El fantasma del gasto público

Los precandidatos se muestran más proclives a la lucha política que a presentar propuestas para enfrentar los problemas que preocupan a la gente.

04 Enero 2003
Por Angel Anaya

BUENOS AIRES.- En la cartera económica se sigue con notoria preocupación la evolución alcista de los precios por efecto del fin de año y, particularmente, como consecuencia de la presión que genera el mayor consumo provocado por el exuberante año turístico interno, consecuente con la devaluación del peso. La primera reunión que el presidente Eduardo Duhalde dedicó al tema no contó con el ministro Roberto Lavagna, -en cortas vacaciones estivales- ni alumbró alternativas, más allá de una vocación muy extendida de manejar la presión tributaria para tratar de corregir esa tendencia, incluyendo el aumento de mayores retenciones a exportaciones agrarias.
En el fondo de esas eventuales respuestas aparece de nuevo el gasto público que, a pesar del reciente esfuerzo presupuestario del Ejecutivo y del Congreso, sigue siendo el remedio recurrente de la política fiscal. Los primeros análisis especializados del problema y de los propósitos oficiales para intentar resolverlo coinciden en que la lenta recuperación de la economía registrada en el último trimestre de 2002 puede ser afectada, asumiendo nuevamente la figura "del veranito" que algunos índices descalifican hasta el momento.

Lejos de la gente
Un dato singular -aunque no por ello sorprendente- es la lejanía de ese inquietante problema que mantienen la casi totalidad de los precandidatos presidenciales y sus mentores, preocupados por disputar sus frágiles parcelas políticas antes que por definirse anticipatoriamente sobre las cuestiones que más preocupan a la gente. En ese sentido, no ha sido posible recoger un solo juicio de valor, salvo el de Ricardo López Murphy, quien ha hecho una severa disección del nuevo Presupuesto, continuación -según él- de una política fiscal que el país no resistirá nuevamente, al igual que en otras ocasiones. La clase política, captada y condicionada finalmente en su totalidad por la descarada confrontación de duhaldistas y menemistas, aparece así cada vez más alejada de la realidad que acaso deba atender en el Congreso, si el Poder Ejecutivo intenta por último imponer una variable electoral de lemas o cosa parecida. Esa figura polémica que despersonaliza el régimen constitucional de elección presidencial no parece ahora que pueda tener número suficiente en el congreso partidario donde Duhalde esperaba imponerla con cierta facilidad. Por lo demás, en el propio Gobierno comienzan a transparentarse cerca del Presidente resistencias como la de José Pampuro, temeroso de persistir suicidamente en un vuelo a ciegas capaz de provocar una implosión partidaria.
En medio de ese clima tan revelador de la prolongada crisis, que atraviesan en nuestro país las relaciones políticas, vale la pena recoger algunas reflexiones del alcalde porteño a su regreso de Brasilia, en donde asistió a la espectacular asunción del presidente "Lula".
Aníbal Ibarra se muestra, especialmente, sorprendido por la gran pluralidad del auditorio popular brasileño: "Nos abrió la cabeza estar allí, y quienes viajamos debemos preguntarnos por qué después nos cuesta tanto trabajo juntarnos. Hay que generar un espacio que pueda constituirse en gobierno y no sea sólo testimonial". Más o menos como decía Martín Fierro que debe ser la ley primera. (De nuestra Sucursal)

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