Hora de balances

Una decisión que signará la gobernabilidad. La actitud dubitativa de Miranda entrampó a su gestión.

27 Diciembre 2002
Por Marcelo Aguaysol

El año se acaba, pero los problemas quedan para el próximo. El balance es negativo para la gestión de Julio Miranda. En lo institucional, la actual administración de gobierno no reaccionó a tiempo para explicar el porqué de las cosas. Así sucedió con las muertes por desnutrición infantil cuando, en lugar de dar la cara y decir qué parte de responsabilidad le cabe a esta gestión, Miranda prefirió retrotraerse en el tiempo, a más de tres décadas antes. Sólo afirmó que es un problema netamente cultural.
En cuanto a lo financiero, la gestión inició 2002 invadiendo la plaza con millones de bonos y hoy sigue pagando las consecuencias con cheques diferidos y con certificados fiscales, llamados Docof, importados de un modelo cordobés. Los sueldos se siguen pagando casi al día, pero también hay más altas (designaciones) que bajas (jubilaciones) en la estructura del Estado. Nadie salió a explicar por qué sucede este fenómeno, más allá de que en la conciencia colectiva, la mayoría de los tucumanos considera que así se pagan los favores políticos.
En lo político también fue un año duro para Miranda. A fines de febrero obtuvo el regalo más preciado con la habilitación de la reforma constitucional. Pero en lugar de convocar a comicios para elegir a los convencionales constituyentes, el tema terminó engrosando un expediente judicial, con sospechas de pago de sobornos contra los 27 legisladores que avalaron el proceso reformista. Con semejante golpe a las aspiraciones reeleccionistas, Miranda amenazó con dar más que un paso al costado. Dijo que abandonaba la política y después, pensándolo con su entorno, trató de aclarar los tantos y sólo amagó con no ser candidato a nada en 2003.

Las constantes crisis
Esa actitud dubitativa de Miranda es lo que entrampó a su administración. El gobernador dejó las manos libres a sus funcionarios, en más de tres años en el poder. Esa estrategia terminó con internas que desembocaron en constantes crisis en el gabinete del PE.
Se cambiaron fusibles, pero el sistema eléctrico oficial siempre mostró fallas. Hoy, a días de terminar este 2002, surgen nuevamente los fantasmas. Miranda vendrá hoy a Tucumán con recetas sobre cómo deben ser las internas en el PJ local y elaboradas en la Casa Rosada o en la Quinta de Olivos. Adecuarlas a la realidad tucumana puede resultar traumático. El mandatario jugará sus últimas fichas y la mayor parte de su equipo de gobierno presiente el desenlace: un apoyo rotundo a la candidatura de José Alperovich a la gobernación. Ese solo hecho generará varias renuncias en el PE. De Miranda dependerá si afianza la gobernabilidad propia o si potencia una ajena con consecuencias imprevisibles para una sociedad que espera propuestas más que nombres de postulantes a gobernador.

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