03 Agosto 2008 Seguir en 
Que buscamos alcanzar metas y sueños, hasta el tango lo dice -"Uno busca lleno de esperanzas el camino que los sueños prometieron a sus ansias..."-. También es cierto que en ciertas vidas el transcurrir puede devorar esos sueños y vaciar el corazón de coraje. Quizás porque hay cierta intolerancia a la felicidad y al triunfo -el ser humano es más proclive a los fracasos- algo debe enfrentarse en la vida para apostar al éxito, a lo único que podemos llamar "éxito": no ceder el deseo.
Lo perecedero
No es éxito aturdirse con objetos, poder o fama que dejan vacío el corazón y magullado de enfermedades el cuerpo. ¿Qué es preciso enfrentar para no ceder en los deseos y los sueños?: lo que Freud llama lo perecedero, es decir, que todo es breve, todo transitorio.
Cuando se borra lo perecedero, los humanos se recuestan en el muelle almohadón que les hace creer que la vida es eterna, que todo es seguro, para siempre y puede prorrogárselo.
Lo insaciable
Enfrentarse con lo perecedero implica lanzarse a la "búsqueda insaciable de aquello que casi se alcanza". Por eso, cuando recibimos el golpe que quiebra el supuesto embeleso de certidumbres: enfermedades, pérdida o amenaza de pérdida de un ser querido o de ideales muy valorados, es posible reaccionar y poner en marcha la lucha por los deseos postergados.
Y los sueños no se realizan en soledad, es preciso conseguir compañeros de navegación aún a sabiendas que, como la vida, serán transitorios y perecederos, pero que nos apoyan, alientan y sostienen, inclusive, contra nosotros mismos y con los que compartimos los muchos placeres que ofrece la vida.
Por eso, apresurémonos: este es el tiempo de vivir, el único.
Lo perecedero
No es éxito aturdirse con objetos, poder o fama que dejan vacío el corazón y magullado de enfermedades el cuerpo. ¿Qué es preciso enfrentar para no ceder en los deseos y los sueños?: lo que Freud llama lo perecedero, es decir, que todo es breve, todo transitorio.
Cuando se borra lo perecedero, los humanos se recuestan en el muelle almohadón que les hace creer que la vida es eterna, que todo es seguro, para siempre y puede prorrogárselo.
Lo insaciable
Enfrentarse con lo perecedero implica lanzarse a la "búsqueda insaciable de aquello que casi se alcanza". Por eso, cuando recibimos el golpe que quiebra el supuesto embeleso de certidumbres: enfermedades, pérdida o amenaza de pérdida de un ser querido o de ideales muy valorados, es posible reaccionar y poner en marcha la lucha por los deseos postergados.
Y los sueños no se realizan en soledad, es preciso conseguir compañeros de navegación aún a sabiendas que, como la vida, serán transitorios y perecederos, pero que nos apoyan, alientan y sostienen, inclusive, contra nosotros mismos y con los que compartimos los muchos placeres que ofrece la vida.
Por eso, apresurémonos: este es el tiempo de vivir, el único.











