"Sólo hay un pseudo plan de estabilización"

Según el economista, para salir del proceso de desaceleración económica, el Gobierno debe diseñar una verdadera estrategia antiinflacionaria. Observa que la derrota oficial en el Senado y la posterior derogación de la Resolución ministerial 125 no modificarán bruscamente el escenario económico nacional.

20 Julio 2008
El capítulo del conflicto entre el Gobierno y el campo se cerró de una manera impensada con el rechazo al proyecto oficial en el Senado de la Nación y luego con la derogación de la polémica resolución ministerial 125 que subió las retenciones móviles. Sin embargo, no se trata de una batalla que haya dejado vencedores y vencidos. Por el contrario, sólo permitió correr un velo para que los argentinos se expongan a los verdaderos problemas económicos opacados por el enfrentamiento por las retenciones móviles que lleva más de cuatro meses. Ni el rechazo al proyecto ni su eventual aprobación constituyen la solución definitiva a un grave problema nacional, sostiene Federico Muñoz, titular de la consultora que lleva su nombre. En una charla con LA GACETA, el economista habla de los tres dilemas para la gestión de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner.

-¿Qué sucederá en la Argentina a partir de la decisión de los senadores y, posteriormente, la del Gobierno de derogar la Resolución 125?
-La sorpresa (de la decisión de rechazar las retenciones móviles) fue muy grande, pero sirvió para correr un poco el telón de lo que significaba el conflicto entre el Gobierno y el campo y que, de alguna manera, cubría la realidad argentina, porque la coyuntura no nos dejaba ver más allá. Si hacemos un ejercicio por correr ese telón, encontraremos tres puntos muy concretos: el desplome de la popularidad del Gobierno, la fortísima desaceleración de la economía y la reinstalación de la inflación como problema de fondo y acuciante en la Argentina. Entonces, para analizar el cómo sigue la situación podríamos ahondar en cada aspecto a partir de ciertos indicadores que constituyen la clara muestra de la desaceleración económica nacional.  De todos modos, si no se hubiera derogado la resolución 125, la estrategia oficial en materia económica era de difícil sostenimiento. No cambia el panorama, pero seguimos esperando la reacción oficial después de la derrota legislativa. Hasta ahora, desde el Gobierno no dieron mayores indicios respecto de qué tipos de cambios aplicarán en su política económica.

-¿Y cuáles son las conclusiones a las que podemos arribar a la luz del comportamiento de los indicadores socioeconómicos?
-Sólo revelan, parcialmente, los problemas domésticos. En materia de inflación, desde la consultora observamos que, a partir de un monitoreo generalizado en varias provincias, la inflación anual es del 26%, a un ritmo incompatible con el funcionamiento normal de la economía. Esto representa sólo una foto de la realidad...

-¿Y qué puede esperarse?
-En materia de popularidad de la gestión, podemos decir que hay un grupo de argentinos que se divorció con Cristina y esas diferencias son irreconciliables. Estamos hablando de sectores de clase media urbana y gran parte de la población del interior del país, sobre todo, la gente de zonas rurales. Otro sector de la población siente cierto rechazo hacia el Gobierno a partir de que la gestión no puede darle soluciones a los problemas cotidianos como la inflación que agobia a todos. Esta franja social, que le ha quitado el respaldo a Cristina, puede volver a creer en ella en tanto y en cuanto la economía vuelva a funcionar como fuente de capital político, como lo ha sido durante toda la primera gestión del kirchnerismo.

-¿Cuáles son las recetas que hay que aplicar para que la economía salga del estancamiento y la inflación caiga pesadamente?
-Soy bastante escéptico en encontrar soluciones rápidas en los dos planos. Respecto de la desaceleración económica hay indicios que señalan que llegó para quedarse. El cambio de expectativas (del consumidor, del ahorrista, del inversor) fue notorio y evidente. Además, a diferencia de los cuatro períodos anteriores (desde 2003 a 2006) en el que se evidenció una recomposición muy fuerte en materia de salarios reales, a partir de 2007 y en lo que va de este año -con mayor virulencia-, observamos que los salarios corren detrás de la inflación. En consecuencia, la carrera entre el salario y la inflación, la está ganando claramente esta última.

-¿Qué se puede hacer para revertir este tipo de consecuencias?
-La clave es diseñar una estrategia antiinflacionaria más solvente y mucha más racional de la que se está aplicando. Ese es el meollo de la cuestión. La desaceleración económica era de esperar, luego de la fiesta que se vivió en el país en el último quinquenio, un período que se conocerá como el de mayor crecimiento del PBI per cápita en la historia económica argentina.

-¿Cómo será el aterrizaje de la economía; forzoso, suave o brusco?
- No necesariamente se tratará de un aterrizaje forzoso. La pieza clave es establecer si habrá una estrategia antiinflacionaria real y lo que está aplicándose es un pseudo plan de estabilización, con una baja del tipo de cambio nominal, una suba de las tasas de interés y un enfriamiento espontáneo de la economía. Es probable que con estas tres herramientas, la inflación se frene, pero no se solucionará. Creo que a estos instrumentos le faltan otros dos: la pata fiscal, ya que hubo una expansión interanual del 45% en el gasto público, y reconocer la inflación real. Tenemos base empírica para decir que hubo muchos planes de estabilización que se anunciaron con bombos y platillos, con los que se cambiaban ministros y también la moneda. Pero para que un plan sea exitoso debe quebrar las expectativas inflacionarias. Claro que el Gobierno nacional está entrampado porque no puede reconocer el problema sin reconocer que miente flagrantemente con las cifras que proporciona el Indec.

-¿Los argentinos están condenados a cometer los mismos errores del pasado?
-De algún modo, el escenario actual es distinto. La coyuntura es distinta a cualquier otro momento de la historia argentina de los últimos 50 años. Tenemos dos activos que realmente son valiosos: los superávits fiscal y externo. La solvencia fiscal es un activo que supimos conseguir. Pero también es cierto que hemos perdido otro activo, el de la estabilidad de precios que nos había costado mucho conseguir y que, para mi gusto, fue dilapidado completamente. Creo que la situación es reparable porque el contexto externo acompaña. Resta saber si hay alguna chance de que el Gobierno ajuste la política económica . La verdad nadie tiene demasiadamente en claro cómo operarán los Kirchner.

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