31 Diciembre 2002 Seguir en 
Escena "navideña" del magisterio: interminables colas en la calle durante la madrugada y el día... Son los maestros tucumanos que, para acceder a un puesto laboral cada vez más incierto, deben peregrinar a la Junta de Clasificación con sus certificados, fotocopias y otras exquisiteces de la burocracia que aún persiste en nuestro sistema educativo. Cuando veo estas escenas -a las que considero una afrenta a la dignidad- me pregunto qué hace el gremio que representa a los docentes para cambiar esta forma instituida de obtener puntaje. También pregunto a los responsables de la Junta y del propio Ministerio, y a tantos asesores rentados, cómo es posible que amparándose en "leyes" y decretos avalen esta no tan sutil injusticia de quienes son sus colegas. Sin duda, existen métodos más coherentes y humanos para acceder a un puntaje que el de hacer colas durante horas, y esperar a veces por más de seis años, el "milagro" de un puesto laboral. Para mejorar en serio la publicitada calidad educativa es imprescindible valorar la autoría de la palabra y del pensamiento de sus hacedores, así como duplicar el número de docentes con trabajo estable, dignificando su rol, función, capacitación científica y salario.
Isabel Requejo
Jujuy 576
S. M. de Tucumán
Las afirmaciones referidas a la exigencia que el gobernador y el vicegobernador profesen la fe católica, apostólica y romana carecen de sustento constitucional. La Nación es signataria del Pacto de San José de Costa Rica, a partir de 1984, con la sanción de la Ley Nº 23.054. Dicho pacto en su art. 1º dispone que los Estados signatarios están obligados a respetar los derechos y las libertades sin discriminación alguna por motivos de raza o religión, y el art. 2º dispone que es deber de los Estados garantizar en sus disposiciones legislativas o de otro carácter y hacer efectivos tales derechos y obligaciones. Su art. 12 consagra la libertad de conciencia y de religión. Finalmente, el art. 23 sobre derechos políticos, en el inciso C, establece que todos los ciudadanos deben gozar del derecho de tener acceso, en condiciones generales de igualdad, a las funciones públicas de su país y que la ley reglamentaria del ejercicio de estos derechos y oportunidades de ninguna manera puede estar referida a la condición radical o religiosa. Es decir que la disposición del art. 80 de la Constitución provincial es violatoria de lo preceptuado en el Pacto de San José de Costa Rica, que a partir de 1984 tiene jerarquía constitucional. Lo vigente y concreto es la disposición del art. 74 de la Constitución provincial, que exige que para ser elegido gobernador y vicegobernador se requiere ser argentino, tener 30 años de edad, dos de residencia inmediata en la provincia y de ciudadanía en ejercicio. La obligación sobre los términos del juramento ha cedido frente a lo consagrado en Pacto de San José de Costa Rica y art. 31 de la Constitución nacional.
Regina G. Gómez Altamira
La Madrid 1.211
S.M. de Tucumán
Actualmente resido en Barcelona y quiero emitir mi opinión acerca de las declaraciones de monseñor Villalba. En realidad, hasta ahora, todos nuestros gobernantes fueron católicos y eso no nos aseguró que fueran honestos y eficientes. Es más, me atrevería a decir, sin ánimo de ofender a nadie, que lo único que demostraron es ineficiencia y corrupción, así que me parece bueno un cambio. Si bien es cierto que lo mejor sería que en estos casos la religión sirviera para aglutinar buenas voluntades, parecería que para lo único que sirve es para dividirnos más. Entonces, por favor, no perdamos el tiempo en este tipo de discusiones sin sentido; estamos ya en el siglo XXI.
Luis Marcelo Nelegatti
mnelegatti@uol.com.ar
La crisis del país que ha resultado en un auge de la emigración, fue sufrida también por otros países, aunque debido a diferentes circunstancias pero que lograron superarla. Estamos hablando de Suiza. En el período 1845/1855, Suiza tuvo una serie de crisis. Además de la intranquilidad político-religiosa, se registraron malas cosechas; una baja en los precios de los productos agrarios; progresiva desocupación en la industria textil a raíz de los adelantos técnicos; crecientes clausuras aduaneras en los estados vecinos, etc. Los campesinos recibieron duros golpes por el aumento del comercio internacional y de la competencia extranjera. La introducción del telar mecánico dejó a uno de cada dos trabajadores textiles sin ocupación. Es también entonces cuando regresan los últimos mercenarios, soldados al servicio de los reyes de Nápoles y de algunos estados alemanes. La gran epopeya del servicio militar extranjero había terminado; comenzaba la de la emigración. En 1854 esta alcanzó el 7% de la población helvética de entonces, y dio comienzo a la inmigración y colonización suizas en la Argentina del siglo XIX. Lo que nos ocurre en 2002 en nuestro país, Suiza lo vivió en 1845. Se trataba de una grave crisis que precedió al sobrehumano esfuerzo efectuado en las décadas posteriores para transformar la economía suiza en una máquina casi perfecta en la técnica, la industria y el comercio, como lo es hoy. Si esa transformación fue realizada por los suizos hace 150 años, también podemos hacerla los argentinos.
Roberto Walter Sehringer
trade@wsehringer.com
Argentina necesita hoy un proyecto político fuerte y de una revolución productiva basada en la asociación entre el Estado y la iniciativa privada, en dos aspectos centrales. El primero es movilizar el ahorro interno, un ahorro construido de modo proporcional a la renta de los ciudadanos, progresivamente proporcional. Hay que establecer canales directos entre ese ahorro y la producción para que su potencial productivo no se disipe en el casino financiero. Otro aspecto es la democratización del mercado, la ampliación de la base del acceso a las actividades productivas. El Estado no debe escoger entre el laissez faire y el clientelismo. Lo que tenemos actualmente en nuestro país es la distribución de favores ocasionales a los productores para amortizar las consecuencias desindustrializantes de la globalización mal asumida. Necesitamos una concertación descentralizada experimental, que entre el Estado y las empresas se construya un nivel intermedio de centros de asistencia, de centros de transferencia tecnológica. Debemos identificar cuáles son las áreas en que podemos alcanzar economías de escala y formar recursos humanos para superar los límites de lo meramente extractivo y agroexportador.
Pablo Cerviño
pcervino@tucbbs.com.ar
Deseo felicitar a LA GACETA por la excelente calidad de su página web. Por razones familiares estoy viviendo en Sudáfrica y mi única fuente de información sobre lo que sucede en Tucumán son ustedes. Muchas gracias.
Susana Lobo Gómez
susanalobohassan@yahoo.com







