Promesas incumplidas

Duhalde dejó al azúcar caminando a gran altura y sin red.

10 Enero 2003
Por Fernando García Soto

En el Mundial de Fútbol 1990, en Italia, el equipo de Alemania Occidental, luego campeón de ese torneo, goleó en la primera ronda 5 a 1 al modesto Emiratos Arabes. En el último gol que recibieron los árabes, un defensor de ese mismo equipo se las "ingenió" para obstaculizar a su propio arquero y, así, cederles una nueva conquista a los alemanes. El hecho motivó al periodista deportivo Ernesto Cherquis Bialo, quien comentaba el partido por televisión, a exclamar, en boca del sufrido técnico de Emiratos Arabes, una frase singular: "no nos ocupemos del adversario... ¡marquemos a los nuestros!".
Con seguridad que este episodio no tiene ninguna relación con el veto de la ley azucarera. Pero no deja de tener un gran parecido con la realidad de la Argentina, país devaluado en su conjunto, en cuanto a su economía, a su política y, lo que es peor, a sus valores morales y éticos. País en el que el presidente, Eduardo Duhalde, en la jornada en que asumió en ese cargo se sintió inspirado como para prometer devolver depósitos en dólares a los ahorristas acorralados, o para afirmar, ese mismo día, que protegería a todas las economías regionales, en especial a la del obrero del azúcar. Luego, en mayo último, el "Presidente de las promesas" tuvo un nuevo rapto de lucidez: en Tucumán, en el acto de reapertura de Alpargatas, renovó su "compromiso" de financiar la zafra azucarera 2002 con un préstamo de $ 40 millones del Banco Nación. "Es una promesa que pienso cumplir", dijo entonces, dejando entender que hay promesas que a veces no piensa cumplir, o que las deja para más adelante, o lo que sea... De cualquier manera, tampoco cumplió ese propósito.
El sector azucarero, Tucumán, y el NOA deben saber reconocer al adversario. Que Brasil presione para que Argentina no dicte leyes protectoras de su azúcar es casi obvio; tanto como esperar que el equipo contrincante, en cualquier deporte, intente conquistar un tanto en favor de sí mismo. La ley azucarera no fue vetada por Brasil, sino por Duhalde, quien, con razones o sin razones, priorizó la estrategia del Mercosur (¿existe aún el Mercosur?) por sobre la economía del NOA, una de las regiones con los peores indicadores sociales del país. Ante la evidencia incontrastable de que el primer mandatario nacional dejó a la industria azucarera argentina caminando a gran altura y sin red, queda la sensación de que la presencia sistemática de Hilda "Chiche" Duhalde en Tucumán, con su programa para rescatar niños desnutridos, se parece más a campaña electoral que a un verdadero fin solidario.

Lento, pero seguro
Si Maradona conociera detalles sobre cómo cayó la ley azucarera, probablemente diría que al gobernador Julio Miranda "se le escapó la tortuga". Al igual que le ocurrió cuando salieron a la luz los casos de las muertes infantiles por desnutrición, Miranda también llegó tarde al problema azucarero. En los últimos episodios "calientes" de la provincia, el gobernador demostró que es un político de reacciones demasiado lentas para las duras exigencias de estos días. A principios de diciembre se supo que había que luchar por la promulgación de una ley vital para Tucumán, pero sus gestiones sólo comenzaron en la víspera de la muerte de la norma.

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