El rumbo electoral

El calendario de las elecciones está en tela de juicio.

07 Enero 2003
BUENOS AIRES.- El panorama generalizado de rechazos obligó al duhaldismo a descartar el proyecto de Ley de Lemas y abrió de inmediato otro cauce de especulaciones que están poniendo en tela de juicio el calendario electoral convertido en ley por el Congreso y promulgado el lunes 30 de diciembre por el Poder Ejecutivo. La más firme de esas conjeturas tiene origen en el propio Gobierno y apunta a octubre como el plazo exigido por la Constitución para completar el mandato de Fernando de la Rúa. Muy cerca del jefe de Gabinete, Alfredo Atanasof, se afirmó al comenzar la semana que Eduardo Duhalde cumpliría igualmente con su propósito de abandonar el Gobierno; pero que, en tal caso, no tendría impedimento para ser candidato a la Presidencia, teniendo en cuenta el futuro calendario. De acuerdo con lo expresado -que olvida el compromiso formal suscripto de no postularse para el futuro gobierno- bastaría que el nuevo jefe de la transición estuviera acompañado por el acuerdo con el Fondo Monetario, pues ello consolidaría la marcha de la economía bajo el actual equipo del Palacio de Hacienda y el Banco Central. La decisión de descartar el pacto con el enemigo no se produjo por escrúpulos constitucionalistas, sino por la certeza de que buena parte del menemismo parlamentario se mantendría ausente a la hora de votar esa Ley de Lemas, tratando así de abrir paso al compromiso alternativo de realizar internas.

Lejos de la gente
Otra alternativa oficialista, aunque menos confiable, es derivar, nuevamente, el problema de liquidar las aspiraciones de Carlos Menem a una nueva convocatoria del congreso partidario. La misma, sin embargo, parece no tener en cuenta que si se desistió de ese camino y se trató de pactar, fue por las deserciones y vacilaciones observadas entre gobernadores y jefes de distrito ante el incierto escenario justicialista, censurado ahora en el seno del propio Gobierno, donde el rechazo del sistema de lemas se insinuó de inmediato. "Lo único que faltaba era que en el presente clima de relativa tranquilidad económica comenzáramos a dividirnos en Palacio", comentó uno de los más frecuentes voceros gubernamentales.

Comentarios desechados
En medio del cuadro político con perfil renacentista que ofrece el justicialismo, el furor turístico consumista, la caída del dólar y la encuesta internacional de Gallup que ubica a los argentinos entre los más optimistas para el nuevo año, no dan cabida en estos días al masoquismo de ciertos comentarios sobre la fase terminal de la República.
Con tales testimonios de la sociedad -que demuestra su alejamiento de los políticos, no de la política, entiéndase bien- no es difícil esperar una prolongación de la transición sin ningún candidato a la vista capaz de seducir a la gran mayoría o, por lo menos, de aligerar un proceso electoral confiable. Todo eso es posible y hasta muy probable, porque en otra de las cosas que la comunidad nacional ha dejado de creer es en la ruptura del orden constitucional. (De nuestra Sucursal)

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