22 Junio 2008 Seguir en 
Viena.- Klaus Maria Brandauer no se queda quieto. “Quiero poder estar en movimiento”, dice sobre si mismo el actor y director, que continuamente se mueve entre la localidad austriaca donde reside, Altaussee, Estados Unidos y Berlín, entre el cine y el teatro. Y también en la elección de papeles prefiere los personajes cambiantes y frágiles. “Los ángeles y demonios ya no me interesan. A lo largo de mi vida sólo he conocido personas rotas”, dijo en cierta ocasión Brandauer, que hoy celebra su cumpleaños número 65.
Pero apenas le queda tiempo para celebrar. Hasta mediados de junio seguirá en la Argentina, según su representante, a las órdenes de Francis Ford Coppolas, donde rueda su nueva película “Tetro”. Allí encarna a un padre de una familia de artistas procedente de Italia. “El padre -dijo Copolla, según un comunicado- es muy complejo, arrogante y duro. El poderoso y dominante. Klaus Maria Brandauer domina la pantalla al igual que su personaje la familia”. Al término del rodaje, Brandauer comenzará con los ensayos de “Der zerbrochene Krug”, en una puesta en escena de Peter Stein, para la Berliner Ensemble. Klaus Georg Steng, su nombre real, nació en Aussee, la actual Altaussee. Los primeros años de vida los pasó con sus abuelos y luego vivió con sus padres, un alemán empleado de la aduana, y la austriaca Maria Brandauer, en Suiza y Alemania. Interrumpió en 1963 su estudios superiores en la Facultad para la Música y las Artes Interpretativas de Stuttgart para su primer papel como actor profesional sobre el escenario, “Mucho ruido y pocas nueces”, cuando dio vida a Claudio en el teatro de Tubingia.
En los años 70, fue aclamado como el mejor intérprete en alemán por esta mezcla de encanto juvenil y enigmático. Enamoró como Petrucchio en “La fierecilla domada” y como Romeo, pero también con obras de Arthur Schnitzler. En Salzburgo hizo “Jedermann (de Hugo von Hofmannsthal) y la crítica destacó su virtuosa y pulida dicción, su voz penetrante y su sentida interpretación. “Cada persona tiene un arco iris en su carácter y eso es lo que yo intento representar”, dijo el propio Brandauer sobre su trabajo. También en el cine prefiere los personajes que se quiebran a los héroes brillantes. Llamó la atención por primera vez en 1971 con el thriller estadounidense “The Salzburg Connection”. Pero se hizo conocido en todo el mundo diez años después por su interpretación de “Mephisto” en la película homónima de István Szabó, un trabajo distinguido con el Oscar y basado en la novela de Klaus Mann. En la película ambientada en la época colonial “Africa mía” interpretó al barón Blixen-Finecke junto a Meryl Streep y Robert Redford y dió vida al malo en la película de James Bond “Nunca digas nunca jamás”, con Sean Connery. Y como director dio su primer paso en la gran pantalla con “Georg Elser - Einer aus Deutschland” (1989). En el teatro, Brandauer fascinó en Berlín con su puesta en escena de “Los tres peniques”, de Brecht. (DPA)
Pero apenas le queda tiempo para celebrar. Hasta mediados de junio seguirá en la Argentina, según su representante, a las órdenes de Francis Ford Coppolas, donde rueda su nueva película “Tetro”. Allí encarna a un padre de una familia de artistas procedente de Italia. “El padre -dijo Copolla, según un comunicado- es muy complejo, arrogante y duro. El poderoso y dominante. Klaus Maria Brandauer domina la pantalla al igual que su personaje la familia”. Al término del rodaje, Brandauer comenzará con los ensayos de “Der zerbrochene Krug”, en una puesta en escena de Peter Stein, para la Berliner Ensemble. Klaus Georg Steng, su nombre real, nació en Aussee, la actual Altaussee. Los primeros años de vida los pasó con sus abuelos y luego vivió con sus padres, un alemán empleado de la aduana, y la austriaca Maria Brandauer, en Suiza y Alemania. Interrumpió en 1963 su estudios superiores en la Facultad para la Música y las Artes Interpretativas de Stuttgart para su primer papel como actor profesional sobre el escenario, “Mucho ruido y pocas nueces”, cuando dio vida a Claudio en el teatro de Tubingia.
En los años 70, fue aclamado como el mejor intérprete en alemán por esta mezcla de encanto juvenil y enigmático. Enamoró como Petrucchio en “La fierecilla domada” y como Romeo, pero también con obras de Arthur Schnitzler. En Salzburgo hizo “Jedermann (de Hugo von Hofmannsthal) y la crítica destacó su virtuosa y pulida dicción, su voz penetrante y su sentida interpretación. “Cada persona tiene un arco iris en su carácter y eso es lo que yo intento representar”, dijo el propio Brandauer sobre su trabajo. También en el cine prefiere los personajes que se quiebran a los héroes brillantes. Llamó la atención por primera vez en 1971 con el thriller estadounidense “The Salzburg Connection”. Pero se hizo conocido en todo el mundo diez años después por su interpretación de “Mephisto” en la película homónima de István Szabó, un trabajo distinguido con el Oscar y basado en la novela de Klaus Mann. En la película ambientada en la época colonial “Africa mía” interpretó al barón Blixen-Finecke junto a Meryl Streep y Robert Redford y dió vida al malo en la película de James Bond “Nunca digas nunca jamás”, con Sean Connery. Y como director dio su primer paso en la gran pantalla con “Georg Elser - Einer aus Deutschland” (1989). En el teatro, Brandauer fascinó en Berlín con su puesta en escena de “Los tres peniques”, de Brecht. (DPA)
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