caso, hace casi un año.
J., la primera de las detenidas que recuperó la libertad, debió mudarse al interior de la provincia. Por orden de la jueza de Menores, Nora Wexler, además de ordenarle que realizara tratamiento psicológico, debía asistir a clases y tomar cursos especiales para aprender más de un oficio que, en el futuro, la ayudara.
El caso de L. fue mucho más complicado. Durante meses estuvo internada en el Instituto Goretti, donde recibía asistencia psicológica y estudiaba. Sin embargo, desde marzo goza de un régimen de semilibertad. Sale todos los días a estudiar y los fines de semana regresa a la casa de un familiar. Estos permisos generaron indignación entre los familiares de Carla Romina Ortega, ya que denunciaron que los amigos de la joven le habrían organizado una fiesta para celebrar que recuperó la libertad.
“Ambas son perfectamente controladas por psicólogos y por sociólogos. Son conscientes de que si violan algunas de las medidas tutelares que se les fijó, perderán todos los beneficios de los que gozan actualmente”, explicó una fuente de Tribunales.
Problemas
La situación de Alderete es diferente. A pesar de que ella nunca estuvo involucrada en el caso, su decisión de exponerse ante las cámaras le jugó una mala pasada. No sólo perdió su puesto de bandejera en un bar de la plazoleta Mitre, sino que, además, sufrió una insólita situación cuando realizaba un trámite que le había pedido su jefe.
La joven denunció el 1 de octubre que antes de las 7, un remisero la había intentado raptar. Dijo que la tomó de los pelos y que la arrastró varios metros. El hecho se produjo días antes de que Lorena se presentara a la extracción de cabellos que había ordenado el fiscal Pedro Gallo. Nunca se supo qué pasó ese día.
La familia sostiene que un grupo de chicas, entre las que se encuentran las acusadas, por envidia, la golpearon, la arrojaron al vacío, y huyeron dejándola abandonada.
Según L., una de las acusadas, ella, J. y Carla fueron al cerro con dos chicos. La víctima se cayó, y los jóvenes las obligaron a irse y las amenazaron para que no contaran nada.
J., la primera de las detenidas que recuperó la libertad, debió mudarse al interior de la provincia. Por orden de la jueza de Menores, Nora Wexler, además de ordenarle que realizara tratamiento psicológico, debía asistir a clases y tomar cursos especiales para aprender más de un oficio que, en el futuro, la ayudara.
El caso de L. fue mucho más complicado. Durante meses estuvo internada en el Instituto Goretti, donde recibía asistencia psicológica y estudiaba. Sin embargo, desde marzo goza de un régimen de semilibertad. Sale todos los días a estudiar y los fines de semana regresa a la casa de un familiar. Estos permisos generaron indignación entre los familiares de Carla Romina Ortega, ya que denunciaron que los amigos de la joven le habrían organizado una fiesta para celebrar que recuperó la libertad.
“Ambas son perfectamente controladas por psicólogos y por sociólogos. Son conscientes de que si violan algunas de las medidas tutelares que se les fijó, perderán todos los beneficios de los que gozan actualmente”, explicó una fuente de Tribunales.
Problemas
La situación de Alderete es diferente. A pesar de que ella nunca estuvo involucrada en el caso, su decisión de exponerse ante las cámaras le jugó una mala pasada. No sólo perdió su puesto de bandejera en un bar de la plazoleta Mitre, sino que, además, sufrió una insólita situación cuando realizaba un trámite que le había pedido su jefe.
La joven denunció el 1 de octubre que antes de las 7, un remisero la había intentado raptar. Dijo que la tomó de los pelos y que la arrastró varios metros. El hecho se produjo días antes de que Lorena se presentara a la extracción de cabellos que había ordenado el fiscal Pedro Gallo. Nunca se supo qué pasó ese día.
Las tres hipótesis
La teoría que considera la Justicia es que las tres jóvenes fueron hasta el cerro; y que Carla se cayó de manera accidental y que sus amigas la dejaron abandonada.La familia sostiene que un grupo de chicas, entre las que se encuentran las acusadas, por envidia, la golpearon, la arrojaron al vacío, y huyeron dejándola abandonada.
Según L., una de las acusadas, ella, J. y Carla fueron al cerro con dos chicos. La víctima se cayó, y los jóvenes las obligaron a irse y las amenazaron para que no contaran nada.









