06 Enero 2003 Seguir en 
Los datos de la Secretaría de Agricultura de la Nación confirmaron lo que todos ya sabían: por el impacto de la inflación y la caída del poder adquisitivo en 2002 se produjo una fuerte baja en el consumo de carnes, fiambres y lácteos.
Según el organismo oficial, en promedio, cada ciudadano consumió un 3% menos de carne vacuna (aunque en ámbitos privados, admiten que el consumo bajó mucho más); un 36% menos de carne porcina y fiambres, un 31% menos de pollo y un 17% menos de productos lácteos -como ser queso, yogur y dulce de leche-. Muchos de estos productos son considerados básicos en la canasta familiar y su disminución en el consumo implica una baja directa en la calidad de vida de los ciudadanos.
El presidente de la Cámara de Supermercados de Tucumán, Guillermo Saccomani, confirmó que en la provincia hubo una baja considerable en el consumo de estos productos, si se compara 2002 con 2001. "Todo es producto de la devaluación y de la pérdida del poder adquisitivo de la gente", justificó.
Durante el año pasado, la carne vacuna aumentó cerca de un 85%; la leche un 66%; el pollo más del 100% y los fiambres más del 90%. "Estos ajustes tuvieron un fuerte impacto en el bolsillo familiar y eso se notó en la disminución de nuestras ventas", expresó el supermercadista. "Por eso la gente cambió sus hábitos de consumo y comenzó a adquirir productos alternativos, como por ejemplo soja y legumbres", añadió.
Según la Secretaría de Agricultura, los argentinos redujeron el consumo de carne de cerdo y fiambres de 7,4 a 4,7 kilos anuales per cápita. En el caso de la leche, el consumo bajó de 230 litros anuales a 190 litros. En tanto, el consumo de carne disminuyó cerca de un 3%. Sin embargo, los dueños de frigoríficos de Tucumán remarcaron que la cifra es muy superior. "Las ventas bajaron cerca del 60% de un año a otro", insistió un importante matarife. "Además la gente se inclinó por productos de menor calidad y más baratos", añadió.
Ocurre que un kilo de blando de primera calidad se vende a $ 8,50 y eso provocó una fuerte retracción en el consumo. Además remarcaron que en 2002 se notó una mayor faena de vacas que de novillos y terneras, por la diferencia de precios. "Si seguimos así, se exterminarán todos los vientres vacunos y eso sería muy negativo", manifestó el empresario de la carne.
Esta característica de comprar los productos más económicos y de segundas marcas predominó en todos los rubros.
Estabilidad
Saccomani puntualizó que es fundamental que el Gobierno nacional tome medidas económicas que mantengan la estabilidad y los precios y que apunten al crecimiento del mercado interno. "Hubo muchos sectores que se beneficiaron con la devaluación y comenzaron a exportar, pero falta la reactivación del mercado interno", insistió el supermercadista.
Según el organismo oficial, en promedio, cada ciudadano consumió un 3% menos de carne vacuna (aunque en ámbitos privados, admiten que el consumo bajó mucho más); un 36% menos de carne porcina y fiambres, un 31% menos de pollo y un 17% menos de productos lácteos -como ser queso, yogur y dulce de leche-. Muchos de estos productos son considerados básicos en la canasta familiar y su disminución en el consumo implica una baja directa en la calidad de vida de los ciudadanos.
El presidente de la Cámara de Supermercados de Tucumán, Guillermo Saccomani, confirmó que en la provincia hubo una baja considerable en el consumo de estos productos, si se compara 2002 con 2001. "Todo es producto de la devaluación y de la pérdida del poder adquisitivo de la gente", justificó.
Durante el año pasado, la carne vacuna aumentó cerca de un 85%; la leche un 66%; el pollo más del 100% y los fiambres más del 90%. "Estos ajustes tuvieron un fuerte impacto en el bolsillo familiar y eso se notó en la disminución de nuestras ventas", expresó el supermercadista. "Por eso la gente cambió sus hábitos de consumo y comenzó a adquirir productos alternativos, como por ejemplo soja y legumbres", añadió.
Según la Secretaría de Agricultura, los argentinos redujeron el consumo de carne de cerdo y fiambres de 7,4 a 4,7 kilos anuales per cápita. En el caso de la leche, el consumo bajó de 230 litros anuales a 190 litros. En tanto, el consumo de carne disminuyó cerca de un 3%. Sin embargo, los dueños de frigoríficos de Tucumán remarcaron que la cifra es muy superior. "Las ventas bajaron cerca del 60% de un año a otro", insistió un importante matarife. "Además la gente se inclinó por productos de menor calidad y más baratos", añadió.
Ocurre que un kilo de blando de primera calidad se vende a $ 8,50 y eso provocó una fuerte retracción en el consumo. Además remarcaron que en 2002 se notó una mayor faena de vacas que de novillos y terneras, por la diferencia de precios. "Si seguimos así, se exterminarán todos los vientres vacunos y eso sería muy negativo", manifestó el empresario de la carne.
Esta característica de comprar los productos más económicos y de segundas marcas predominó en todos los rubros.
Estabilidad
Saccomani puntualizó que es fundamental que el Gobierno nacional tome medidas económicas que mantengan la estabilidad y los precios y que apunten al crecimiento del mercado interno. "Hubo muchos sectores que se beneficiaron con la devaluación y comenzaron a exportar, pero falta la reactivación del mercado interno", insistió el supermercadista.
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