El problema básico

Nuestras leyes son la relatividad y la desconfianza.

28 Diciembre 2002
El nudo del problema con respecto al artículo 80 de la Constitución provincial no es si el arzobispo Luis Villalba piensa que el gobernador de Tucumán debe ser católico o si el senador José Alperovich cree que lo discriminan por ser judío. La raíz está en el hecho de que por primera vez advertimos que la exclusión domina en la norma que rige la vida política de los tucumanos, y que ya llevamos 12 años viviendo con eso.
Aunque el problema se solucione con un planteo de inconstitucionalidad, por detrás hay un mar de fondo: si exigimos que se respete la ley somos discriminadores, y si planteamos que la Constitución debe ser cambiada, estaremos haciéndoles el caldo gordo a todos los políticos ávidos de reelección y a los sospechados de cobrar coimas por aprobar la reforma constitucional.
El asunto tiene varias lecturas. Una es la literal. El artículo 80 es discriminatorio y no hay justificación. La religión no tiene nada que ver con la idoneidad de una persona para ejercer un cargo, y mal puede una norma privar a una comunidad de alguien que podría beneficiarla. Aunque tenga que participar en un Te Deum sin ser católico.
La lectura política tiene dos vertientes. Una, que con este escándalo se instala la precandidatura a gobernador de Alperovich desde el punto de vista de la discriminación, y quedan de lado otros asuntos que se vinculan con su papel hasta 2001 como hombre fuerte del gobierno de Julio Miranda, período del que se recuerdan, entre otras cosas, la creación de la caja única (que tantos dolores de cabeza nos dio en 2002) y los escándalos de la fundación Pibe y de los bonos mellizos.
La otra vertiente es que por detrás del planteo de Alperovich pueden colarse los que quieren beneficiarse con la reforma constitucional, reforma que -por sus características- tiene un tufo horrible a los ojos de la comunidad, porque la propuesta de cambio siempre se asentó en las ambiciones de los políticos. La Constitución reformada en 1990 fue hecha con la mayoría de un solo partido (Fuerza Republicana), según sus intereses, y no con el intelecto de la comunidad. Es una Constitución que responde a la ideología de una parte de los tucumanos. Sin embargo, tanto justicialistas como republicanos la usaron mientras les fue favorable, y trataron de cambiarla cuando no les gustó.
La tercera lectura es nuestro eterno problema con las normas. Monseñor Villalba habló de comenzar a respetar la ley, pero en este caso se plantea una contradicción parecida a respetar un semáforo en rojo a las 2 de la mañana en una zona de asaltos. Una contradicción como la de hacer cumplir la ley del incentivo docente. La contradicción típica de las normas hechas de apuro y para interés de una sola parte de la comunidad. El fariseísmo de gente "careta" que dice una cosa y hace otra, porque no cree en lo que dice.
El religioso, posiblemente, tendría que haber planteado esa contradicción y no entrar en un intríngulis irresoluble. La polémica de hoy nos muestra una terrible imagen en el espejo: gente que desconfía de la ley, que la relativiza, que es sectaria e interesada, y que al hacer las normas no respeta a los demás porque, en el fondo, no se respeta a sí misma.

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