23 Junio 2008 Seguir en 
BUENOS AIRES.- Podría estar viviendo muy cómodamente de sus grandísimos recuerdos, embebidos de éxitos y fama mundial. Pero Amelita Baltar prefirió seguir en ruta, y a los 68 años no sólo ofrece brillantes shows en vivo, sino que se enfrascó en un proyecto que de tan ambicioso hasta parece algo temerario: su primer disco de tango electrónico.
"Voy a entrar a grabar en poquitos días y esto es algo que me pone muy orgullosa. Yo no quería saber nada con eso de tango electrónico, pero cuando me hicieron escuchar las primeras muestras quedamos todos encantados, así que agarrate Catalina cuando salga. Es un placer de los dioses, porque además todas las letras son mías, excepto en dos canciones. Tengo que agradecerle al Señor por el don que me dio", le contó emocionada a las 120 personas que el viernes colmaron el restaurante porteño en el que actuó.
Será entonces su decimocuarto álbum desde aquel aclamado debut en 1968, cuando sacó "Para usted", que paradojalmente no fue de tango sino de folclore, un género en el que se mueve con notable timming, y que por efecto de adoración nunca deja de incluir en sus conciertos.
En este caso, en ese restaurante desempolvó un cortito homenaje a Atahualpa Yupanqui y dio cátedra interpretando cuatro zambas, ella sola con su guitarra criolla, a la que hace sonar con limitación, modestia, pero infinita sensibilidad. (DYN)
"Voy a entrar a grabar en poquitos días y esto es algo que me pone muy orgullosa. Yo no quería saber nada con eso de tango electrónico, pero cuando me hicieron escuchar las primeras muestras quedamos todos encantados, así que agarrate Catalina cuando salga. Es un placer de los dioses, porque además todas las letras son mías, excepto en dos canciones. Tengo que agradecerle al Señor por el don que me dio", le contó emocionada a las 120 personas que el viernes colmaron el restaurante porteño en el que actuó.
Será entonces su decimocuarto álbum desde aquel aclamado debut en 1968, cuando sacó "Para usted", que paradojalmente no fue de tango sino de folclore, un género en el que se mueve con notable timming, y que por efecto de adoración nunca deja de incluir en sus conciertos.
En este caso, en ese restaurante desempolvó un cortito homenaje a Atahualpa Yupanqui y dio cátedra interpretando cuatro zambas, ella sola con su guitarra criolla, a la que hace sonar con limitación, modestia, pero infinita sensibilidad. (DYN)
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