Aclamaron la interpretación de una obra cumbre del romanticismo ruso

El arrebatado lirismo de Rachmaninoff deleitó al público tucumano que asistió al Alberdi. "Rachmaninof siempre es un desafío", confesó el pianista Alexander Panizza. Video del concierto.

CONCENTRADO. Alexander Panizza ejecuta el Concierto N° 2 de Sergei Rachmaninoff. LA GACETA
CONCENTRADO. Alexander Panizza ejecuta el Concierto N° 2 de Sergei Rachmaninoff. LA GACETA
24 Junio 2008
El arrebatado lirismo del Concierto N° 2 de Sergei Rachmaninoff deleitó al público tucumano el pasado viernes, en el teatro Alberdi, y el pianista Alexander Panizza fue aclamado por su interpretación.

En diálogo con LA GACETA.com, el concertista argentino-canadiense opinó que esta obra se destaca como una de las preferidas por los melómanos de todo el mundo en virtud de la sinceridad y la intensidad con que transmite su mensaje, mediante una serie de melodías hermosísimas. "Está estructurado para ese gran final que siempre deja a todo el mundo muy feliz", dijo.

- ¿Este concierto plantea dificultades técnicas especiales?
- Rachmaninof siempre es un desafío para un pianista, porque él era un virtuoso. Dentro del repertorio, sus obras están entre las más difíciles. Pero él sabía escribir muy bien para el piano y todas sus partituras tienen una lógica instrumental que las hace muy disfrutables al tocar. La pasión que expresa a través de su obra no era una característica que fuera visible en su temperamento, porque era una persona muy sobria. Adoraba la música de Tchaikovsky y es el herdero de su lirismo.

- ¿Cómo hace un joven para conocer hoy este tipo de música?
- El gusto por la buena música se lo adquiere en el hogar. Uno se acerca a la música clásica mediante asociaciones afectivas. Ya sea porque la escuchaba junto al padre, o porque éste le comentaba, como en mi caso, que le gustaba mucho. Pero además, las grandes obras de arte necesitan un esfuerzo de parte del oyente. Una actitud de voluntad de comprensión. Es difícil captarla con una actitud pasiva como la que adoptamos frente al televisor viendo el noticiero. Las grandes obras tienen ese elemento de disfrute inmediato, pero si uno empieza a hurgar, ve que tiene napas y napas de cosas. Esa actitud proactiva del oyente que se educa, que trata de escuchar más cuando le gusta un compositor, que lee información o literatura de la época de ese autor. Así se va enriqueciendo.

- ¿Hace falta que se lo enseñen en la escuela?
- El gusto por la buena música no es un valor fomentado por la sociedad, en general. Es algo discriminado por el consumo, porque los medios tratan de ofrecer cosas que ya saben que la gente quiere. No hay una actitud de educación. Al faltar eso a nivel masivo, el esfuerzo se circunscribe al ámbito privado. Hasta en la sección Espectáculos de los diarios argentinos se da importancia a lo popular, sin tratar de presentar alternativas que exigen un poco más de esfuerzo para penetrar en ese mundo.

Hijo de argentinos, nacido en Canadá -donde vivió hasta los 17 años-, Panizza se radicó con su familia en la Argentina durante seis años y luego se fue a seguir sus estudios en Inglaterra. Allí y en los Estados Unidos reside parte del año, pero vive más tiempo en Buenos Aires, junto a su esposa e hijos.

Tocó con la mayor parte de las orquestas argentinas, y con agrupaciones europeas y norteamiericanas. Su repertorio se centra en las grandes obras para piano y orquesta. Interpreta los dos conciertos de Brahms, el segundo y el tercero de Rachmaninoff, los dos últimos de Beethoven, los dos de Chopin, y el de Tchaikovsky. "Si tuviera que elegir un compositor favorito me resultaría difícil -confesó-, pero creo que al final me quedaría con Beethoven". LA GACETA.com ©


Después del concierto, Panizza ejecutó un bis. La Campanella, de Paganini-Lizst, le permitió mostrar su virtuosismo.

Tamaño texto
Comentarios
Comentarios