03 Agosto 2008 Seguir en 
Un antiguo refrán dice que el hombre valora lo que tiene cuando lo pierde. Su vigencia hace pensar que se trata de una verdad intemporal. El hecho de que en general, el ser humano deba sufrir una pérdida importante para mirar de otro modo la vida o su relación con el mundo, si es que se siente insatisfecho o frustrado, pareciera un contrasentido. “Hacemos un planteo equivocado de la vida porque no consideramos que la finitud es parte constitutiva del ser. La premura por vivir nos hace olvidar las cosas importantes, que son desplazadas por las cosas urgentes. Las primeras son, por ejemplo, tener una familia, un hijo... no sabemos gozar de las cosas ordinarias”, afirma Jorge Gandur, párroco de Nuestra Señora de la Caridad, en Yerba Buena.
Un mundo sin dolor
El sacerdote señala que “las adversidades son positivas en cuanto nos despierta de la ilusión de que podemos construir un mundo sin dolor. Eso ocurre porque se ha perdido la dimensión espiritual. Frente a la adversidad o a la desilusión hay dos actitudes: cerrarme sobre mí mismo y volverme un amargado, o abrirme hacia los demás y empezar un camino nuevo de realización”.
Gandur piensa que postergamos los sueños porque nos pensamos como infinitos. “Jugamos con el tiempo pensando que es para siempre; lo que se tiene que hacer hoy no lo debemos posponer para mañana”, explica. “Jugamos con el tiempo y no lo aprovechamos por eso decimos: ‘voy a hacer esto cuando me jubile’. Si me quedaran pocas horas de vida, yo seguiría haciendo lo que estoy haciendo porque hay que saber vivir cada minuto con intensidad, como si fuera el último. Cuando se tiene claro qué estás haciendo, no hay por qué cambiar”, asevera.
De la vida larga
Durante más de cinco décadas ejerció la medicina; en 2002 fue designado por la Asociación de Cirugía de la Argentina “cirujano maestro” y la UNT lo hizo profesor emérito. “La juventud, la madurez están siempre ocupadas por el trabajo. Se cree que la vida va a ser muy larga y no se piensa en que las enfermedades o la muerte acechan. Felizmente porque si no, el hombre no podría realizarse, sería una muerte en vida”, señala el doctor Antonio Ahualli que el 29 de agosto celebrará sus 85 años.
“Se piensa que siempre hay tiempo y el hombre se posterga a sí mismo, a veces a la familia o a los amigos. Se piensa que ya llegará el momento de hacer lo que se quiere y no en que la vida puede terminar mañana. He visto gente atravesar por situaciones dramáticas. Depende de la personalidad de cada uno: están los que se paralizan y se postran, son negativos; otros, si tienen recursos económicos, se dedican a pasear, a disfrutar de la vida, son los menos. Depende también del estado económico”.
¿Qué haría si le quedaran 24 horas de vida? “Trataría de juntar conmigo a mis hijos y darles los consejos máximos acerca de la vida sobre la base de mi experiencia”, concluye Ahualli.
Un mundo sin dolor
El sacerdote señala que “las adversidades son positivas en cuanto nos despierta de la ilusión de que podemos construir un mundo sin dolor. Eso ocurre porque se ha perdido la dimensión espiritual. Frente a la adversidad o a la desilusión hay dos actitudes: cerrarme sobre mí mismo y volverme un amargado, o abrirme hacia los demás y empezar un camino nuevo de realización”.
Gandur piensa que postergamos los sueños porque nos pensamos como infinitos. “Jugamos con el tiempo pensando que es para siempre; lo que se tiene que hacer hoy no lo debemos posponer para mañana”, explica. “Jugamos con el tiempo y no lo aprovechamos por eso decimos: ‘voy a hacer esto cuando me jubile’. Si me quedaran pocas horas de vida, yo seguiría haciendo lo que estoy haciendo porque hay que saber vivir cada minuto con intensidad, como si fuera el último. Cuando se tiene claro qué estás haciendo, no hay por qué cambiar”, asevera.
De la vida larga
Durante más de cinco décadas ejerció la medicina; en 2002 fue designado por la Asociación de Cirugía de la Argentina “cirujano maestro” y la UNT lo hizo profesor emérito. “La juventud, la madurez están siempre ocupadas por el trabajo. Se cree que la vida va a ser muy larga y no se piensa en que las enfermedades o la muerte acechan. Felizmente porque si no, el hombre no podría realizarse, sería una muerte en vida”, señala el doctor Antonio Ahualli que el 29 de agosto celebrará sus 85 años.
“Se piensa que siempre hay tiempo y el hombre se posterga a sí mismo, a veces a la familia o a los amigos. Se piensa que ya llegará el momento de hacer lo que se quiere y no en que la vida puede terminar mañana. He visto gente atravesar por situaciones dramáticas. Depende de la personalidad de cada uno: están los que se paralizan y se postran, son negativos; otros, si tienen recursos económicos, se dedican a pasear, a disfrutar de la vida, son los menos. Depende también del estado económico”.
¿Qué haría si le quedaran 24 horas de vida? “Trataría de juntar conmigo a mis hijos y darles los consejos máximos acerca de la vida sobre la base de mi experiencia”, concluye Ahualli.










