Lejos de "Lula"

No existe un equivalente del plan "Hambre Cero". En Simoca no alcanza la leche para 1.300 niños desnutridos.

06 Enero 2003
Por Federico Abel

El presidente de Brasil, Luiz Inácio "Lula" da Silva, conoció los ayunos obligados de la pobreza. Confiesa que comenzó a comer regularmente a los 7 años, porque hasta esa edad sólo bebía una taza de café con un pedazo de pan por día. Quizá esta sea la razón por la que, antes que prometer que instalará a Brasil en el primer mundo, se propuso como objetivo de su gestión que los 170 millones de habitantes de su país puedan hacer las tres comidas diarias (desayuno, almuerzo y cena), como sucede, por cierto, en cualquier país civilizado. Por ello lanzó el programa "Hambre Cero" y la primera medida de gobierno fue suspender la compra de 12 aviones de combate por U$S 760 millones para destinarlos al plan alimentario. Una interesante transacción: comida por armas. A juzgar por el discurso y por los primeros gestos, parece que a "Lula" no le gustaría que presenten un pedido de destitución en su contra, responsabilizándolo de la muerte de 18 niños por desnutrición. Curiosamente, "Lula" adujo que satisfacer una necesidad tan básica como la alimentación es una obligación impuesta por la Constitución brasileña y por la Declaración Universal de los Derechos del Hombre.
Precisamente, el incumplimiento de este deber respecto de los niños -palabras más, palabras menos- fue el argumento por el cual un joven abogado solicitó un juicio político contra Julio Miranda; planteo que, más allá de las razones jurídicas, fue condenado a un olvidado archivo.
"Lula" está de moda, pero no en Tucumán. Aquí, desde hace dos semanas, las energías de buena parte de la dirigencia están encerradas -y no precisamente por devoción a la Teología- en una discusión medieval sobre la religión que debe profesar el futuro gobernador (¿acaso Dios no es uno y el mismo desde que se acabó el politeísmo?), cuando en Simoca hay 1.300 niños desnutridos para los cuales no alcanzan las cajas de leche que envía la Nación. Eso sin mencionar que el 57,6% de la población es pobre (763.000 tucumanos) y otro 19,4% (257.000 personas), directamente, es indigente (viven con menos de $ 1 por día). En una época políticamente caracterizada por la crisis de la democracia representativa, ver la alegría de la multitud que siguió la asunción de "Lula" es cuanto menos sorprendente y hasta sanamente envidiable, porque implica una revalorización institucional de lo público; más aún si las cosas son analizadas desde un país en el que muchos dirigentes temen salir a la calle por miedo a ser escrachados. En esto la moda "Lula" tampoco llegó a Tucumán.
Y tardará mientras las discusiones por las candidaturas sigan obsesionando más que la desnutrición de los niños y la falta de trabajo y de beneficios previsionales para los padres y abuelos de los menores. Lo peor es que, por este camino, los índices del hambre jamás se estacionarán en el número cero, como por estos días sueñan en Brasil.

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