09 Enero 2003 Seguir en 
El adjetivo original se aplica a personas o a cosas de la vida real que se caracterizan por lo singular, lo extraño, contrario a lo acostumbrado, general o común. Esta creatividad ha acompañado a los tucumanos desde tiempos inmemoriales, aunque siempre es atinado recordar que las invenciones colectivas pueden ser positivas o negativas. Hay algunas que se gestan casi solas, donde el hombre generalmente actúa por omisión. De este modo, existen en Tucumán calles con escalones.
En la calle Viamonte, entre avenida Belgrano y Santa Fe, el pavimento se corta y comienza la tierra. A lo largo del tiempo, el tramo que separa la civilización de la barbarie, se ha ahondado hasta convertirse en un peligroso escalón que no se nota cuando se anega la cuadra. Más de un automovilista ha dejado de recuerdo el tren delantero en ese sitio. Pero el valiente Juan José Viamonte (1774-1843), que luchó en las Invasiones Inglesas y gobernó Buenos Aires, tampoco tiene suerte con su homenaje tucumano unos metros después. Al llegar a la esquina Santa Fe, la calzada está destruida, y cuando llueve, el barro se subleva y entrampa a conductores y peatones.
Con escalones como este, difícilmente los funcionarios municipales lleguen alguna vez al cielo. Están a tiempo todavía de enmendar sus largas falencias.
En la calle Viamonte, entre avenida Belgrano y Santa Fe, el pavimento se corta y comienza la tierra. A lo largo del tiempo, el tramo que separa la civilización de la barbarie, se ha ahondado hasta convertirse en un peligroso escalón que no se nota cuando se anega la cuadra. Más de un automovilista ha dejado de recuerdo el tren delantero en ese sitio. Pero el valiente Juan José Viamonte (1774-1843), que luchó en las Invasiones Inglesas y gobernó Buenos Aires, tampoco tiene suerte con su homenaje tucumano unos metros después. Al llegar a la esquina Santa Fe, la calzada está destruida, y cuando llueve, el barro se subleva y entrampa a conductores y peatones.
Con escalones como este, difícilmente los funcionarios municipales lleguen alguna vez al cielo. Están a tiempo todavía de enmendar sus largas falencias.







