07 Junio 2008 Seguir en 
BUENOS AIRES.- El músico, compositor y cantante Alejandro Sokol, recién alejado de Las Pelotas y al frente de El Vuelto S.A, con que hoy actuará en The Roxy, se definió como "un profesional bastante bohemio que necesito divertirme con la música".
A los 48 años y con una biografía que merece inscribirse en los altares del rock local por su importante rol en bandas emblema como Sumo y Las Pelotas, Sokol encara un nuevo desafío estético tras haberse bajado del grupo que lideraba junto a Germán Daffunchio."Tengo un instinto que me lleva a no renegar de nada. Pasé muchos años en Las Pelotas, en los que aprendí mucho y los errores que hay son míos; pero ahora me siento libre y con la necesidad de disfrutar de lo que hago", explicó el rockero.
Lejos de toda impostura pero procurando medir las palabras para hacer foco en El Vuelto S.A. antes que en las vivencias atravesadas durante 17 años con Las Pelotas, apuntó: "yo no quiero ser el jefe ni el líder de nada; no es primordial para mí y por eso no ocupa ni el dos por ciento de mi vida". "Para mí un rockero es incompatible con un empresario. Si sos empresario hacés números, calculás y hasta podés llegar a desconfiar", comparó diferenciándose.
En esa misma cuerda que toca con naturalidad y desde un espíritu que podría suponerse amateur, indicó que "además de planificar cosas necesito vivir y aunque ver a una multitud me pone la carne e' pollo, no me interesa saber cuánta gente viene a un recital sino hacer un buen show".
Sokol razonó: "siempre estoy agradecido a la gente que viene y paga una entrada cara y mi manera de responder a eso es meterme en la música y disfrutar".
La idea del disfrute atraviesa cada instante de una charla en la que el artista va hilvanando ideas y ejemplos. "Para sufrir me quedo en casa; quiero divertirme hasta el fin con la música y tener sólo eso en la cabeza", aseveró. "Si gano guita, mejor, y si no, no hay problema. Estoy acostumbrado -completó- porque nací pobre y era feliz así".
Detrás de ese discurso despojado que parece insuflar el mito del músico alejado de las responsabilidades que, sin embargo, no deja de jugar en primera, Alejandro deslizó que "soy consciente de mi historia pero trato de no pensar en eso para no convertirme en un personaje. Hay una cosa que tengo en la cabeza últimamente y es pensar que al personaje lo tengo que usar solamente arriba del escenario y guardarlo cuando me bajo", completó. Como para combinar dos de las facetas que lo habitan, ironizó: "me defino como un viajador de la música". (Télam)
A los 48 años y con una biografía que merece inscribirse en los altares del rock local por su importante rol en bandas emblema como Sumo y Las Pelotas, Sokol encara un nuevo desafío estético tras haberse bajado del grupo que lideraba junto a Germán Daffunchio."Tengo un instinto que me lleva a no renegar de nada. Pasé muchos años en Las Pelotas, en los que aprendí mucho y los errores que hay son míos; pero ahora me siento libre y con la necesidad de disfrutar de lo que hago", explicó el rockero.
Lejos de toda impostura pero procurando medir las palabras para hacer foco en El Vuelto S.A. antes que en las vivencias atravesadas durante 17 años con Las Pelotas, apuntó: "yo no quiero ser el jefe ni el líder de nada; no es primordial para mí y por eso no ocupa ni el dos por ciento de mi vida". "Para mí un rockero es incompatible con un empresario. Si sos empresario hacés números, calculás y hasta podés llegar a desconfiar", comparó diferenciándose.
En esa misma cuerda que toca con naturalidad y desde un espíritu que podría suponerse amateur, indicó que "además de planificar cosas necesito vivir y aunque ver a una multitud me pone la carne e' pollo, no me interesa saber cuánta gente viene a un recital sino hacer un buen show".
Sokol razonó: "siempre estoy agradecido a la gente que viene y paga una entrada cara y mi manera de responder a eso es meterme en la música y disfrutar".
La idea del disfrute atraviesa cada instante de una charla en la que el artista va hilvanando ideas y ejemplos. "Para sufrir me quedo en casa; quiero divertirme hasta el fin con la música y tener sólo eso en la cabeza", aseveró. "Si gano guita, mejor, y si no, no hay problema. Estoy acostumbrado -completó- porque nací pobre y era feliz así".
Detrás de ese discurso despojado que parece insuflar el mito del músico alejado de las responsabilidades que, sin embargo, no deja de jugar en primera, Alejandro deslizó que "soy consciente de mi historia pero trato de no pensar en eso para no convertirme en un personaje. Hay una cosa que tengo en la cabeza últimamente y es pensar que al personaje lo tengo que usar solamente arriba del escenario y guardarlo cuando me bajo", completó. Como para combinar dos de las facetas que lo habitan, ironizó: "me defino como un viajador de la música". (Télam)







