El final no pudo ser peor. La última sesión legislativa se desbarrancó en medio de un escándalo. El intento de modificar la Ley de Cupo Femenino partió al oficialismo en dos, a pocas horas de la expiración de 2002. La cuestión no es de sencilla resolución porque chocan intereses antagónicos de distinta naturaleza.El reparto de candidaturas es siempre conflictivo en todo partido político, dificultad que se acrecienta con la mayor cercanía del poder. La Ley de Lemas incorpora otro elemento de complicación porque la lotería electoral destruye la previsión más racional que se haya pensado. Finalmente, la obligación de asegurar a la mujer uno de los dos primeros en las listas de postulantes a legisladores y a concejales acabó de enloquecer a los armadores de las estructuras mayoritarias. Y la Constitución de 1990 le puso mayor rigidez al asunto al prohibir las reelecciones de intendentes, legisladores, concejales y comisionados comunales. Tamaño cóctel de ambiciones y normas dejó nervioso a más de uno. En el peronismo las tensiones preeelectorales se maximizan por las expectaciones triunfalistas La salida buscada radicaba en el cambio de la ley que se sancionó el 8 de setiembre de 1994, con la autoría de la entonces legisladora Josefina Fariña. Esta había hecho suya una iniciativa presentada por una comisión multipartidaria de mujeres en la Legislatura. La reglamentación la supervisó Teresa Felipe de Heredia, a la sazón secretaria de la Mujer, durante el gobierno de Ramón Ortega. La legislación modificó el cuadro en 1995 cuando siete mujeres llegaron a la Cámara. Y en 1999 ese número se estiró a diez, aunque por la renuncia de Stella Córdoba -fue electa diputada nacional- se redujo otra vez a nueve en 2001. Esa situación contrasta con la soledad de Josefina Fariña en la Legislatura del período 1995-99. Sin embargo, ese progreso se hizo a costa de la postergación de los hombres. Al menos esto es lo que argumentan en privado. Para que la maniobra fuese menos colorada, se encomendó a otra mujer -Leonor Barquet de Delgadino- a que reformara la ley de 1994. Basó su argumentación en que la mujer capaz se impone por su propia gravitación, sin necesidad de ley alguna. Al dictamen de mayoría se le opuso uno en minoría del radical Rubén Chebaia. El mayor esfuerzo para hacer aprobar la ley lo encarnó un grupo de legisladores que declara su simpatía por el senador José Alperovich (Edgardo Rocha, Germán Alfaro, la propia Delgadino, Gerónimo Vargas Aignasse). El propio presidente subrogante de la Legislatura, Juan Ruiz Olivares, levantó la sesión cuando vio que el proyecto Delgadino podía perder.
La jugada de ese sector se explica por la urgencia que tienen los jefes políticos territoriales del interior de ponerse de acuerdo en las candidaturas con chance de ser elegibles. A ellos les incomoda la Ley del Cupo.
02 Enero 2003 Seguir en 
Por Carlos Abrehu







