12 Julio 2008 Seguir en 
BUENOS AIRES (Por Irene Benito, especial para LA GACETA).- "Las esculturas están cómodas en esta casa. El viaje les hizo bien. Hay que ver las miradas que cruzan entre sí, que se reconocen aunque hayan pasado 100 años. ¿Cómo dialogarán ahora aquellas piezas nacidas en el taller de Meudon?", metaforizó el jueves Alberto Bellucci, director del Museo Nacional de Arte Decorativo, durante la presentación para la prensa de la exposición "La era de Rodin".
Las esculturas son 75 piezas en su mayoría del artista francés Auguste Rodin (1840-1917), aunque también hay creaciones de sus maestros (Albert-Ernest Carrier Belleuse y Jean-Baptiste Carpeaux), colegas y discípulos (entre otros, de la célebre escultora Camille Claudel, que fue amante de Rodin).
El viaje es el traslado a Buenos Aires de las siete toneladas que pesa la exposición, que proviene de Bogotá (Colombia) y que partió originariamente del Distrito Federal mexicano y de la puertorriqueña ciudad de Ponce. El centenario que menciona Bellucci es una aproximación al tiempo que transcurrió desde que las obras salieron del estudio de Rodin. Y Meudon es el pueblo de la periferia de París donde funcionó ese fecundo y trascendente taller. "Si bien las obras dialogan entre sí, lo más importante es que hablen con el público", replicó Alfonso Miranda Márquez, director del Museo Soumaya, de México y también responsable de la muestra que ayer quedó oficialmente inaugurada.
Dos meses permanecerá abierta esta exposición, que es fruto de la iniciativa del empresario mexicano Carlos Slim, propietario de una enorme colección de arte. Los organizadores -que evitaron precisar el valor económico de la muestra- afirmaron que Slim posee el mayor número de piezas de Rodin fuera de Francia. Esta proposición artística renovará los lazos que la Ciudad de Buenos Aires tiene con el escultor, autor de la obra "El beso", del Museo Nacional de Bellas Artes, y del monumento a Domingo Faustino Sarmiento. El mismo Museo Nacional de Arte Decorativo exhibe las cuatro piezas de Rodin que el matrimonio Errázuriz-Alvear adquirió a comienzos del siglo XX para decorar la mansión donde funciona la institución desde 1937. Entre ellas está "La primavera eterna", bella escultura en mármol que ahora goza de la compañía de un par de reproducciones en bronce. La muestra presenta trabajos consagrados, como "La edad de bronce", una maqueta de "Los burgueses de Calais" y una serie de estudios para la aclamada "Puerta del infierno", que el artista concibió inspirado en "La divina comedia", de Dante Alighieri. Dotado de una indudable habilidad para esculpir obras de gran formato, Rodin también se distinguió en la elaboración de miniaturas y bustos. Y para representar un concepto imponente a partir de una situación sencilla, como ocurre con esas dos manos sutiles que dan forma a "La catedral". En "La era de Rodin", esta asombrosa escultura precede a "El gran vals", la obra más famosa de Claudel. A juzgar por los diálogos interiores que suscitan, parece mentira que hayan estado 100 años separadas.
Las esculturas son 75 piezas en su mayoría del artista francés Auguste Rodin (1840-1917), aunque también hay creaciones de sus maestros (Albert-Ernest Carrier Belleuse y Jean-Baptiste Carpeaux), colegas y discípulos (entre otros, de la célebre escultora Camille Claudel, que fue amante de Rodin).
El viaje es el traslado a Buenos Aires de las siete toneladas que pesa la exposición, que proviene de Bogotá (Colombia) y que partió originariamente del Distrito Federal mexicano y de la puertorriqueña ciudad de Ponce. El centenario que menciona Bellucci es una aproximación al tiempo que transcurrió desde que las obras salieron del estudio de Rodin. Y Meudon es el pueblo de la periferia de París donde funcionó ese fecundo y trascendente taller. "Si bien las obras dialogan entre sí, lo más importante es que hablen con el público", replicó Alfonso Miranda Márquez, director del Museo Soumaya, de México y también responsable de la muestra que ayer quedó oficialmente inaugurada.
Dos meses permanecerá abierta esta exposición, que es fruto de la iniciativa del empresario mexicano Carlos Slim, propietario de una enorme colección de arte. Los organizadores -que evitaron precisar el valor económico de la muestra- afirmaron que Slim posee el mayor número de piezas de Rodin fuera de Francia. Esta proposición artística renovará los lazos que la Ciudad de Buenos Aires tiene con el escultor, autor de la obra "El beso", del Museo Nacional de Bellas Artes, y del monumento a Domingo Faustino Sarmiento. El mismo Museo Nacional de Arte Decorativo exhibe las cuatro piezas de Rodin que el matrimonio Errázuriz-Alvear adquirió a comienzos del siglo XX para decorar la mansión donde funciona la institución desde 1937. Entre ellas está "La primavera eterna", bella escultura en mármol que ahora goza de la compañía de un par de reproducciones en bronce. La muestra presenta trabajos consagrados, como "La edad de bronce", una maqueta de "Los burgueses de Calais" y una serie de estudios para la aclamada "Puerta del infierno", que el artista concibió inspirado en "La divina comedia", de Dante Alighieri. Dotado de una indudable habilidad para esculpir obras de gran formato, Rodin también se distinguió en la elaboración de miniaturas y bustos. Y para representar un concepto imponente a partir de una situación sencilla, como ocurre con esas dos manos sutiles que dan forma a "La catedral". En "La era de Rodin", esta asombrosa escultura precede a "El gran vals", la obra más famosa de Claudel. A juzgar por los diálogos interiores que suscitan, parece mentira que hayan estado 100 años separadas.
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