Los accidentes y el alcohol

Tucumán pasó a ocupar el tercer lugar en las estadísticas nacionales.

07 Enero 2003
Parte que excede y pasa más allá de la medida o regla. Lo que sale en cualquier línea de los límites de lo ordinario o de lo lícito. Aquello en que una cosa excede a otra. Enajenamiento y transportación de sentidos. Todas estas son definiciones de la palabra exceso. Desde tiempos muy remotos el hombre aprendió a fermentar granos y jugos para obtener una sustancia que le provocaba un estado especial. Este estado varía en las diferentes personas de acuerdo con la cantidad ingerida y de acuerdo con las motivaciones de su injerencia. Existen informes escritos del uso de cerveza, vinos y otras bebidas alcohólicas que datan de 3.000 años antes de Cristo. La influencia del alcohol en la sociedad ha tenido gran peso como factor problemático en la conformación y en el funcionamiento de la familia, del individuo y, por ende, de la sociedad.
Se sabe desde hace mucho que la mezcla de alcohol con la velocidad puede ser mortal. El consumo de bebidas alcohólicas provoca la disminución del campo visual; perturba el sentido del equilibrio; los movimientos se hacen menos precisos; disminuye la resistencia física; aumenta la fatiga; se dificulta la acomodación de la vista a los cambios de luz; se calcula mal la distancia; disminuyen los reflejos y aumenta el tiempo de reacción. El alcohol produce también efectos psicológicos que hacen que, cuando se conduce, no sólo no se sea consciente de la disminución de las facultades sino que se sienta todo lo contrario. Hay sentimiento de invulnerabilidad; se subestima el riesgo; se tienen sentimientos de impaciencia y agresividad, y se disminuye la capacidad de atención.
Los jóvenes consumen bebidas alcohólicas por varios motivos; entre ellos: para sentirse bien y divertirse; para descansar y eliminar el estrés; para escapar de sus problemas; porque les agrada el sabor de las bebidas; para estar más a gusto en reuniones; para desinhibirse; para ser aceptados por el grupo y para emborracharse.
En nuestra edición del domingo, informamos que, de acuerdo con un sondeo realizado en el hospital Padilla, principal receptor de heridos por accidentes, se producen 300 choques mensuales y que el 70% de las víctimas se halla bajo el efecto del alcohol. El director de Emergentología de ese nosocomio señaló que el 86% de las lesiones cráneo-faciales que presentan los heridos tiene por protagonistas a los motociclistas. De acuerdo con estos índices, Tucumán pasó a ocupar el tercer lugar en las estadísticas nacionales. Por otra parte, el director del Instituto Provincial de Lucha contra el Alcoholismo señaló que la ingesta de las jóvenes, de entre 15 y 21 años, se incrementó un 1,75%. Según el funcionario, influye el hecho de que muchos padres dejan que sus hijos pasen las vacaciones con grupos de amigos en las zonas serranas.
Estos índices estadísticos reflejan el estado de incultura en que viene cayendo nuestra sociedad y que también se advierte en la constante transgresión de las normas establecidas, especialmente en materia vial. Por un lado, se evidencia una fragilidad en la educación que se les imparte a los jóvenes sobre el peligro de la ingesta alcohólica y sus perniciosas consecuencias, tanto en el hogar como en el colegio. Se sabe que la adolescencia es una etapa muy difícil, en la cual los padres no deben desentenderse de los jóvenes. Todo lo contrario: a mayor afecto y diálogo menores angustias y adicciones de cualquier tipo. Ciertamente los jóvenes también expresan a su modo el malestar social de los tucumanos por la sensación de desgobierno cotidiano, por las urgencias económicas, por el elevado nivel desempleo y por la falta de oportunidades, entre muchas otras causas.
Tanto el incremento de los accidentes como el aumento de la ingesta alcohólica en la juventud tienen que ver también con la transgresión de la reglas y la falta de controles. Si el Estado no educa, no sanciona los excesos aplicando la ley con rigor y sin miramientos; si no impone multas ejemplares a los comercios que expenden bebidas a los menores, estos índices lamentables seguirán creciendo y se estará apostando más a la muerte que a la vida.

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