27 Julio 2008 Seguir en 
BUENOS AIRES.- Con 42 años de diferencia, la estatua de Julio A. Roca, en la intersección de Diagonal Sur, Perú y Alsina de esta ciudad, fue testigo del avasallamiento de dos gobiernos al trabajo y a la investigación en el sector público, destruyendo una tarea de décadas y de cuya recomposición nadie está en condiciones de dar garantías. A pocos metros de la estatua, un 29 de julio de 1966 la policía del dictador Juan Carlos Onganía comenzaba el proceso de deterioro de la educación superior con la represión en la antigua sede de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires. Gracias a la pluma de Julio Argañaraz el hecho se hizo conocido como “La noche de los bastones largos”. En la otra esquina, el 21 de julio de 2008, una fuerza de choque que suele actuar con la tranquilidad de quienes se sienten protegidos irrumpió en el local que los trabajadores de la Asociación de Trabajadores del Estado tienen en la sede del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), rompiendo todo lo que encontraban a su paso. Hasta el momento, la única respuesta oficial fue el silencio, más allá de un comunicado en el que termina endosándosele la responsabilidad a las víctimas del atropello.
El derrumbe de la educación universitaria, en recursos físicos, financieros y humanos, no se puede limitar a la represión de un solo día, de la misma manera que nadie puede decir que el proceso de destrucción del sistema estadístico nacional haya comenzado el lunes pasado. Por el contrario, ya va un año y medio de manipulación estadística permanente y sistemática, que comenzó con el índice de precios al consumidor y se extendió a la mayoría de los indicadores elaborados en el Indec. Mes a mes, se asiste al insólito espectáculo de un gobierno que presenta a la población como verdadera una información que ya todos de antemano saben que es falsa. El problema es mucho más grave y ya afecta a decisiones en diferentes ámbitos: los trabajadores no cuentan con un parámetro confiable para saber si sus ingresos reales mejoraron o se deterioraron y, en consecuencia, tampoco para fijar una posición en las discusiones paritarias. Inquilinos y locadores tampoco tienen una regla común a la que atenerse, al igual que cualquier persona o empresa que tenga que renovar un contrato, en tanto la medición de los costos empresarios pasó a convertirse en un absurdo, si fuera cierto que algunos comercios venden más barato que lo que compran. Los jubilados que esperan una movilidad de haberes en base a algún coeficiente oficial podrán lamentar el particular “efecto acumulativo” de haber bastardeado las estadísticas: sus ya menguados ingresos reales se verán recortados mes a mes. Y a los jubilados del futuro, ya saben cómo se indexan los títulos públicos.
Sin pautas
Pero los efectos de la trampa se expandieron hasta llegar a afectar a sus propios autores, embelesados por un espectacular crecimiento nominal de la recaudación que oculta la verdadera incidencia de la inflación en los ingresos. ¿En base a qué pautas de inflación y de crecimiento del PBI se elaborará el Presupuesto 2009, que formalmente deberá presentarse al redivivo Congreso en menos de dos meses? El problema puede no ser tan dramático para un gobierno acostumbrado a reformular la ex ley de leyes a través de decisiones administrativas, pero ¿cómo diseñar, por ejemplo, un programa de inclusión social si las propias estadísticas oficiales esconden no sólo la cantidad real de pobres sino también su localización geográfica? ¿Qué capacidad de diagnóstico tendrán los funcionarios políticos y técnicos de las diferentes áreas?
El desconcierto también se hizo palpable en medio del conflicto entre el Gobierno y las entidades agropecuarias, en cuyo transcurso se produjo lo inconcebible: la actividad económica “creció” 1,4% de abril a mayo, mientras en muchas ciudades y pueblos del interior la parálisis industrial, agropecuaria y comercial daba paso a la ruptura de la cadena de pagos.
A lo largo de 18 meses pueden citarse muchos más ejemplos. Por acción u omisión, la responsabilidad política de lo realizado excede al secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, que al momento de escribirse estas líneas permanece en el cargo. Los compromisos generados en ese tiempo son su mejor garantía de permanencia: pasaron dos presidentes, un jefe de Gabinete (¿o dos?), cuatro ministros de Economía y tres directores generales del Indec. ¿Estarán interesadas esas personas en que Moreno diga todo lo que sabe? Horas después de la patoteada en el Indec, Moreno se hizo presente en Casa de Gobierno, donde se celebraba el acto de traspaso de Aerolíneas al Estado. Se sentó al lado de Hugo Yasky, secretario general de la CTA a la que están afiliados, precisamente, los trabajadores de ATE-Indec. Al día siguiente, Yasky volvió a la Rosada, para participar de la reunión preparatoria del Consejo del Salario. En esa oportunidad, se sentó al lado de Andrés Rodríguez, líder de la UPCN a la que los trabajadores de ATE Indec atribuyen participación en los incidentes. Al parecer, los trámites para que la CTA obtenga la personería están avanzando... Queda en la inteligencia del lector deducir cuál será la moneda de cambio.
El derrumbe de la educación universitaria, en recursos físicos, financieros y humanos, no se puede limitar a la represión de un solo día, de la misma manera que nadie puede decir que el proceso de destrucción del sistema estadístico nacional haya comenzado el lunes pasado. Por el contrario, ya va un año y medio de manipulación estadística permanente y sistemática, que comenzó con el índice de precios al consumidor y se extendió a la mayoría de los indicadores elaborados en el Indec. Mes a mes, se asiste al insólito espectáculo de un gobierno que presenta a la población como verdadera una información que ya todos de antemano saben que es falsa. El problema es mucho más grave y ya afecta a decisiones en diferentes ámbitos: los trabajadores no cuentan con un parámetro confiable para saber si sus ingresos reales mejoraron o se deterioraron y, en consecuencia, tampoco para fijar una posición en las discusiones paritarias. Inquilinos y locadores tampoco tienen una regla común a la que atenerse, al igual que cualquier persona o empresa que tenga que renovar un contrato, en tanto la medición de los costos empresarios pasó a convertirse en un absurdo, si fuera cierto que algunos comercios venden más barato que lo que compran. Los jubilados que esperan una movilidad de haberes en base a algún coeficiente oficial podrán lamentar el particular “efecto acumulativo” de haber bastardeado las estadísticas: sus ya menguados ingresos reales se verán recortados mes a mes. Y a los jubilados del futuro, ya saben cómo se indexan los títulos públicos.
Sin pautas
Pero los efectos de la trampa se expandieron hasta llegar a afectar a sus propios autores, embelesados por un espectacular crecimiento nominal de la recaudación que oculta la verdadera incidencia de la inflación en los ingresos. ¿En base a qué pautas de inflación y de crecimiento del PBI se elaborará el Presupuesto 2009, que formalmente deberá presentarse al redivivo Congreso en menos de dos meses? El problema puede no ser tan dramático para un gobierno acostumbrado a reformular la ex ley de leyes a través de decisiones administrativas, pero ¿cómo diseñar, por ejemplo, un programa de inclusión social si las propias estadísticas oficiales esconden no sólo la cantidad real de pobres sino también su localización geográfica? ¿Qué capacidad de diagnóstico tendrán los funcionarios políticos y técnicos de las diferentes áreas?
El desconcierto también se hizo palpable en medio del conflicto entre el Gobierno y las entidades agropecuarias, en cuyo transcurso se produjo lo inconcebible: la actividad económica “creció” 1,4% de abril a mayo, mientras en muchas ciudades y pueblos del interior la parálisis industrial, agropecuaria y comercial daba paso a la ruptura de la cadena de pagos.
A lo largo de 18 meses pueden citarse muchos más ejemplos. Por acción u omisión, la responsabilidad política de lo realizado excede al secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, que al momento de escribirse estas líneas permanece en el cargo. Los compromisos generados en ese tiempo son su mejor garantía de permanencia: pasaron dos presidentes, un jefe de Gabinete (¿o dos?), cuatro ministros de Economía y tres directores generales del Indec. ¿Estarán interesadas esas personas en que Moreno diga todo lo que sabe? Horas después de la patoteada en el Indec, Moreno se hizo presente en Casa de Gobierno, donde se celebraba el acto de traspaso de Aerolíneas al Estado. Se sentó al lado de Hugo Yasky, secretario general de la CTA a la que están afiliados, precisamente, los trabajadores de ATE-Indec. Al día siguiente, Yasky volvió a la Rosada, para participar de la reunión preparatoria del Consejo del Salario. En esa oportunidad, se sentó al lado de Andrés Rodríguez, líder de la UPCN a la que los trabajadores de ATE Indec atribuyen participación en los incidentes. Al parecer, los trámites para que la CTA obtenga la personería están avanzando... Queda en la inteligencia del lector deducir cuál será la moneda de cambio.







