19 Agosto 2008 Seguir en 
GUANTA, Venezuela.- Venezuela expropió hoy la cementera mexicana Cemex, en una nueva muestra de la determinación del presidente Hugo Chávez de convertir en estado socialista al mayor exportador de crudo de Sudamérica.
Centenares de simpatizantes del mandatario escenificaron anoche varias tomas simbólicas de las principales instalaciones de Cemex, luego de que se anunció que el Gobierno no había logrado alcanzar un acuerdo con la compañía para estatizar sus operaciones locales.
Convencido de que el socialismo es la única vía para doblegar los altos índices de pobreza, Chávez aceleró, tras su reelección en 2006, la entrada del Estado en la industria petrolera, eléctrica, de telecomunicaciones, alimentaria, siderúrgica y, recientemente, financiera.
Pese a que el año pasado perdió un referendo constitucional que le habría permitido afianzar la migración hacia una economía estatizada, el militar retirado decretó, hace un mes, un polémico paquete legal que amplía sus facultades para intervenir en sectores como el agrícola y el turístico.
Esta madrugada, un grupo de trabajadores cementeros y petroleros vestidos con las remeras rojas características de la revolución bolivariana entraron a la planta de Cemex en Guanta, en el este del país, ondeando banderas venezolanas y cantando.
"Esto es una revolución socialista y al que se oponga nos lo llevamos por delante con el comandante Hugo Chávez Frías, que ese sí sabe como se bate el cobre ¡Patria, socialismo o muerte!", clamaban.
Bien vistas
Tras casi 10 años en el poder, Chávez enfrentará, en noviembre, unas complicadas elecciones clave para su futuro, en las que varios analistas prevén una erosión de su amplia mayoría debido a los numerosos problemas que aquejan a los venezolanos: la inseguridad, la corrupción y el alto costo de vida.
Algunas encuestas, sin embargo, muestran que las nacionalizaciones están bien vistas por la mayoría pobre del país, base del poderío electoral de Chávez y a la que ha destinado numerosos programas sociales financiados con los recursos petroleros.
El mandatario quiere que las cementeras, junto con la siderúrgica Techint, le ayuden a mejorar las infraestructuras y a paliar el fuerte déficit de viviendas por el que está recibiendo fuertes críticas.
Sin embargo, la negativa de Cemex a firmar un acuerdo afectará aún más la aversión de los inversores extranjeros hacia Venezuela, donde pese a las fuertes regulaciones de precios y amenazas de expropiación, el sector empresarial registra robustos beneficios por el auge del consumo. (Reuters)
Centenares de simpatizantes del mandatario escenificaron anoche varias tomas simbólicas de las principales instalaciones de Cemex, luego de que se anunció que el Gobierno no había logrado alcanzar un acuerdo con la compañía para estatizar sus operaciones locales.
Convencido de que el socialismo es la única vía para doblegar los altos índices de pobreza, Chávez aceleró, tras su reelección en 2006, la entrada del Estado en la industria petrolera, eléctrica, de telecomunicaciones, alimentaria, siderúrgica y, recientemente, financiera.
Pese a que el año pasado perdió un referendo constitucional que le habría permitido afianzar la migración hacia una economía estatizada, el militar retirado decretó, hace un mes, un polémico paquete legal que amplía sus facultades para intervenir en sectores como el agrícola y el turístico.
Esta madrugada, un grupo de trabajadores cementeros y petroleros vestidos con las remeras rojas características de la revolución bolivariana entraron a la planta de Cemex en Guanta, en el este del país, ondeando banderas venezolanas y cantando.
"Esto es una revolución socialista y al que se oponga nos lo llevamos por delante con el comandante Hugo Chávez Frías, que ese sí sabe como se bate el cobre ¡Patria, socialismo o muerte!", clamaban.
Bien vistas
Tras casi 10 años en el poder, Chávez enfrentará, en noviembre, unas complicadas elecciones clave para su futuro, en las que varios analistas prevén una erosión de su amplia mayoría debido a los numerosos problemas que aquejan a los venezolanos: la inseguridad, la corrupción y el alto costo de vida.
Algunas encuestas, sin embargo, muestran que las nacionalizaciones están bien vistas por la mayoría pobre del país, base del poderío electoral de Chávez y a la que ha destinado numerosos programas sociales financiados con los recursos petroleros.
El mandatario quiere que las cementeras, junto con la siderúrgica Techint, le ayuden a mejorar las infraestructuras y a paliar el fuerte déficit de viviendas por el que está recibiendo fuertes críticas.
Sin embargo, la negativa de Cemex a firmar un acuerdo afectará aún más la aversión de los inversores extranjeros hacia Venezuela, donde pese a las fuertes regulaciones de precios y amenazas de expropiación, el sector empresarial registra robustos beneficios por el auge del consumo. (Reuters)







