Colaleños aislados y sin agua

Prevención y seguridad, dos palabras que no están en el diccionario de las autoridades.

03 Enero 2003
Preparar, aparejar y disponer con anticipación las cosas necesarias para un fin. Prever, ver, conocer de antemano o con anticipación un daño o perjuicio. Anticiparse a un inconveniente, dificultad u objeción. Son algunas de las definiciones del verbo prevenir que, al parecer, no figuran en el léxico preferido de nuestros gobernantes. Hace ya varios años, la canción "Lo atamo?con alambre", de un conocido cantautor, por ese entonces se puso de moda. La pieza reflejaba con humor la extraña capacidad de los argentinos para parchar los problemas sin darles casi nunca una solución definitiva, como sucede en cualquier otro país civilizado del mundo.
Colalao del Valle es un poblado ubicado a 196 kilómetros de San Miguel de Tucumán. Tiene alrededor de 2.000 habitantes e integra junto a El Pichao -distante a unos 8 kilómetros- la comunidad india de Quilmes. En este último lugar se hallaron restos de la cultura Cóndor Huasi; por lo tanto, es un sitio arqueológico de importancia.
Desde hace tres décadas, investigadores de la UNT y del extranjero fueron ampliando la información sobre este asentamiento que habría existido entre los años 900 y 1600 de nuestra era. Es una zona que ha despertado el interés de los turistas. En Colalao se realiza en febrero la ya tradicional Fiesta del Antigal y en julio la Fiesta del Ponchi, que es una bebida preparada con aguardiente, vino, leche, huevo y azúcar.
Como sucedió hace cinco años, el domingo pasado, un aluvión de barro y piedra se adueñó del río Managua y por un milagro no arrasó al pueblo. En el trayecto, la avalancha que descendía desde la quebrada de los Bateones se llevó el puente que une esa localidad con El Pichao y una casa, pero se desvió de su blanco gracias a una defensa. De manera que el lodo llegó hasta la puerta del cementerio. Pese a que no hubo víctimas, 300 pobladores quedaron incomunicados y sin agua potable. Esta situación persiste desde el domingo.
Desde la comuna de Colalao del Valle se informó que, pese a que existe un plan prelluvia para las localidades afectadas por las inundaciones, el poblado nunca pudo ser un beneficiario. También se dijo que el problema del agua data desde julio pasado, cuando se quemó la bomba y por falta de dinero no se pudo adquirir otra.
Pese a que obreros de la Secretaría de Obras Públicas y los lugareños están trabajando para despejar los caminos, los colaleños se quejaron por la falta de instrumentación de medidas de emergencia por parte de las autoridades provinciales. Hasta el momento, el Gobierno no dispuso la realización de un relevamiento para verificar la situación en que se hallan las familias aisladas del lugar, ni los daños ocasionados. Los pobladores temen que si continúa lloviendo y se repite el aluvión, las defensas ya no podrán soportarlo.
Este episodio desnuda una vez más la imprevisión en materia de obras públicas y la poca atención que les presta el Gobierno provincial a poblados alejados de la capital, pero que han experimentado un interesante crecimiento turístico. Cómo es posible que una localidad carezca de una bomba para el abastecimiento de agua potable desde hace más de seis meses. Si se sabe que en la zona el suelo está en constante movimiento y hace un lustro ocurrió un aluvión de similares características, por qué no se tomaron entonces las medidas adecuadas para prevenir una catástrofe. Y lo que es más preocupante y revela la falta de reflejos del Gobierno es por qué no se auxilió de inmediato a esas 300 personas incomunicadas y se consigue en forma urgente un puente Bailey.
Mientras una buena parte de nuestros representantes están preocupados por las internas partidarias o por cuántas damas deben integrar una lista de candidatos, hay tres centenares de tucumanos que están aislados, sin agua, cuyos animales han sido sepultados por el aluvión. Esta actitud es un ejemplo más de cuán distante está la clase dirigente de las necesidades y los problemas de la ciudadanía.

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