No basta con crear riqueza; debe mejorar el estándar del crecimiento

El desarrollo humano y el derecho a una vida libre de pobreza son derechos humanos básicos, según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.

05 Enero 2003
Para reflejar mejor la disparidad de vida en las provincias se incorporaron nuevos indicadores a cada una de las dimensiones del Indice de Desarrollo Humano (IDH) que elabora el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. "Resulta una extensión del IDH, denominado ahora Indice de Desarrollo Humano Ampliado (IDHA)", remarcaron Chit y Laks, de Sociología y Mercado.
En este nuevo índice se añade a la medición de la longevidad, la tasa de mortalidad infantil por causas reducibles. A los logros educacionales se incorporaron la tasa de sobreedad en la escuela primaria y el índice de calidad educativa. Finalmente, al estándar de vida se sumaron las tasas de empleo y desempleo. Los indicadores utilizados para cada una de las variables incorporadas fueron:
Tasa de mortalidad infantil por causas reducibles: proporción de defunciones de menores de un año debidas a causas reducibles acaecidas durante un año dividido sobre el número total de nacidos vivos en el transcurso del mismo año por mil.
Tasa de sobreedad: porcentaje de alumnos con edad mayor a la edad técnica correspondiente al grado en el cual están matriculados.
Calidad educativa: resultado de las pruebas de evaluación en lengua y matemática realizadas por los alumnos de distintos niveles. Tasa de empleo: porcentaje entre la población ocupada y la población total.
Tasa de desempleo: porcentaje entre la población desocupada y la población económicamente activa. Esta propuesta, que respeta la estructura original del IDH, construido por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, está sujeta a posteriores validaciones.
Chit y Laks sostuvieron que el criterio para seleccionar los nuevos indicadores para el IDHA se determinó atendiendo a la preocupación existente por captar tanto las variaciones coyunturales como la calidad de los indicadores base del IDH. "Es por ello, que a cada una de las dimensiones se agregaron indicadores que, por su naturaleza aportaron más información a los indicadores base, como por ejemplo, agregar la evaluación de calidad educativa en lengua y matemática a la dimensión conocimientos, que tiene en cuenta la alfabetización y la matriculación combinada (primaria, secundaria y terciaria)", recalcan los especialistas. Este indicador refleja mejor la disparidad en los logros educacionales si se tiene en cuenta que la meta de la extensión de la educación primaria en los conglomerados urbanos del país se ha cumplido.
Igual situación se tiene con la inclusión de la mortalidad infantil por causas reducibles en la dimensión vida larga y saludable, que ya incorporaba la esperanza de vida. Y por último, se incluyeron las tasas de empleo y desempleo a la dimensión estándar de vida, que ya tenía en cuenta el ingreso promedio per cápita.
"Nuestra experiencia como país confirma que no basta crear riqueza; es preciso preguntarse sobre la calidad del crecimiento para lograr que la expansión productiva se traduzca en el mediano plazo en mayor equidad entre los habitantes de las provincias y regiones", dicen Laks y Chit.
Desde la perspectiva del desarrollo humano, el crecimiento económico no es un fin sino un medio para acrecentar las capacidades humanas en salud, educación y calidad de vida.

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