Hiperpresidencialismo

Función pública y conducción política. Punto de vista por Rosendo Fraga, presidente del Centro de Estudios Nueva Mayoría.

23 Junio 2008
La Argentina es un caso de hiperpresidencialismo, dentro de una cultura política como es la latinoamericana, caracterizada por personalidades políticas fuertes e instituciones débiles para contenerlas.
En este tipo de sistema, en el cual los Congresos no cuentan o cuentan poco -como sucede hoy en una forma extrema en Argentina por la delegación de los superpoderes-, una crisis del Presidente puede llevar a la ingobernabilidad. Es que el Presidente es todo y cuando se torna débil, el poder político suele derrumbarse. Cuando quien ejerce el Ejecutivo no comparte decisiones, después tampoco comparte responsabilidades y costos.
Es por esta razón que en los EE.UU. un Presidente puede perder la elección de medio mandato -como sucedió con Clinton en su primer período- y después ganar la elección presidencial, porque el presidencialismo está acotado por un Congreso fuerte y una justicia independiente. En cambio, en la Argentina, la pérdida de este tipo de elección licua el poder, como le sucedió a Alfonsín con la derrota de 1987, a Menem en 1997, a De la Rúa en 2001 y es lo que puede tener lugar con Cristina Kirchner, si fuera derrotada en la elección de medio mandato que tendrá lugar en octubre de 2009.
La concentración de poder en manos del Ejecutivo y en detrimento del Legislativo, como hoy sucede en Argentina, presenta grandes ventajas para ejercer el poder cuando las cosas van bien, pero riesgos más altos para el Presidente cuando van mal. Por esta razón, en el sistema institucional hiperpresidencialista fáctico en que ha entrado la Argentina y el deterioro del Ejecutivo pueden poner en riesgo la gobernabilidad, lo que no sucede con una crisis del Legislativo.

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