17 Junio 2008 Seguir en 
MADRID.- José Carreras tenía apenas 11 años cuando el maestro José Iturbi (1898-1980) le preguntó si le gustaría hacer el papel del niño Trujumán en "El retablo de Maese Pedro", de Manuel de Falla. Y aquel chico, al que los compañeros de clase llamaban "Rigoletto" porque se pasaba el día cantando "La donna e mobile" y que había dado que hablar después de actuar en un programa benéfico de Radio Nacional de España, no lo pensó dos veces. Corría el año 1958 y los diarios de la época quedaron encandilados con el estreno en el Gran Teatro del Liceo de Barcelona: "Un niño de 11 años, cantante excepcional de ópera", titulaban, destacando su "gracia, valentía y seguridad" así como su "prometedora voz".
Hoy, aquella joven promesa que entonces tenía todavía timbre de soprano es uno de los mejores tenores de todos los tiempos. Y para celebrar su 50 aniversario sobre los escenarios, Carreras regresa hoy al Liceo para ofrecer un recital con obras de Eduard Toldrá, Francesco Paolo Tosti, Giacomo Puccini y Alessandro Scarlatti, entre otros. "Me parece que voy a estar más nervioso y tenso que nunca. Supone para mí mucha responsabilidad estar a la altura de un homenaje tan importante y de una efeméride tan significativa", reconoció el artista catalán estos días de cara a ese concierto. Porque la relación de Carreras con el coliseo operístico de su ciudad natal ha sido siempre especial. Lo pisó por primera vez a los 8 años, cuando de la mano de su padre, un agente de la policía local, asistió a una función de la ópera "Aída", con la gran Renata Tebaldi en el papel estelar. Fue entonces cuando el pequeño José, al que su madre permitía cantar en su peluquería a cambio de unas monedas, decidió que un día quería estar allí, sobre las tablas.
Carreras estudió en el Conservatorio Superior de Música de esa misma ópera, que ahora le rinde homenaje con una exposición sobre su trayecoria artística. Fue también allí donde debutó como tenor, en el papel del romano Flavio en "Norma", de Bellini. Y lo hizo junto a la soprano española Montserrat Caballé, que se convertiría en su gran mentora y protectora. El gran tenor tampoco olvidará nunca el aparatoso incendio que destruyó el Liceo en 1994 y que describe como el peor momento de su carrera. "Fue como si se hubiera quemado mi propia casa", dijo en una reciente entrevista. (DPA)
Hoy, aquella joven promesa que entonces tenía todavía timbre de soprano es uno de los mejores tenores de todos los tiempos. Y para celebrar su 50 aniversario sobre los escenarios, Carreras regresa hoy al Liceo para ofrecer un recital con obras de Eduard Toldrá, Francesco Paolo Tosti, Giacomo Puccini y Alessandro Scarlatti, entre otros. "Me parece que voy a estar más nervioso y tenso que nunca. Supone para mí mucha responsabilidad estar a la altura de un homenaje tan importante y de una efeméride tan significativa", reconoció el artista catalán estos días de cara a ese concierto. Porque la relación de Carreras con el coliseo operístico de su ciudad natal ha sido siempre especial. Lo pisó por primera vez a los 8 años, cuando de la mano de su padre, un agente de la policía local, asistió a una función de la ópera "Aída", con la gran Renata Tebaldi en el papel estelar. Fue entonces cuando el pequeño José, al que su madre permitía cantar en su peluquería a cambio de unas monedas, decidió que un día quería estar allí, sobre las tablas.
Carreras estudió en el Conservatorio Superior de Música de esa misma ópera, que ahora le rinde homenaje con una exposición sobre su trayecoria artística. Fue también allí donde debutó como tenor, en el papel del romano Flavio en "Norma", de Bellini. Y lo hizo junto a la soprano española Montserrat Caballé, que se convertiría en su gran mentora y protectora. El gran tenor tampoco olvidará nunca el aparatoso incendio que destruyó el Liceo en 1994 y que describe como el peor momento de su carrera. "Fue como si se hubiera quemado mi propia casa", dijo en una reciente entrevista. (DPA)







