Quedaría en libertad la única adolescente que está detenida por la muerte de Carla Ortega
Los investigadores no pueden conseguir pruebas suficientes para demostrar que las jóvenes involucradas cometieron un homicidio. La Justicia, desde hace varios meses, permite que L. salga durante los fines de semana. Los detalles de un hecho que causó conmoción.
24 Agosto 2008 Seguir en 
Hace un año, Carla Romina Ortega regresó del colegio, se cambió y se despidió de sus padres. Les avisó que no volvería porque se quedaría a dormir en la casa de una amiga. Nunca les dijo que salía para organizarle una fiesta sorpresa a su hermana menor. Pero no volvió nunca más. Su cuerpo fue encontrado dos días después, en un precipicio de 10 metros. Para la familia de la víctima, la adolescente fue asesinada; pero según la investigación del fiscal Pedro Gallo, se trató de un accidente. Por el hecho, dos menores fueron acusadas y en la próxima semana recuperaría la libertad la única que aún permanece detenida.
"Carlita", como aún la llaman sus familiares, según confirmaron los forenses que realizaron la autopsia, murió de un edema pulmonar y no por golpes. Estimaron, además, que estuvo más de 15 horas con vida en el lugar donde encontraron su cuerpo. También estimaron que, arrastrándose, intentó salir del lugar donde se encontró el cadáver para pedir ayuda.
El sábado 1 de setiembre de 2007, personal al mando de los comisarios Hugo Cabezas y Miguel Gómez detuvo a J. y a L. de 15 y de 16 años, respectivamente. Ellas, de acuerdo con varios testigos, estuvieron con Carla el sábado 25. Varias personas las vieron paseando en moto por la zona del barrio Oeste II y por la avenida Presidente Perón. También conocían que la víctima había tenido una pelea con las dos en una fiesta que, semanas atrás, se había realizado en la casa de un tal "Pulga". Después de meses de silencio, las sospechosas decidieron hablar. Primero lo hizo J., que culpó del hecho a L. y a las hermanas Lorena y Joana Alderete. Semanas después, la otra acusada confesaría que ambas estuvieron en el cerro junto a dos jóvenes, a los que identificó -la Policía nunca pudo ubicarlos-, y que la adolescente se cayó de manera accidental al cerro. También dijo que los chicos la amenazaron con matarlas si es que llegaban a decir lo que había ocurrido con la víctima.
Indicio
El fiscal Gallo, ante la complejidad de la causa, decidió comparar genéticamente un cabello que fue encontrado en el cuerpo de Ortega con los de las acusadas y con los de las hermanas Alderete. El estudio reveló que el pelo pertenecía a J., la adolescente que había recuperado la libertad días antes por orden de la jueza de Menores, Nora Wexler, la única de las cuatro que, por ser inimputable, nunca enfrentará a un Tribunal por el hecho.
"No es una prueba relevante. En realidad confirma sus dichos, es decir, que ella estuvo con Carla paseando en moto. Nos duele que este caso quede en la nada", aseguraron Carlos Picón y Leonardo Coria, defensores de la adolescente, que fracasaron en su intento de que declararan nula esa prueba.
"El problema es que no tenemos pruebas de que las chicas estuvieron en el cerro. Sólo L. se ubicó en la escena, pero puede ser sólo una estrategia defensiva. No hay nada que nos indique que hubo un homicidio", aseguró una alta fuente de la investigación.
Días antes de que se cumpla el año del hallazgo del cuerpo de la adolescente, en el juzgado de Menores que dirige Wexler ingresó un escrito realizado por Pablo Rivera y Ariel Lezcano, defensores de L, donde solicitaron su libertad. Los abogados se amparan en la norma que impide que una menor esté encerrada en un instituto más de un año sin que haya motivos suficientes para confirmar que pueda reincidir o que tenga problemas de conducta. "No hay nada y ella está haciendo muy bien las cosas", aseguraron los abogados.
"Es un tema que se analizará. Los informes son favorables y, desde hace bastante tiempo, se le da permiso para que abandone el hogar donde se encuentra internada los fines de semana", aseguró una alta fuente judicial.
"Carlita", como aún la llaman sus familiares, según confirmaron los forenses que realizaron la autopsia, murió de un edema pulmonar y no por golpes. Estimaron, además, que estuvo más de 15 horas con vida en el lugar donde encontraron su cuerpo. También estimaron que, arrastrándose, intentó salir del lugar donde se encontró el cadáver para pedir ayuda.
El sábado 1 de setiembre de 2007, personal al mando de los comisarios Hugo Cabezas y Miguel Gómez detuvo a J. y a L. de 15 y de 16 años, respectivamente. Ellas, de acuerdo con varios testigos, estuvieron con Carla el sábado 25. Varias personas las vieron paseando en moto por la zona del barrio Oeste II y por la avenida Presidente Perón. También conocían que la víctima había tenido una pelea con las dos en una fiesta que, semanas atrás, se había realizado en la casa de un tal "Pulga". Después de meses de silencio, las sospechosas decidieron hablar. Primero lo hizo J., que culpó del hecho a L. y a las hermanas Lorena y Joana Alderete. Semanas después, la otra acusada confesaría que ambas estuvieron en el cerro junto a dos jóvenes, a los que identificó -la Policía nunca pudo ubicarlos-, y que la adolescente se cayó de manera accidental al cerro. También dijo que los chicos la amenazaron con matarlas si es que llegaban a decir lo que había ocurrido con la víctima.
Indicio
El fiscal Gallo, ante la complejidad de la causa, decidió comparar genéticamente un cabello que fue encontrado en el cuerpo de Ortega con los de las acusadas y con los de las hermanas Alderete. El estudio reveló que el pelo pertenecía a J., la adolescente que había recuperado la libertad días antes por orden de la jueza de Menores, Nora Wexler, la única de las cuatro que, por ser inimputable, nunca enfrentará a un Tribunal por el hecho.
"No es una prueba relevante. En realidad confirma sus dichos, es decir, que ella estuvo con Carla paseando en moto. Nos duele que este caso quede en la nada", aseguraron Carlos Picón y Leonardo Coria, defensores de la adolescente, que fracasaron en su intento de que declararan nula esa prueba.
"El problema es que no tenemos pruebas de que las chicas estuvieron en el cerro. Sólo L. se ubicó en la escena, pero puede ser sólo una estrategia defensiva. No hay nada que nos indique que hubo un homicidio", aseguró una alta fuente de la investigación.
Días antes de que se cumpla el año del hallazgo del cuerpo de la adolescente, en el juzgado de Menores que dirige Wexler ingresó un escrito realizado por Pablo Rivera y Ariel Lezcano, defensores de L, donde solicitaron su libertad. Los abogados se amparan en la norma que impide que una menor esté encerrada en un instituto más de un año sin que haya motivos suficientes para confirmar que pueda reincidir o que tenga problemas de conducta. "No hay nada y ella está haciendo muy bien las cosas", aseguraron los abogados.
"Es un tema que se analizará. Los informes son favorables y, desde hace bastante tiempo, se le da permiso para que abandone el hogar donde se encuentra internada los fines de semana", aseguró una alta fuente judicial.









