Morales confía en que será ratificado en el poder
En el Día de la Independencia boliviana, el presidente dio su mensaje anual en La Paz, ya que las autoridades de Sucre rechazan su presencia. Evo destacó los logros de su administración. "No tengo miedo al pueblo", dijo. La consulta no destrabará la crisis, afirman los analistas.
07 Agosto 2008 Seguir en 
La Paz.- El presidente, Evo Morales, quien debía dar ayer su informe a la Nación en Sucre -capital constitucional de Bolivia-, se vio obligado a hacerlo en La Paz ante el rechazo de las autoridades y dirigentes cívicos sucreños, que rechazan la presencia del mandatario en esa ciudad.
En su discurso, Morales volvió a expresar su confianza en el referendo del domingo. "No tengo miedo al pueblo", expresó ante centenares de personas que lo vitorearon. Según Morales, el referendo es una oportunidad para avanzar con los cambios en Bolivia, ya que espera su ratificación en el cargo y la caída de algunos prefectos opositores que bloquearon su "revolución democrática y cultural".
Con la mira en los votos
El presidente instó a la oposición a no poner trabas a la consulta popular y la responsabilizó por recientes episodios de violencia. Asimismo, aprovechó el mensaje por el 183º aniversario de la Independencia para prometer que nadie detendrá su sueño de igualdad y justicia. Y en un claro mensaje electoralista con vistas a la revocatoria del domingo, cuestionó "a los pequeños grupos privilegiados que "no quieren la igualdad y hablan de independencia bajo el manto de la autonomía". Al mismo tiempo, reivindicó el rol del Estado en la distribución de los recursos. "Es plata que viene de la lucha del pueblo", afirmó. "Bolivia dejó de ser un Estado mendigo; es un pueblo con mucha dignidad y soberanía", remarcó entre aplausos.
Durante su alocución, de unos 30 minutos, Morales trazó también un balance optimista de su gestión de nacionalizaciones y de grandes obras de infraestructura vial, pero evitó referirse a los incidentes del martes, en el que murieron dos mineros.
Pidieron su renuncia
Sucre rechazó la llegada de Morales, ya que le exige un pedido público de perdón por la represión policial de noviembre de 2007, cuando tres civiles murieron durante una protesta. El gobierno dice que el presidente no tiene por qué disculparse. La confrontación entre el Ejecutivo y Sucre llegó al extremo de que la prefecta de Chuquisaca, la indígena Savina Cuéllar, pidió la renuncia de Evo tras los sangrientos incidentes en Oruro. "Debe ser que no siente el dolor de las familias de los muertos. Si no tiene capacidad para gobernar, que se vaya a su casa", pidió Cuellar, elegida hace pocas semanas (por eso no está incluida en el referendo). Además de la oposición de Sucre, Evo tuvo que soportar el rechazo de la ciudad Tarija, al sur de Bolivia, que se resistió con protestas callejeras a su encuentro del martes con sus pares de la Argentina, Cristina Fernández, y de Venezuela, Hugo Chávez. Marchas cerca del aeropuerto obligaron a cancelar el encuentro tripartito.
Los incidentes afectaron la imagen del presidente y abonaron el clima de incertidumbre por el referendo revocatorio. En esa consulta, llamada a destrabar la aguda crisis entre el gobierno central y seis de los nueve departamentos del país, Evo y ocho prefectos pondrán sus cargos en juego.
Jugando con fuego
Pero para la mayoría de los analistas políticos, lejos de convertirse en solución, el referendo podría agravar la crisis. Ayer, el ex vicepresidente Víctor Hugo Cárdenas alertó sobre un hecho que resaltaron otros observadores: que si bien la consulta en el caso de Morales tiene un carácter nacional, podría suceder que las regiones donde predomine el "No" a su gestión terminen por no reconocer al mandatario. "Peligrosamente el gobierno juega con fuego con este referendo", aseguró Cárdenas. "Es un callejón sin salida. Así como el gobierno va a argumentar que está ratificado, las regiones dirán que allí está revocado. El referendo es una desgracia nacional", agregó.
Según distintas encuestas, Evo logrará el márgen suficiente para ser ratificado en el cargo. Sus principales opositores, incluido el poderoso prefecto de Santa Cruz, Rubén Costas, también superarían la prueba, con lo cual el referendo no cambiará en nada el panorama. (AFP-Reuter)
En su discurso, Morales volvió a expresar su confianza en el referendo del domingo. "No tengo miedo al pueblo", expresó ante centenares de personas que lo vitorearon. Según Morales, el referendo es una oportunidad para avanzar con los cambios en Bolivia, ya que espera su ratificación en el cargo y la caída de algunos prefectos opositores que bloquearon su "revolución democrática y cultural".
Con la mira en los votos
El presidente instó a la oposición a no poner trabas a la consulta popular y la responsabilizó por recientes episodios de violencia. Asimismo, aprovechó el mensaje por el 183º aniversario de la Independencia para prometer que nadie detendrá su sueño de igualdad y justicia. Y en un claro mensaje electoralista con vistas a la revocatoria del domingo, cuestionó "a los pequeños grupos privilegiados que "no quieren la igualdad y hablan de independencia bajo el manto de la autonomía". Al mismo tiempo, reivindicó el rol del Estado en la distribución de los recursos. "Es plata que viene de la lucha del pueblo", afirmó. "Bolivia dejó de ser un Estado mendigo; es un pueblo con mucha dignidad y soberanía", remarcó entre aplausos.
Durante su alocución, de unos 30 minutos, Morales trazó también un balance optimista de su gestión de nacionalizaciones y de grandes obras de infraestructura vial, pero evitó referirse a los incidentes del martes, en el que murieron dos mineros.
Pidieron su renuncia
Sucre rechazó la llegada de Morales, ya que le exige un pedido público de perdón por la represión policial de noviembre de 2007, cuando tres civiles murieron durante una protesta. El gobierno dice que el presidente no tiene por qué disculparse. La confrontación entre el Ejecutivo y Sucre llegó al extremo de que la prefecta de Chuquisaca, la indígena Savina Cuéllar, pidió la renuncia de Evo tras los sangrientos incidentes en Oruro. "Debe ser que no siente el dolor de las familias de los muertos. Si no tiene capacidad para gobernar, que se vaya a su casa", pidió Cuellar, elegida hace pocas semanas (por eso no está incluida en el referendo). Además de la oposición de Sucre, Evo tuvo que soportar el rechazo de la ciudad Tarija, al sur de Bolivia, que se resistió con protestas callejeras a su encuentro del martes con sus pares de la Argentina, Cristina Fernández, y de Venezuela, Hugo Chávez. Marchas cerca del aeropuerto obligaron a cancelar el encuentro tripartito.
Los incidentes afectaron la imagen del presidente y abonaron el clima de incertidumbre por el referendo revocatorio. En esa consulta, llamada a destrabar la aguda crisis entre el gobierno central y seis de los nueve departamentos del país, Evo y ocho prefectos pondrán sus cargos en juego.
Jugando con fuego
Pero para la mayoría de los analistas políticos, lejos de convertirse en solución, el referendo podría agravar la crisis. Ayer, el ex vicepresidente Víctor Hugo Cárdenas alertó sobre un hecho que resaltaron otros observadores: que si bien la consulta en el caso de Morales tiene un carácter nacional, podría suceder que las regiones donde predomine el "No" a su gestión terminen por no reconocer al mandatario. "Peligrosamente el gobierno juega con fuego con este referendo", aseguró Cárdenas. "Es un callejón sin salida. Así como el gobierno va a argumentar que está ratificado, las regiones dirán que allí está revocado. El referendo es una desgracia nacional", agregó.
Según distintas encuestas, Evo logrará el márgen suficiente para ser ratificado en el cargo. Sus principales opositores, incluido el poderoso prefecto de Santa Cruz, Rubén Costas, también superarían la prueba, con lo cual el referendo no cambiará en nada el panorama. (AFP-Reuter)
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