Transitando por desfiladeros estrechos

El gobierno debe cuidar el camino elegido para controlar los precios de los productos de la canasta básica.

06 Enero 2003
Por Pablo Kandel

BUENOS AIRES.- Todo indica que, con el comienzo de 2003, la política económica abandonó la senda ancha y confortable que transitaba al finalizar 2002 y que llevó a que fuera calificado su ministro de Economía, Roberto Lavagna, como "el hombre del año". En su lugar se impuso un tira y afloja, un transitar por desfiladeros estrechos donde crece el peligro de que un cambio de precios relativos más favorable a las exportaciones y a los transables, y un comienzo de redistribución de riqueza y renta hacia sectores de trabajadores y sociales sistemáticamente postergados, se frustre como en experiencias históricas anteriores.
Más concretamente, que todo el esfuerzo desemboque simplemente en remarcaciones de precios, las cuales a su vez terminan en un proceso hiperinflacionario. La amenaza de constantes aumentos golpea a productos básicos y esenciales para la canasta familiar, y arrastra a la indigencia a nuevos sectores o a quienes ya esperaban salir de ella en base a una incipiente demanda laboral.

Los señalados
La posibilidad de frenar ese proceso mediante nuevas retenciones o incremento de las existentes se yergue distintamente, para disgusto de los exportadores y/o productores agropecuarios, a quienes una vez más se quiere señalar con el dedo como generadores de desequilibrio y desmesurada transferencia de ingresos a su favor, cuando en realidad es el Gobierno el que se llevó la parte del león en esta nueva configuración de precios que trajo la devaluación de 2002.
A la vez que se perfilan los tradicionales mecanismos de disminución selectiva de aranceles de importación para disminuir las indexaciones de productos industrializados, y la colocación obligatoria de precios en los envases o packaging de los productos de consumo masivo, si bien se descarta un control directo de precios o un listado de precios máximos.
La diferencia con otros procesos en los que hubo que aplicar dispositivos de represión económica, entre los cuales surgen nítidamente a la memoria la ley de abastecimiento de Gelbard durante el tercer gobierno de Perón y las fórmulas polinómicas para autorizar incrementos de precios durante el Plan Austral y el Plan Primavera de Alfonsín - Sourrouille, es que por aquellos años el parámetro más temido, y el que generaba inflación reprimida, era el valor dólar que crecía constantemente y para neutralizarlo se aplicaban cambios congelados o dobles y triples mercados cambiarios mientras se enfrentaba una especulación y un pánico como el de febrero de 1989. Ahora, ese elemento de presión está completamente ausente. El dólar, después de haberse soltado como un elástico largamente comprimido por once años de convertibilidad, tuvo un nuevo techo en junio de 2002 y en julio cuando trepó a los $ 4.
Luego de eso permaneció expectante, pero en las últimas semanas no ha hecho más que bajar, lo que es un fenómeno inédito en las tradicionalmente muy mal manejadas crisis económicas argentinas. Al mismo tiempo se plantea una readecuación de la carga impositiva a fin de equilibrar los precios de las distintas carnes, pollo, pescado, etc., así como en los farináceos y el pan.
Finalmente hay otro ingrediente que se sumará a esta inestable mesa y es la lógica pretensión de la parte sindical de recuperar ingresos a través de aumentos de sueldos. Y todo esto sin mencionar dos cuestiones que todavía no tienen solución visible: una, los precios de los servicios públicos, y otra, el fallo de la Corte sobre la redolarización.
El Gobierno de la transición tendrá que estar muy atento para que las variables no se vayan de control y ver qué planes alternativos tienen, si es que tienen algunos, los candidatos con alguna probabilidad de llegar a la presidencia en los próximos comicios.

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