Un ejemplo poco feliz

Duhalde dijo que es "una vergüenza" que el azúcar haya subido un 200%.

31 Diciembre 2002
En recientes declaraciones, el presidente de la Nación, Eduardo Duhalde, ha cuestionado la suba de precio en los componentes de la canasta familiar y anunció que se fijarán volúmenes máximos de exportación para productos como el azúcar que, dijo, es "una vergüenza" que haya subido un 200%. Esta afirmación interesa especialmente a los tucumanos: son palabras que no se pueden dejar pasar por alto y que merecen un comentario. Durante la época de la paridad, el productor recibía por cada kilogramo de azúcar entre 20 y 22 centavos de dólar, mientras ahora recibe 76 centavos. Es decir que -vista la cotización del dólar- el precio actual resulta similar, si no menor, al de aquella época. Y no puede olvidarse, asimismo, que la actividad azucarera ha debido soportar un impresionante crecimiento en el valor de los insumos. Alzas enormes se han registrado, por ejemplo, en el gasoil: piénsese que, actualmente, el precio de 1 litro de este combustible equivale al de 2 kilogramos de azúcar, y el de 1 litro de nafta, a 2 kilogramos y medio.
Subas igualmente significativas se han operado en materia de lubricantes, de cubiertas, de herbicidas, de herramientas, para citar solamente algunos de los rubros directamente implicados en la actividad. Por otro lado, hay que recordar que durante la administración Ortega, mientras estaban congelados todos los sueldos, se dispuso un aumento general del 20% en los salarios azucareros, y que se ha resuelto un incremento general para la industria, a aplicarse en la zafra 2001-2002.
No puede ignorarse la mayúscula incidencia de todo esto en la producción azucarera. Y por eso resulta verdaderamente inexplicable que, a la hora de referirse a las subas, el Presidente apunte sobre el azúcar, que es justamente el producto que menos aumento real experimentó. Su precio, en efecto, sigue estando deprimido y es insuficiente para compensar los esfuerzos de los hombres de empresa y de trabajo de esta zona de la Argentina, sin duda la que viene experimentando los efectos más fuertes de la crisis.
No es admisible que el jefe del Poder Ejecutivo, en lugar de tomar medidas para reactivar una actividad decaída (en la provincia con los más altos índices de desnutrición), que requiere urgentemente inversiones, la ponga en la mira como ejemplo del precio que se debe bajar, lo que implicaría un nuevo aplastamiento para lo que sigue constituyendo una actividad fundamental de Tucumán. Tengamos en cuenta que la producción azucarera de este año, de 900.000 toneladas, ha significado más de 750 millones de pesos, y ello sin contar lo que representa la producción de alcohol.
Frente a estas situaciones, corresponde a los tucumanos, por medio de sus representantes en el Congreso Nacional y a través de las fuerzas vivas, efectuar una enérgica campaña de esclarecimiento de tales supuestas verdades. Ellas proporcionan una imagen errónea de lo que significa nuestra industria madre y contribuyen a crear, en quienes desconocen la realidad del azúcar, una dañosa animosidad que desde ningún punto de vista se justifica.
Lamentablemente, no es la primera vez, ni mucho menos, que ocurren estas cosas. Ha sido tradicional en el país que, a la hora de hablar de precios altos, se use indebidamente como ejemplo a la actividad azucarera. Mientras se tolera cualquier incremento en otro rubro (el kilogramo de harina, por ejemplo, está a 71 centavos de dólar, es decir lo mismo que el azúcar), se pone el grito en el cielo en el mismo instante en que empieza a levantarse la cotización de un producto que nunca está, desde hace muchos años, a la altura de lo que se necesitaría para retribuir los sacrificios de esta extensa y sufrida región argentina.
Debemos enmendar estos errores. La actividad azucarera necesita, como condición fundamental para su reactivación, el precio adecuado de su producto.
A nosotros nos atañe concientizar al Estado nacional y al país en ese sentido, de modo que no se reiteren afirmaciones tan perjudiciales como antojadizas.

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