Sucesos argentinos

Nuevamente, como en la posguerra, como en los ?70 y como en los ?90, la dirigencia argentina construye sus fracasos sacrificando una nueva generación. La fiesta de los K. Por Miguel Angel Rouco - Agencia DYN.

03 Agosto 2008
BUENOS AIRES.- La globalización demostró que los países no pueden hacer de todo. El proceso de globalización, al mismo tiempo que generaba una explosión de nacionalismos y un rebrote de las etnias, provocaba también una acentuación del esquema de división internacional del trabajo, y una ola de asociación y complementación económica que irrigaba beneficios por doquier. Esa revolución productiva demostró que en poco tiempo muchos países pudieron pasar de una situación de dificultad extrema a otra de envidiable calidad de vida. De la misma manera, las asociaciones permitieron, cuanto menos, colocar a países dentro del selecto grupo de naciones con un ponderable nivel económico. Finlandia es el caso emblemático de los resultados de la división laboral planetaria ocurrida a partir de los ?90. España es el ejemplo de los beneficios de las asociaciones económicas. Irlanda, la síntesis y la sinergia de ambos. La Argentina es la consecuencia de no haber seguido ninguno de los dos procesos y en todo caso, la nave insignia de los negados y del fenómeno de liquidación generacional. Nuevamente, como en la posguerra, como en los ?70 y como en los ?90, la dirigencia argentina construye sus fracasos sacrificando una nueva generación. Debe de haber pocos países en el mundo que dejen pasar tantas oportunidades históricas en tan poco tiempo. ¿Cómo explicar al mundo que la dirigencia argentina diseña una política que perjudica al sector agroalimentario, principal motor de la economía?

Gasto a cuenta
El conflicto desatado entre la administración y el sector rural le costó al Banco Central U$S 3.600 millones. El freno abrupto de las inversiones y del nivel de actividad provocaron la virtual desaparición de los llamados "superávit gemelos", uno de los pilares del esquema Kirchner. De no ser por la suba de los commodities, el saldo comercial mostraría números en rojo, y de la misma manera, por el efecto de las retenciones, el resultado fiscal sería negativo. El Gobierno gastó a cuenta y ahora comienzan los problemas. La situación se tornó insostenible porque detrás de la inflación asoma el fantasma de la recesión. De allí que se ha iniciado el proceso inverso de corrección de excesos. Para colmo, el fracaso de la Ronda Doha en la OMC desvanece las posibilidades de una mejora en los flujos comerciales. El petróleo cayó 20% y otro tanto ha ocurrido con los commodities agrícolas y el resto de los metales. Comienza a desarmarse el apalancamiento de los fondos de inversión que vuelven a comprar acciones y bonos con calificación de grado de inversión, luego de la aguda baja de cotizaciones con precios de liquidación. De allí la advertencia del FMI de esta semana para los países emergentes: corregir la inflación, los desvíos fiscales y de balance de pagos porque las condiciones financieras internacionales no les dejarán margen para salir al mercado.
Mientras tanto, la dirigencia argentina intenta apagar el incendio echando más nafta al fuego. Aumenta impuestos provinciales, ajusta tarifas a productores de bienes y servicios, asume pasivos multimillonarios del sector privado, reduce haberes previsionales en términos nominales y en términos reales, castiga a las inversiones, reduce la oferta global, alimenta la demanda creando moneda espuria y liquida reservas en moneda dura. El aislamiento internacional diseñado desde 2003 condujo a esta situación. El Gobierno se encapsuló y no miró lo que ocurría en el mundo. Mientras todo el planeta se preparó para afrontar la crisis financiera internacional y las correcciones de los mercados, la administración Kirchner siguió de fiesta.

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